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lunes, 24 de julio de 2023

APRENDIENDO

Se esconde.
Juega a que no está.
Hace tiempo quiere que escriba sin pretexto.
No quiere que le escriba pero quiere que le escriba.
No quiere ser la causa de inspiración.
No quiere ser ninguna musa.
Se aleja. Me quita todas las fuentes.
Despeja todo.
Abre el espacio, lo sacude, lo ventila, lo amplifica.

Quiere que escriba porque sí.
Quiere que escriba por escribir.
No quiere que la mire, la nombre, la recuerde.
No quiere nada. Aunque gira, gira y revolotea.
Vuela, desciende, se posa y vuelve a volar.
Reparte aliento por ahí. Respira por acá.
Quiere que escriba sobre no sé qué.
Supone que siempre hay algo por decir.
Sin pretexto ni nada que lo motive. 

A veces pienso que duda.
Quizá esté aprendiendo. Igual que yo.
Ambos estamos aprendiendo a querer y a escribir
Sin saber si son lo mismo.
Tal vez un verbo no exista sin el otro.
Pero sin duda aprenderá que no se puede escribir
Si no se tiene la vida por delante.
...
Y ella, es la vida.
Aunque todavía no se haya dado cuenta. 

---




Imagen: Pier Toffoletti

jueves, 20 de abril de 2023

LA VIDA, ESAS HORAS

La vida es un beso que está siempre guardado en tu sonrisa.
La vida son las horas felices de esperarte en el andén de la mirada que llevo puesta.

¡La vida! Esas horas…
En las que juegas por la cornisa de mis párpados.

Esas horas, esos días, de andar festivos, agoreros y en proclamas.
Luego perdernos en tus pupilas,
que miran fijo,
un horizonte tras el horizonte.
Un lugar que solo tú puedes alcanzar.

Cada tiempo tiene su afán.
Cada lugar está cargado de amores, desdenes, quimeras y utopías.
Cada momento tiene una propuesta, una opción, un desafío.
Se percibe el entusiasmo, el temor, las inquietudes o las dudas.
Cada instante te tiene a ti.
Cada segundo es un universo donde burbujea la vida.

Fluye la vida también dentro de mí,
en la mirada, el abrazo, el beso y en el alegre sueño de lo imposible.
Cuando estás ahí, cuando vienes a mí o salgo por ti.
¡Y voy…!  ¡Siempre! Alegre y excitado
hasta abrazarte
en esas horas precisas, felices y absolutas.
--

Imagen de autor desconocido, tomada de la Red.

 

domingo, 9 de abril de 2023

LA ÚNICA VIDA

Ese andar de fiesta por la vida.
Esa mirada de amanecer. Esa sonrisa.
Esa manera de recibir el día.
Esa delgada línea de seducción que me obliga a bajar la mirada.
Esa boca que es un beso amparado en la alegría.
Esas cosas que dejan la percepción de felicidad al alcance de la mano.
Esas cosas que me dicen ¡bésala, bésala!
Esas cosas que me cambian el día y que dejan el deseo rondando mi cabeza.
Esa vida tan sencilla que se desliza gentil y generosa repartiendo bondades.
Esa vida que siempre está de fiesta a tu alrededor.    
Es la auténtica vida. La auténtica y verdadera vida.

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Imagen de autor desconocido, tomada de la Red. 

jueves, 23 de marzo de 2023

LOS DÍAS EN OCRE

Qué lejos queda la vida
cuando no estás.
Qué cerca queda la locura
de tanto pensar, imaginar, construir sobre la ausencia,
 
Qué cerca queda la locura,
cuando el sentimiento se sacude como la copa de los árboles,
en los vientos de otoño al atardecer,
cuando las horas son hojas desteñidas en ocre.
 
