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miércoles, 3 de noviembre de 2021

UNA AVENTURA COTIDIANA

Mi gran aventura esta mañana, es intentar averiguar qué dibuja tu mirada desde el brillo tenue de tus ojos. Quiero estar atento y observar las líneas de ternura que salen de tus pupilas.

Se mueven silenciosas, atraviesan las sombras de los árboles del patio, descansan en el alféizar, trepan al dintel, recorren las penumbras de la casa, se recuestan un instante sobre las sábanas revueltas de una noche agitada, vuelan sobre las sombras de las horas pasadas, se mecen apenas un momento en el aire limpio y despejado que entra por la ventana, se asoman a ver el día, luego giran a mi alrededor y me dejan tenso hasta que finalmente me acaricias.

Y no me explicas nada. No hay nada que explicar. Nada nos decimos. Solo mirarnos y nos quedamos largo tiempo suspendidos en el aire.

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Imagen de autor desconocido, tomada de la Red.

sábado, 20 de febrero de 2021

QUE NO TE ROBEN LAS ILUSIONES

 

Que nada ni nadie, suceso o acontecimiento personal o colectivo, te llene de desilusión. Es el peor virus de la condición humana.

Rearma tus defensas. Recupera  el entusiasmo. Revisa el objetivo. Despeja el camino  de pensamientos anodinos. Libérate de las ausencias, de los que no están o no quieren estar, de los necios, de los que se evaden, de los que abandonan, o viven en la queja y el lamento.

Vuelve. Lucha. Sigue.  Y nunca des nada por perdido. Ni siquiera lo que te han dicho que has perdido.


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jueves, 18 de febrero de 2021

LOS ENTORNOS INVISIBLES

 

Gente diversa, similar y  parecida pero distinta. Muchas de ellas se buscan. Algunas con miedos, otras con decisión. Otras con la convicción de encontrar otro universo en esos desconocidos.

Hay gente que se siente protegida cuando se junta con otros que tienen tantos miedos como ellos. Hay quienes buscan afanosamente gente como ellos, que tenga los mismos miedos. Se sienten tan similares que experimentan una sensación protectora. Comparten dudas y temores. Especulan con volverse como las rocas al unir tantos miedos similares, tantos temores.

A esa unión de temores y necesidades, en esa simbiosis de amparo en el desamparo, a esos cuidados generosos para protegerse mutuamente, le suelen llamar amor. Dicen y se dicen “quererse”. Y tal vez sea justo que lo llamen de ese modo. Porque en el miedo, también se crean afectos genuinos.

Hay otra gente que también tiene sus miedos. Tal vez tantos como los otros. Quizá muchos más. Los lleva en alguna parte y no espera compartirlos. Los va largando por el camino. En sus diarios recorridos va largando miedos y adquiriendo otros nuevos. Son los que eligen la intemperie y la soledad de sus miedos, temores y prevenciones. Son los que eligen la orfandad ante sí mismo, ante la duda y no buscan protección en las respuestas.

Son gente igual o parecida a la otra gente que en la sutil diferencia de estilos, va armando vida de profundidades diversas. Porque los miedos, cuando permanecen en el tiempo – aún cuando se esté protegido por otros con los mismos miedos – dejan heridas. A veces para siempre, abiertas y sin solución.

Pero la orfandad ante sí mismo, solo deja cicatrices que va curando el agua de lluvia cuando se está a la intemperie y el sol de los días cálidos. Cuando el propio sudor de los desafíos van dejando sus huellas en el cuerpo.

Hay quienes viven esperando una segunda oportunidad. Otra más que les permita tomar la decisión que antes no tomaron. Pero la vida no da segundas oportunidades. Solo hay una. Y las que siguen se pueden parecer pero nunca serán iguales.

Porque no es la vida la que da las oportunidades.  Es la ambición personal, la confianza en uno mismo, la perseverancia en el ideal de crecer, de ser mejor. Eso es lo que nos impulsa a volver siempre al camino. La vida no nos da nada que no seamos capaces de construir, buscar, encontrar e imaginar.

¡Seamos audaces! Esa es la consigna y no resignemos nada de lo que se nos cruce por la cabeza.

Es preferible el dolor de una derrota momentánea, a la frustración y la angustia eterna de saber que nunca se intentó.

Es reconocible una persona en la derrota o el retroceso. Pero es completamente desfigurada su imagen y presencia cuando no se ha sido leal consigo mismo. Por más que se haya intentado proteger al calor de otros con sus mismos miedos, temores y vacilaciones.

En estos menesteres de entornos invisibles, la vida es implacable.















Foto de  Prabha Jayesh (en instagram @prabhajayesh )

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martes, 10 de septiembre de 2019

DOS SENCILLAS FOTOS QUE ME ALEJAN DE LA ESTUPIDEZ



Siempre que tengo algún problema, entonces busco la cámara y empiezo a mirar a mÍ alrededor. Levanto la cabeza y la vista. Recorro el sitio donde estoy y los lugares próximos que me rodean. Trato de verlos sin ninguna condición. Espero que me digan algo. Estar atento, reconocer de varias formas lo que veo, me saca de los problemas. Eso fue lo que sucedió hoy en las escalinatas de la Facultad de Derecho de la UBA. Estas dos fotos forman parte de una secuencia de muchas imágenes. Es parte de lo que veía al retirarme de un concierto.

Ahora que las miro con atención, ya no veo solo el entorno en el que estuve. Veo algo más. Hice algo que no estaba previsto. Encontré en ese lugar un espacio para recortar un paisaje que dice algo más que una escalinata. Ahora que las miro con pausa, estas fotos parecen decirme: “Que nunca se diga que la estupidez ha podido contigo. Que la estupidez no sea el eje central de tu concentración. La estupidez nunca podrá o deberá ser tu desafío”.
Una de las cosas que le agradezco a la fotografía es que me permitió ver el mundo de muchas otras formas. Permitió que descubriera capacidades que no sabía que tenía. Cuando levanto la cámara me sorprende el mundo y me sorprendo yo mismo. Con frecuencia, la fotografía me rescata de la estupidez y de la preocupación neurótica. Cuando hay problemas, entonces levanto la cámara y el resultado siempre es “El Asombro”. Y un llamado: “¡Sigue, sigue! No te detengas. ¡Concéntrate! Nada justifica que te apartes de tu objetivo, de tu camino. Deja la estupidez”.
Cuando suceden estas cosas, entonces me permito mirarme con ternura. Pero sin egolatrías ni vanidad.


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fotos sarmiento-cms

martes, 16 de julio de 2019

NO QUIERO QUE ME DEN LA RAZÓN PORQUE NO PRETENDO DECIR VERDADES


No escribo para que estén de acuerdo conmigo ni me den la razón. Escribo para incitarlos a que me respondan, que registren la idea que tiro al aire o pongo sobre la mesa. Escribo para que haya al menos una pequeña reacción de vida, de pensamiento.  No se rebele si no es necesario. Tal vez no lo necesite. No hace falta que “trabaje” de revolucionario. El mundo está lleno de profesionales de la “Revolución”. Todos los días hay miles de personas que se ponen el uniforme de “Contestatario” y salen a hacer algún negocio,  que les permite  sostener una vida resuelta y con holguras.
Lo único que pido, es que alguna de las cosas que escribo (una frase, un grupo de palabras, alguna de las ideas  o asociación de ideas) le provoque algún pensamiento. Al menos alguna reacción que lo saque de la “dormidera”,  a la que estamos sometidos cotidianamente por el sistema. Un mecanismo al que debemos acudir obligatoriamente,  para solucionar nuestras cuestiones más elementales de sobrevivencia. La respuesta o reacción sería saludable y necesaria para usted y para mí.
Escribo porque cada día veo que padecemos una ausencia absoluta de propuestas,  que digan cómo hacer para no convertirnos en “muertos vivos”,  cómo no morirnos poco a poco cada día. Porque se ha impuesto definitivamente la idea de que “Pensar no da dinero… Y sin dinero no se puede respirar”. En estos casos, la palabra “respirar” se define como igual a consumir. Y consumir es igual a vivir. Aclaraciones pertinentes porque “nuestro sistema” es tan “generoso” que le da nuevo sentido a las palabras de toda la vida.
Escribo porque las palabras son como las gotas ozono que flotan en el aire, en los momentos previos a un gran aguacero. Esas lluvias que lavan, limpian, ponen en orden y despejan el aire que se respira. Porque la naturaleza tiene sus métodos y sistemas para protegerse de la escoria que produce la vanidad y la avaricia, esa cosa que se parece al sarro alcalino blancuzco y grisáceo que va obturando las cañerías de la vida. Pero nosotros no tenemos nada. Nada que conozcamos con eficacia probada.
Escribo porque pienso que las palabras son pensamientos. Y tal vez los pensamientos sean lo único que nos salven de la falta de aire. Una ausencia que si no la resolvemos a tiempo, entonces nos vamos poniendo cianóticos como muchos otros  con los que nos cruzamos a diarios. 
Escribo para abrir puertas y ventanas de esta casa nuestra, en la que convivimos a diario sin ser parientes ni amigos, pero estamos obligados a compartir. Escribo para que usted también abra las puertas y ventanas de esta casa nuestra. Tal vez consigamos que se instale un aire nuevo, que no sabemos cómo es, pero que sin duda será mucho mejor del que respiramos hoy.
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Foto y Edición de sarmiento-cms

jueves, 16 de mayo de 2019

APUNTES DEL HOMBRE SINGULAR


Hay mañanas, que al despertar, miras el techo y no sabes quién eres ni qué vas a hacer. El día es esa cosa extraña que no puedes traducir. Es un instante que parece una eternidad.
No me esfuerzo por responder. Tengo el pensamiento vacío. Las ideas distantes. Solo sé que en cuanto me incorpore, tendré que esquivar la mole de normalidad con sus rutinas, vacíos y ausencias.
En algún momento de ese instante, debo pensar que tengo la posibilidad de hacer algo nuevo que jamás se me ocurrió. Pero eso no lo sé. Es lo que ahora supongo que sucede. Porque en ese instante, estoy perdido hasta de mí mismo.
Luego, sentado en el borde de la cama, a medio vestir, sé que la rutina me espera. A pesar de tenerla desdibujada, su presencia  es inexorable. Pero algo extraño debe suceder en alguna parte de mí. Porque también siento un impulso natural, casi biológico, de contradecir las leyes de lo cotidiano.
Mientras me incorporo,  siento que estoy dispuesto a pulverizar la monotonía a base de imaginación. No sé por qué ni de dónde llega esa idea. Tal vez sea una cuestión de fe. Como la que tienen los seguidores de un Dios o en algo que los trascienda. Quizá sea esto último. Entonces, igual que ellos, traigo la palabra hacia mí. La convoco en mis primeras horas, como quien se encomienda a  un hecho superior que lo proteja. Al fin y al cabo, la imaginación y su capacidad creadora, debería ser considerada la religión natural de los humanos. Si es que se le puede  llamar religión.
Sobre la mesa tengo dispuesto  un desayuno frugal. Y la mirada fija en la cuchara mientras revuelvo en la taza la leche y el café. Luego miro alrededor. Recorro la habitación en su totalidad. Levanto la mirada. Vuelvo a mi acto de fe y reflexiono: “Porque una cosa es la cadencia banal de las tareas cotidianas. Y otra muy distinta el pensamiento amplio, generoso, extenso, sutil, perspicaz y explorador que crece con las horas”. Lo repite como oración
Después de vestirme, de  elegir la ropa que me identificará ese día, que dirá qué persona soy o quiero ser, en mi tertulia interior ya hay algunas conclusiones y acuerdos. Antes de salir, ya tengo claro que todo lo que cuenta es no dejarse aplastar. La  única realidad no es la que se te propone. La verdadera realidad es el resultado de calzarse la vida y salir con ella por la calle. Todo lo demás será consecuencia de la audacia que esté dispuesto a exponer en esas horas.
En el primer recorrido por la calle, ya sé que todo lo demás  que ocurra en el día, será imaginación. Debería ser así, sino quiero morir de anonimato.  Mientras camino, invoco esa religión natural a la que llamo “imaginación”. Palabra que no es una palabra de una sola denominación. Es un universo. La palabra designa un mundo sutil, diverso, efervescente y creador que se llama “condición humana”. Esa no es una religión, pero bien podría serlo. Y a ella me entrego a diario. Sin resistir.