Qué lejos quedan los días
cuando el camino se desdibuja,
cuando se pierden los honores y consignas
 
Qué cerca está la ausencia
Qué lejos quedo de mí mismo.
Cuando no estás.
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Imagen de El Jinete Imaginario (@eljineteimaginario)- “Bosques de Palermo”/2013

lunes, 10 de octubre de 2022

ESA ALEGRÍA

Ese andar de fiesta por la vida. Esa mirada de amanecer. Esa sonrisa.
Esa manera de recibir el día.
Esa  delgada línea de seducción que me obliga a bajar la mirada.
Esa boca que es un beso amparado en la alegría.
Esas cosas que dejan la percepción de felicidad al alcance de la mano.
Esas cosas que me dicen, ¡bésala, bésala!
Esas cosas que me cambian el día y que dejan el deseo rondando mi cabeza.
Esa vida que siempre está de fiesta contigo.
Esa fiesta que llevas y traes, que dejas por la casa y me sorprende
Esas cosas que tienes, que  golpean mi desilusión, mi desamparo
y dicen: ¡Ríndete tristeza!
Esa alegría
A la que llamo vida, germen, amor y nacimiento. 
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Imagen de autor desconocido tomada de la Red.

martes, 28 de septiembre de 2021

ANALOGÍA DE PLENILUNIO

Eres ese paisaje que quiero tener en el alma.

Eres la profundidad en el paisaje.

Eres ese lugar donde cantan los pájaros.

Viven los grillos, tienen contrapuntos las chicharras.

Eres un verano en cada hora.

Eres el ozono que abraza en cada lluvia.

Eres un canto. Eres una brasa.

Eres el brasero, el caldero y el agua.

Eres el rocío en la mañana.

Sol, imaginación y amanecer.

Eres luz y luciérnaga.

Eres noche de alelíes y flor de paraísos.

Eres luna. Gotas y suspiros. Eres noche.

Oscura profundidad de la galaxia.

Eres día de tréboles y flores de lino.

Eres el hilo que teje y entreteje.

Eres todos los hilos que enlazan la vida.

Eres la vida de mil formas y maneras.

Eres el amor y la memoria.

Eres el amor sin duda.

.

Poema del libro Te Besaré A Quemarropa (agosto, 2021)

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 Imagen de autor desconocido

viernes, 31 de enero de 2020

¿CUÁNTOS AÑOS TENGO?