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Imagen de autor desconocido. Se agradece información. 

martes, 2 de abril de 2019

REALIDADES EN DISPUTA


En momentos de crisis, en esos períodos en los que creo que estoy perdido o que está  todo perdido a pesar de mi voluntad, entonces he corrido a refugiarme en el arte.
Pero no es cierto o es una verdad a medias. Solo busco expresar el momento de angustia. También intento buscar una explicación. Encontrar razones por un camino distinto del razonamiento discursivo. A veces, por el  método inefable, se llega a una conclusión coherente, convincente. 
Lo más probable, es que esas respuestas inefables tengan mejor conjunción con ese caos, en el que se desarrollan los días. No hay armonía, pero hay sosiego. Tengo la sensación de descubrir la verdadera cara del enemigo exterior y su confluencia en el interior. Ese enemigo que casi nunca sabemos dónde está y si lo encontramos no  se puede definir.
En los momentos de crisis, cuando no veo el camino o lo que veo se presenta  clausurado, entonces corro lo más rápido que puedo a encontrarme conmigo mismo. Son esas horas, en los que recuerdo (como un golpe brusco de memoria) dónde guardo las  armas emocionales y de pensamiento que me definen como humano. Todo eso que el caos urbano, social y cotidiano ha estado  robándome  en silencio, hasta convertirme en un anónimo. Ausente para los otros y  de mí  mismo.
No es al arte a donde voy. Es a mí mismo a quien estoy buscando. Es hacia ahí donde estoy corriendo – casi desesperado – para no abandonarme. Pero en esa carrera, también busco y encuentro los resultados que otros  han dejado de sus propias búsquedas y corridas. Porque en esos escenarios, a veces sublimes, a veces de luchas sin piedad, es donde se cuece eso que llamamos arte. Así como la vida es consecuencia del agua, el arte necesita vida. Pero el arte es necesariamente también, una consecuencia del fuego.
En ese camino de pensar y pensarme, mirar y mirarme, también recojo todo aquello que han dejado los que me han antecedido en este ejercicio y  batalla temporal. Pero no es el arte a dónde he llegado. Solo he buscado en él respuestas inefables que expliquen los absurdos sociales que arrinconan a diario a las personas.
Otros elijen otros  caminos para sobrevivir. En mi caso, recupero mi condición en ese  mundo incongruente, cargado de mensajes y leyendas de vida. Es donde se aprende la historia de la condición humana. Es donde aprendí a vivir. Es lo  que me ha dejado respirar todo este tiempo. Y el que vendrá.  


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Foto de autor desconocido. Se  agradece la información para consignar. 

viernes, 29 de marzo de 2019

PAISAJE URBANO


Los ausentes, son los únicos presentes.
Los presentes, son los ausentes.
Han sido absorbidos por las horas y los días agitados.
Cotidianidad implacable.

Los presentes están ensimismados.
Ciegos de causas. Atragantados de subsistencia
Entregados a la dinámica chirriante de las cosas del mercado.
¿Tiempos modernos? ¡Horas ausentes, soslayadas!
Negaciones arbitrarias de todos los tiempos.

Los presentes han partido de sí mismo.
Están refugiados en la rutina de proteger el presente
Esforzados y agitados en el camino para llegar no se sabe dónde.
El futuro. ¿Qué futuro? Nadie sabe cómo es.  No saben si será.
Los próximos tiempos no son propios. Son anónimos y colectivos.
Solo los pueden vislumbrar de  noche y entre sueños.
¿Horas deshilachadas? ¡Espacios agujereados!

Los ausentes son los únicos presentes que nos quedan.
Los ausentes son los que nos acompañan
A diario con la memoria de recuerdos, las historias de crecer para llegar crecidos.
Relatos que nos dieron los nombres. Dejaron palabras por aquí y  por allá.
Frases al oído para entregarnos dignidad y moldear nuestra identidad.

Los ausentes son los únicos que nos acompañan en esta realidad anónima y pueril.
Los ausentes. Amigos, compañeros de otros tiempos.
Otra realidad. Otra sociedad.

Los presentes son solo ficciones de la realidad,
Solo para pensar que estamos juntos, aunque sea de a ratos.
Para especular con alegrías que no sabemos si son tales,
Pero nos gusta el relato con  entusiasmo.
Imaginación sazonada  con  expectativa y una  pizca de ilusión.
Siempre presente la posibilidad de vernos alguna vez o quizá solo una.
O tal vez nunca.

Los presentes que cruzamos a diario son solo la fantasía
Una fantasía que nos ayuda a creer que no estamos solos.

Es verdad. No estamos solos.
Nos acompañan los ausentes y su bagaje inconmensurable de memoria
Somos nosotros y nuestra historia. Los que quisimos y se fueron obligados
Los que nunca se quisieron ir, solo  por estar al lado nuestro.

Esa es la razón por la que no estamos solos.



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Imagen: “Brumas en Parque Lezama”. César Manuel Sarmiento. 2018.

miércoles, 27 de marzo de 2019

ESTRATEGIA PARA LLEGAR A NADA


No hacer, postergar todo hasta la próxima luna, dejar en la niebla del invierno las mejores ideas hasta el próximo verano, es algo así como una estrategia para alargar la vida.
Vanamente creemos que la vida son esas pequeñas quimeras que fabricamos, en medio del fragor diario, para que no nos duelan sus consecuencias.
Vanamente creemos que postergar su realización, con la promesa de enriquecerlos mañana,  alargará nuestras vidas.
Vanamente creemos que la muerte recula ante ilusiones. Ilusiones que postergamos para mantenerlas vivas, porque sabemos que se disuelven en euforia en el camino de realización.
Vanamente  nos dibujamos días generosos en proyectos. Ideas, propuestas y entusiasmos que edificamos como murallas para que el vulgar sentido común no nos asfixie.
Vanamente damos vueltas y crecemos en esa alegría que nos dejan  las ilusiones y en el empuje que nos dan nuestras quimeras.
Mientras la vida, eso que el ritmo cotidiano llama vida y normalidad, tritura esperanzas y venturas. 
Mientras,  seguimos y seguimos.  Aunque no lleguemos a ningún lado
Mientras, giramos y giramos. Sin poner el freno en la ilusión,  que termina en desilusión
Tal vez  un día se rompa la cadena, se rompa la monotonía de proyectar y proyectar.
Tal vez  un día saltemos la barrera de la ilusión. Tomemos la decisión.
Tal vez un día, todas esas horas contrahechas, merezcan llamarse día. 


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Imagen: “A silhouette of a passer by in Malé”, FRANCESCO_ZIZOLA/NOOR. 2009.

jueves, 21 de marzo de 2019

OCURRENCIAS… PEDAZOS DE POEMAS


Todos los días borroneando. Escribiendo cosas por acá  y por allá, en la casa, en el escritorio, en el autobús, en la calle, en el mercado, en el café o cualquier otro lugar. Cuántas veces hubo que detener la marcha en una esquina, solo para anotar lo que se acaba de ocurrir. Anotar para que no se pierdan las palabras, para que no se mezclen las frases en la memoria, para que el verbo se quede quieto, ahí donde el pensamiento lo ha puesto. Y si no se puede anotar, entonces ya se sabe: repitiendo y repitiendo mentalmente las frases o versos hasta que se grabe. Como un loco, pero caminando con cara de cuerdo.  
Al  final, quizá no sean más que un par de frases que solo prometen que habrá más. Pero la frase tiene cuerpo y entidad, entonces  podría ser un poema de verdad. O tal vez no. O tal vez sí. Y en eso transcurren los días sucesivos y sus viajes. En el  tiempo, se van acumulando una gran cantidad de ocurrencias o de "pedazos de poemas". Ese es el mejor nombre que pueden tener estas frases. Quizá por eso,  nunca desaparecen.
Eso es lo que son esos textos breves, esas frases, esas palabras que parecen que no dicen mucho, que se presentan como metáforas de buena sonoridad o frases que impactan. Todos esos trozos de poemas o relatos, en realidad son porciones de realidad,  de pensamientos, ocurrencias,  urgencias por declarar algo, precipitaciones e incontinencias que se sirven como tazas de café. Son raciones de “Entusiasmo por Contar”, “Trozos de Vida” que se ven, que se muestran, pero que en verdad, son la punta de algo con mucha profundidad. Pueden imaginar el resto, con absoluta libertad. Pero  es  importante que sepan cómo empieza este juego de imaginar. Antes hubo que escribir y antes de antes hubo algo que encendió una chispa que dio lugar a una frase, que se extendió en otras frases  y después en otras frases. Armando una enredadera de historias o un bosque de árboles complejos cargados de palabras seductoras, atractivas, impactantes. En todo ese proceso hay vida, mucha vida. Y hay algunos dispuestos a contarla  porque hay muchos otros dispuestos a escuchar.
©César Manuel Sarmiento            
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Imagen: Obra de Quint Buchholz

jueves, 14 de marzo de 2019

AL FIN Y AL CABO


Soy muchas personas al mismo tiempo.
Soy muchas versiones del mismo molde.
 Soy mucho de pocas cosas.
Soy un poco, a veces casi nada, de mucho, aunque nunca sé cuánto.
Soy.
Todas esas presencias a lo largo del día,
según pasan las horas,
que dejan estelas de claro oscuros,
que provocan confusión entre la gente.
A veces confusión hasta en mí mismo.
Soy todo eso y por momentos no soy nada.
Pero soy.
Siempre en la misma piel,
con las mismas palabras y dentro del mismo verbo.

Soy.

A pesar de todo.
Y al fin y al cabo.


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Imagen de autor desconocido tomada de la Red

jueves, 14 de febrero de 2019

LA GENTE NO CUMPLE AÑOS


La gente no cumple años. La gente cumple deseos,  entusiasmos, promesas y esperanzas de venturas. También cumple nostalgias por las promesas perdidas, por el fracaso que no quiere recordar pero lleva grabado en el cuerpo.
La gente no cumple años. La gente solo tiene un momento solemne para recordar (recordarse y recordarles a los próximos)  todo lo que quiso ser y todo lo que está dispuesto a ser.  Es una ceremonia solemne en la que no está permitido el recuerdo de los fracasos. Solo está habilitada la vía de las promesas en la autopista de la felicidad.
Todos cumplimos años. Pero no festejamos los años. Festejamos los años que vendrán. Y está bien. Toda persona de bien, solo se detiene en cuestiones de futuro. Porque es limpio, despejado y a disposición de las quimeras. El pasado es solo el arrabio de lo conseguido y lo que no fue.
La gente  no debería cumplir años. La gente solo debería cumplir deseos o promesas o quimeras o   rebeliones contra la desgracias del “Sin-Futuro”.
La única vida que tenemos está hecha solo de futuro y entusiasmo. Tal vez podamos ponerle algo de talento a ese entusiasmo, pero esa es otra historia. Lo cierto es que nuestra vida no está hecha de pasado. El pasado es solo una crónica de los deseos y quimeras que tuvimos alguna vez.
 La  única vida que tenemos está hecha de futuro. Y  es necesario que – al menos una vez al año – decidamos  hacer esas ceremonia necesaria, que nos convence que tenemos toda la fuerza  posible para llegar a ese futuro.
Un futuro que puede estar en la cima de algo  o solo hasta el próximo aniversario de los deseos. Pero eso ya es otra historia. 


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César Manuel Sarmiento - Imagen ©sarmiento-cms

martes, 15 de enero de 2019

ARGENTINA NO SERÁ EL LUGAR DE MI DERROTA


Ese lugar en el extremo sur del continente americano, no será el lugar que me  verá derrotado. A ese enemigo lo conozco demasiado. Si alguna vez hay una derrota – si es que la hay – no será ahí. La derrota como la muerte, me verán en otro lado. Y ese lado lo elegiré yo.
Argentina  no será el país que me va a derrotar. Ni todas sus banderas ni todos los fanáticos que se proclaman dueños de la Argentina y celosos guardianes de la argentinidad. No será esa Argentina la que verá mi derrota.
Su pueblo me ha dado y me  dará tristezas y alegrías. En todo caso lo podré criticar o avalar, respaldar o contradecir,  acompañar o  intentar detenerlo.
Pero esos zigzagueos de la vida social, política y cultural, forman parte de los amores circunstanciales que un hombre pueda tener en su vida. Otras sociedades han llamado mi atención y he participado con esmero en la vida de ellas. Aún lo hago a la distancia. Porque el interés y  la preocupación por una comunidad, rompe los kilómetros y la coloca sobre tu mesa, cama o escritorio como si estuvieras ahí dentro.
A veces no estoy en Argentina, aunque mi vida cotidiana diga que estoy aquí. Tampoco estoy en Buenos Aires todo el tiempo. A veces estoy en La Pampa. Voy hasta el Río Colorado y revoloteo por los cauces secos del Atuel, ese río secuestrado. Otras veces me quedo en Córdoba, en Villa María y el río. Y muchos días me los paso en España. Estoy en la Plaza de Mina de Cádiz. A veces camino por Málaga, otras por Barcelona. Vuelvo a Jaén, las sierras de Segura y Cazorla. Y sigo viaje a Madrid.
La nacionalidad – como se sabe – es una circunstancia que el recién nacido no puede pronosticar.
Pero sobrevivir  a los embates del “orgullo nacional”  (esa escoria húmeda que a veces se instala en las comunidades hasta matarlas por asfixia)  es un signo de fortaleza que no todos se lo pueden permitir. Eso depende de las armas que le hayan sido entregadas el recién nacido, a poco de empezar a caminar. La filiación aquí es una contingencia positiva. La herencia moral y cultural es un valor que cotiza con los años.
Por eso digo que no será esta Argentina del “orgullo nacional” y todas sus banderas, ni su viejo y nuevo liberalismo ni sus falsas proclamas de libertad, las que me va a derrotar.
Tengo un país distinto. Mucho más fuerte que el que me han querido y siguen queriendo imponer. Es el país de mi infancia. Una infancia feliz, generosa, solidaria, comunitaria, participativa, festiva en las cosas simples, germinativa.
Ese país también es Argentina. Es otra Argentina. Sin  banderas ni abalorios. Simple, sencilla, desnuda, fértil y solidaria.

Eso también es Argentina. Aunque no haya registro, ni señal en la acelerada vida cotidiana de esta nueva sociedad. Una comunidad modelada por una comunicación masiva que promueve descomposición y traiciones, engarzados en adecuados trajes de moral republicana.


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Foto: sarmiento-cms

LA GRAN PÉRDIDA DE NUESTRO TIEMPO ES LA MEMORIA DE LA EMOCIÓN.


El tiempo de la inmediatez nos ha dejado huérfanos del placer. .
El rapidismo se ha llevado por delante el placer de vivir. Volver a vivir en lo inmediato, la emoción del instante fugaz que nos ha conmovido.
Todo es tan sencillamente veloz, que no queda espacio para el suspiro y la inspiración profunda. Esos breves movimientos del diafragma que llenan los pulmones de ilusión.
Cubren el cuerpo de innumerables puntos de emoción. Esa textura erizada que invade la piel y lo recorren en sucesivas sensaciones de frío y de calor. Producto de un breve estruendo de sentimientos, que no queremos que se pierdan, que se vayan. Y siempre pedimos que se repitan un poquito más.
Todo ocurre. Pero estamos ausentes. Instalados en la velocidad.
El repentismo ha copado nuestros sentidos. Ha estrangulado una parte de nuestros sentimientos. Y nos ha dejado ausentes de nosotros mismos.
Ausentes de nosotros mismos.
A veces. Y ojalá…
No sea para siempre.
...


Imagen de Quint Buchholdz .

jueves, 8 de noviembre de 2018

ALGO ESTÁ PASANDO Y NO ME LO QUIERO PERDER


Este ha sido el lema y motor principal en casi toda la vida que llevo recorrida. Y seguirá siendo el mismo seguramente hasta el final. Nada tiene más adrenalina que  los hechos del pensamiento que se cuecen en los huecos de la sociedad, en los espacio abiertos y cerrados, claros y oscuros de la una ciudad, un pueblo o una pequeña villa. Todo lo que ocurre en la vida de las gentes, es casi una droga a la que no me he podido sustraer.
Hoy es común en las redes que la gente viva pendiente de lo que hacen los otros. Pero eso es voyerismo, entusiasmo por fisgonear, ser espectador del deseo irracional de los otros por mostrar sus aspectos más íntimos. A mí lo que me moviliza no es eso. No es ver un culo o una instancia miserable en la vida de un ser humano. La sociedad, el conjunto de humanos que se mueve por diversas partes del mundo, producen cosas, hechos, acciones, vida y pensamiento. Eso es lo que me atrae y no me lo quiero perder.
Escribirlo,  describirlo, contarlo, fotografiarlo, dibujarlo y comentarlo con otros igualmente interesados como yo, es el placer real que me ha movilizado en todos los años. Tengo miles de papeles,  papelitos, fotos, dibujos, recortes, grabaciones y no sé cuántas cosas más de las cosas que le ha ocurrido a la gente de mi ciudad, de mi país y de otros sitios donde he vivido. Puedo decir que colecciono acontecimientos humanos. Tanto sea de los buenos acontecimientos como de los malos. Los recojo, los registro, los pienso, los analizo, los clasifico y los guardo. A veces ocurre que me olvido de ciertas cosas y… ¡de pronto…! Me encuentro con algunos de esos registros. Es sorprendente volver a observar eso que pasó, las cosas que se dijeron, los debates que se generaron y las ideas que surgieron.
Una de las cosas más emocionantes, es ver el crecimiento del pensamiento humano. Porque aunque parezca que no crece, que se queda estanco o retrocede, en realidad no es cierto. Desafío a cualquier a que vaya a una hemeroteca y busque en los archivos historias de la sociedad de hace 50 o 100 años atrás. Entonces verá los cambios abismales que han ocurrido. Lo que no ha cambiado es la condición humana. Pero ese debate es una historia más larga, empezando por definir qué es la condición humana.
Solo quiero decir  ahora que haber adoptado ese lema ha sido la decisión más importante de mi vida. La tomé siendo muy chico, a los once o doce años. Punto de referencia que indica que para tomar las grandes decisiones no hace falta ser un erudito sino tener una inquietud, ser consecuente con ella, ponerle ilusión,  entusiasmo y no importarte cuantos pasos has retrocedido hoy sino cuantos vas a avanzar mañana.
Ser bolichero de viernes y sábado a tiempo completo, vivir haciendo pose de galán extraviado y haciendo gala de experto bebedor de cerveza,  me habría dado más éxito con las mujeres. Ser un individuo formal, bien trajeado, disciplinado en los horarios y en las normas sociales, me habría dado más éxito en el mundo profesional económico. Pero no es e so lo mío. A mí me fascina estar atento a LO QUE ESTÁ PASANDO EN EL MUNDO. Porque no hay nada que me movilice más, que estar con los ojos y la nariz metidos en ese agujero donde algo está pasando. Por eso también, he pensado algunas veces que mi lema podría ser “PAREN EL MUNDO QUE ME QUIERO SUBIR”, al revés que el famoso pedido de Mafalda. Aunque para mí, el lema más apropiado quizá sea “DEJENME VER EL MUNDO QUE LO QUIERO ESCRIBIR”. 

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Foto: Willy Ronis

viernes, 2 de noviembre de 2018

LABERINTO


LABERINTO
A veces nos perdemos en nuestro laberinto.
Y otras veces vamos a perdernos en el laberinto de otro. 
La cuestión es que siempre salimos o llegamos presurosos en busca de la alegría.
Nos fabricamos un mundo de colores para mitigar el esfuerzo de escaleras, curvas y pendientes.
Así hasta perdernos en el laberinto de ese valor extraño llamado felicidad
Hoy es un día gris con filetes brillantes, acerados, en algún lugar de nuestro entusiasmo.
Está nublado y la llovizna de tanto en tanto, pone el tono melancólico aunque no triste.
El color del día es hondo y abovedado. Es luminosamente gris
Muchos hombres y mujeres han salido apresurados en busca de no se sabe qué, con la excusa de ir a trabajar, cumplir obligaciones de burocracia o satisfacer sentimientos banales.
Solo algunos han salido dispuestos a enfrentar el día. Porque para vivir, hay que estar decidido a doblegar al día, en su absurda obsesión por torcer las voluntades.
Los días urbanos no son igual a otros días. Lo natural aquí  son las normas, las reglas, la burocracia y la descendente moral que justifica su caída en nombre de la convivencia.
Pero en algún lugar de estos laberintos mundanos, humanos, urbanos,  hay almas inquietas, viajeras, festivas, inquisidoras del mal, curiosas de los afectos,  valientes en  las preguntas, dispuestas a las respuestas, deliciosas en la ternura, rebeldes por naturaleza, igual que la vida misma, antes que fuera burocráticamente urbana.
Hoy salgo apresurado igual que vos, ella y todos los anónimos con los que comparto mi realidad natural o virtual o paralela o retorcida.
Salgo apresurado a enfrentar el día  sin saber en qué laberinto voy a terminar. Tal vez sea el mío. Quisiera que fuera en el de ella.  Al final del día, solo quiero estar en su laberinto y perderme con ella.
Eso sí  es la vida. Natural, festiva, auténtica y generosa.

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Imagen de autor desconocido. Se agradece la información

viernes, 26 de octubre de 2018

POR SI ACASO, NO USES LA LÓGICA


Razonar y expresarse con cierta lógica – aunque sea elemental y rudimentaria – te genera serios problemas para comunicarte. Eso ocurre cada vez con más frecuencia. La dificultad ya es diaria y a veces se verifica por horas. La lógica de Aristóteles, el razonamiento elemental y descriptivo, de lo que la comprensión y el ojo humano ve, ya es historia.
La mayoría de las personas, tienen ahora una frecuencia única, indescriptible e indescifrable. Es tal su complejidad, que a veces ni ellos mismos la entienden. Por eso hay tanta gente en el mundo peleando consigo mismo. Discutiendo y contradiciendo sus propias afirmaciones. Todo ocurre en una frecuencia de tiempo muy corta. No hay involución ni evolución del pensamiento. No pudo haber tiempo para tanta contradicción. Se trata, sin duda, de una alteración del pensamiento. Explicaciones científicas no faltan y no siempre responden a la lógica.  
Visto así, es más sencillo comprender por qué hay momentos en que las diferencias de frecuencia, generan tanto ruido y descargas. Parece que un shock eléctrico va a producir una explosión entre los que están hablando. Vivimos asombrados por el denso aire de la locura cotidiana que nos impone las disrupciones del pensamiento general. 
Por eso, siempre es conveniente intentar primero el uso de las miradas. A veces la conjunción de la línea imaginaria cruzada entre los iris significa casi todo. Otras veces la gestualidad ayuda al entendimiento. Y en algunas ocasiones – aunque rara vez -  la palabra confirma el “encuentro” entre dos o más personas. Pero a veces no funciona así.
Si es una mujer, cualquier sea el grado de belleza, entonces es una tentación que no trae dificultad. Pero hay quienes se complican sin necesidad. Se impone al aspecto libidinoso y exuberante. Al final todo confluye con la expresión: “nos  vemos en la red”. Aquí es donde aparece el componente idiota de la condición animal y hace saltar cualquier lógica.
Si es un hombre, entonces ya se sabe. La primera mirada es para determinar quién es más  más alto, más lindo, más fuerte, más inteligente. La segunda mirada es para ver de qué se trata. Luego ya no hay diálogo porque se impone el sentido imperioso de arrastrar al otro en su dirección. En estos casos se impone la parte más imbécil del instinto animal.
Cualquiera sea el método y las circunstancias, no hay que confundir – mucho menos olvidar  - que  “Comunicar” no es el verbo de nuestro tiempo. “Comunicarse” es algo inexistente. Es una expresión hueca, vaciada y desautorizada por el nuevo paradigma de la tecnología de la comunicación.  Los verbos son Mostrar, Demostrar, Exponer, Ofrecer y Entregar.  El esquema de relaciones es algo parecido a  “Hacer de cuenta que…”, “Vivamos algo parecido a…”.
Combinar la auténtica realidad con las diferentes versiones, en las que vive la mayoría de la gente, es una tarea muy compleja. El  paradigma indica que se vive a un ritmo vivaz, tecnológico, moderno, dinámico, descontracturado y líquido que se derrama en un sinfín de ideas “felices”, que suelen no conducir a ninguna parte. Solo indican el camino para que pasen las horas en las mejores condiciones hedonistas. Único remedio para la ansiedad que produce este mundo líquido, vivaz, moderno, hiperactivo y progresivo en la funcionalidad que le toca ejercer a cada individuo.
En esos contextos, por si acaso, no conviene usar la lógica. No te servirá de nada. Ningún elemento del sinfín de ideas “felices” mantiene alguna relación con la lógica.
Hoy es 26 de octubre de  una primavera nublada. Y como es viernes,  he pensado antes de salir de casa en un par de cosas. Es un día de adrenalina (a veces de la buena, a veces de la que se ofrece en las ofertas, a veces de la que se presta por un día) en donde hay mucho improvisado queriendo ser un normal. Y también hay mucho reprimido queriendo ser un desatado. Todos esos volverán a ser “Otros” el día lunes. Y quizá unos “Nadies” en el mundo de la Red. Serán “Otros Nadies”. Pero no le busques la lógica, porque no se la vas a encontrar. Forma parte del paradigma. Es solo un ejemplo de la alteración constante y persistente del pensamiento y el sentimiento.



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Imagen de Levalet (Charles Leval) Street Art , París, Febrero de 2017.  

lunes, 22 de octubre de 2018

PIENSO, CONOZCO, LUEGO RECONOZCO


Que el futuro me pille confesado
Reconocimiento 1
Tengo que agradecer a todos los chicos lindos, hombres fuertes, tipos con destrezas, señores con solvencia, individuos con influencias y demás hombres destacados por su belleza o patrimonio.
Gracias a todos ellos, me dediqué a escribir, perfeccionar mi estilo, ensayar otras formas de comunicarme y cultivar algo así como “el verbo florido”. Todas esas artes menores y canallas, me han salvado de los desiertos afectivos. Esas destrezas vilipendiadas en el universo del Sentido Común, soslayadas por los administradores del espíritu de los hombres, condenadas a viva voz en nombre del progreso material, me han dado de comer.
El sentido inverso del espejo resultó productivo. Aprendí todo lo que no quería ser. Crecí en cada condena. Me hice mejor persona en cada sentencia. Hasta que un día me proclamé orgullosamente desigual, al margen de la  norma. Y así voy por la vida, con mucho más futuro que todos aquellos que compraron futuro al peso, por encargo o bajo receta.
Reconocimiento 2
No pretendo grandes cosas del mundo social que me rodea. Tanto el real como el virtual, que últimamente tiene más gravitación que el primero. Solo quiero que me tengan en cuenta y hago esfuerzos para no pasar desapercibido. Esto lo logro en los sitios donde no me importa tanto y fracaso estrepitosamente – una y otra vez – donde sí me interesa. Tal vez  ahí radiquen mis pequeños éxitos. Logros que suceden a pesar mío. Hay gente a la que no le merezco ni un segundo de observación. Me gustaría que fuera diferente, pero tal vez sea su “inteligencia” la que me envía un mensaje subliminal: no pierdas el tiempo con nosotros. A veces pienso que quizá sea así, entonces me distraigo con otras cosas.
Todo eso ha sido una constante en mi vida. Ya lo he naturalizado. No me da sobresaltos.
En todo caso, creo necesario dejar claro que no pretendo ni pretendí ser lindo, guapo, seductor o personaje con atributos irresistibles. Debo reconocer que varias veces lo  intenté y volví a intentar. Pero ya no lo hago más. Porque si en todos estos años, no lo he conseguido, debe ser porque la tarea es imposible o no tengo talento para eso. De todos modos, reconozco el esfuerzo que hacen los amigos por ver atributos en mi persona y mi figura que no atino a descubrir. Cosas que ya no me detengo en analizar. Temo que la conclusión sea que mis amigos también tienen alguna alteración que no puedo descubrir.
En fin… generosidad de alguna gente, que es de agradecer. Y no es necesario preguntar por qué.    
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San Telmo, 29 de junio de 2017

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Imagen: Obra del pintor polaco Igor Morski.

martes, 16 de octubre de 2018

PÁJAROS DE ESPÍRITU LIBRE


Los pájaros son los únicos animales que el hombre no ha podido domesticar. Solo le han quedado las opciones de matarlos o encerrarlos. Ha domesticado los animales más grandes (por caso, los elefantes o las orcas) los más salvajes e irascibles (tigres, leones, serpientes) y los más mansos. También ha creado variedades de especies existentes (por caso, las ovejas, los vacunos, el caballo, el perro). Pero nunca ha podido con los pájaros. Son los animales de instinto libre, imposible de contener, capaces de quitarse la vida en el encierro a fuerza de golpearse en los barrotes de la jaula, como lo hace el gorrión.
Los pájaros son la única especie que el hombre ha querido imitar y no ha podido. Ha necesitado de artilugios, construcciones complejas, a veces enormes, que le permiten volar pero nunca como un pájaro libre. Los pájaros son los únicos que han desafiado con éxito los antojos, ocurrencias, necesidades y caprichos de los hombres. Los pájaros se han mostrado invencibles en su espíritu libre, que solo en la muerte son capaces de entregar. 


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Imagen de Christian Schloe (arte digital)

viernes, 5 de octubre de 2018

PENSAR O NO PENSAR. ESA ES LA CUESTIÓN


¿La gente elige o es elegida por las circunstancias?
¿La gente dispone o es dispuesta o es disponible?
Dice un señor llamado David Foster Wallace que " Aprender a pensar en realidad significa aprender a desarrollar cierto control sobre " cómo " y "qué" se piensa. Significa ser consciente y estar lo suficientemente atento como para " elegir" a qué cosas prestar atención y " elegir " cómo uno construye significado a partir de la experiencia". Tiene lógica la idea. Pero hace falta una decisión y capacidad de adaptación.
Pero tengo otra curiosidad que quizá tenga que ver con las preguntas del comienzo: ¿Pensamos o no pensamos?
Tal vez nunca pensamos o pensamos de a ratos o no nos damos cuenta que pensamos o no queremos pensar. Si no pensamos, entonces solo nos desplazamos en una sucesión de ficciones que pensamos que son nuestras utopías. Quizá sean impresiones del sentimiento. Golpes sucesivos de emociones que nos indican caminos posibles. Pero nosotros pensamos que pensamos.
¿Por qué pensar es tener ideas lógicas? Si es por eso yo nunca he pensado y juraría que hay miles de personas a las que les ha pasado lo mismo. Tengo un par de amigos sobre los que puedo afirmar – sin dudas – que ellos no pensaron nunca. ¿O tal vez sea al revés? Los dislocados que van en contra del sentido común (o el supuesto sentido lógico de los hechos y las cosas) son  los que piensan.
Porque en ciertas ocasiones hay que tener alguna estrategia para ir en contra del sentido común. Conozco gente que ha quedado tiritando por eso… ¿Esos no piensan? Porque es la acusación que reciben en todos los foros que conozco. Pero es muy posible que sean ellos los que piensan. No digo “Pensar a su modo”. Digo “Pensar”. Porque para ir en contra de algo hace falta tener una idea, un lugar o una causa que alcanzar. Y a veces, para lograrlo, hace falta eso que califican como No Pensar o Pensar Distinto o Pensar en Contra o Pensar A Pesar De.
Tengo la impresión de que es así como se empieza a pensar. Son como revoluciones incruentas en el interior profundo de unos mismo. Breves revoluciones diarias que nos mantienen en vilo y sostienen el instinto de  transformación. Rebeliones cotidianas que después de muchas luchas puede resultar  una superación,  aunque no se sepa muy bien qué es esa idea.
Luego vienen las normas y la lógica y la razón y todas esas cosas. Pero eso ya no es pensar. Solo es algo parecido a pensar. 

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River Walk of Carl Schurz Park, Photo by André Kertész, 1948