Me gustaría que fueran 20 y mejor todavía que fueran 30. Pero tampoco me quejo si son 15 y me apena pensar que son menos de 10. Dicen que Galileo Galilei explicó en cierta ocasión, que la verdadera edad es la que tenemos por delante y no los años transcurridos desde el nacimiento. Esos ya los gastamos. En la historia o cualquier otra ciencia social, la edad no es más que una cronología. Pero en la condición humana, la edad es un espacio atemporal de recuperación del pasado y construcción del futuro.
Suponer la edad por lo que nos queda por vivir, genera las tensiones de lo desconocido. Pero no tiene nostalgia ni melancolía. No hay tristezas por lo que no se va a recuperar. Pensar la edad según la probabilidad de futuro,  solo es posible en términos de quimera. Pueden llamarlos deseos también o esperanzas y si prefieran, calzarse la edad como una utopía. Pensar la edad así, obliga precisamente a pensar y luego cargarse de estrategias para apuntalar esas ideas que se van juntando con los días.
En cada aniversario del nacimiento, siempre hay una vocación de refundación. Y se venera la edad pasada como algo necesario para pensarse, definirse, criticarse, recomponerse y desafiarse. Cada aniversario lo vivimos como un nacimiento. En la cronología de las horas de ese día, se acumulan propuestas, deseos y buenas intenciones. Se festeja la lluvia de pensamientos generosos. Y al final, el cuerpo queda  vestido con ese traje transparente llamado ilusiones y la convicción de que algo bueno sucederá. Cada aniversario es un acto de fe consigo mismo.  
La edad del documento es otra cosa. Los años vividos ya sé que no los tengo. No se han ido. Solo han pasado y cada uno de esos años está en algún lugar de la memoria y se turnan generosos para llamarme de vez en cuando y decirme que están ahí y tienen cosas que contarme. Porque los años pasado siempre tienen cosas nuevas que contar.  Mientras pensamos que ya no tenemos más conclusiones, ellos saltan de algún estante de la memoria, corren apresurados, se colocan frente a mí y me muestran una leyenda: “Hay más”.
Muchas veces dudo al atenderlos, desconfío o más bien me siento temeroso. Ya saben… Los recuerdos son esas armas de doble filo con las que te puedes cortar si no eres precavido y los usas con cuidado. Porque los recuerdos – en última instancia  - no son otra cosa más que un viaje al interior de uno mismo. Y no siempre o cualquier día estamos preparado para hacerlo. Pero en los aniversarios del nacimiento, uno siempre está más dispuesto a las osadías. Aceptar el reto de la memoria, es una de ellas. Pero como toda osadía, la decisión tiene esa carga de audacia, deseo, inconsciencia y cautela temerosa por lo que pueda suceder. Todo bien mezclado para que las sensaciones no se puedan diferenciar.
Cada aniversario de la apertura a la vida, los años pasados querrán decir sus cosas. Es natural. Pero en el vocerío de hoy, mientras los años dejan, sobre la mesa donde escribo, cientos de historias, solo quiero decir algo: “Estoy feliz de cumplir años”. Porque es importante saber cuál es mi sentencia, la que he elegido para este día, entonces empezar así, el recorrido sobre esos años pasados y las conclusiones que dejan sobre la mesa.
Estoy feliz de haber llegado hasta aquí, haber hecho el recorrido que hice, de no haber renegado nunca de mis ideales, de tener el entusiasmo intacto como el primer día y que las derrotas no me hayan sumido en la melancolía.
Soy hombre de quimeras, pero no me gusta ni quiero perderme en ellas. No soy persona que se deje llevar a las nubes por las ilusiones. Mi decisión siempre es estar afirmado, bien sostenido en el suelo que piso, a donde pertenezco, y preparado para dar el salto.
Hago esfuerzos por mantener intacta la confianza en mi persona. Aunque no siempre lo logro. Solo eso. Trato de reconciliarme en todo momento con mis pares. No me refiero a los que piensan igual que yo. Me refiero a las personas con las que disiento, pero llevamos el mismo objetivo como horizonte.
Imaginé y puse mi esfuerzo por construir un mundo mejor del que tenemos. Pero no soy necio y puedo reconocer que, en el que vivimos, tiene infinidad de progresos respecto del pasado. No creo en el nihilismo que todo lo achata. Es falso que nuestro mundo es peor que el de hace 50 años o un siglo. Nuestro mundo hoy nos parece insuficiente y limitado, sencillamente porque hemos crecido y no nos conformamos con lo conseguido. Pienso en el conjunto de la vida como un hecho social. Pienso en el hombre en su constante afán de superación. Cuatro imbéciles con ambiciones de poder (aun ejerciéndolo) no son nada, comparado con el irrefrenable camino de la humanidad hacia un mundo más simple, más generoso, más solidario, más sustentable y amigable con la condición humana.
En todas esas luchas del progreso humano he tratado de estar. También estuvo en muchas de las derrotas. Pero cualquiera que sea el balance, quiero decir que me siento feliz de haber estado, de haber participado.
Ahora, con algo de distancia sobre los acontecimientos importantes de mi vida, solo pienso en una cosa. El sol mañana aparecerá despacio en el horizonte del río y me hará la misma pregunta: ¿Cuáles son tus desafíos de hoy?
En nombre de los amores que tengo y para corresponder al alma inquieta que llevo dentro, estoy obligado a responder: “HOY ESTARÉ UN POCO MÁS ALLÁ DE LAS ESPERANZAS”.
Será así, mientras “Mi Entusiasmo” esté dispuesto a ser de la partida.
... 


Foto: sarmiento.cms /el jinete imaginario


lunes, 5 de agosto de 2019

EXPRESARTE Y HACER ARTE


Hay formas de expresarse y formas de hacer arte. A veces se parecen y a veces son iguales, no se diferencian, son lo mismo.  Hay gente que se expresa y cree que hace arte. Y hay gente que hace arte aunque no pretenda.  Nunca se enterará  que lo hace. No registra sus actos como expresiones. Actúa por impulso natural, desinhibido, sin intenciones expuestas o declaradas. Hay pretenciosos que ni siquiera se expresan, pero aseguran con bombos y platillos que hacen arte.
Yo no sé si hago arte o no. Solo sé que me expreso, que me quiero expresar y que trato de usar varios métodos, sistemas y canales para hacerlo. Tal vez en algunos casos haga arte o tal vez lo haga siempre o no lo haga nunca. Solo sé que de tanto insistir, espero terminar  haciendo arte.
¿Cuáles son los caminos del arte? ¿Cuántos son? ¿Uno… Dos… Cincuenta o miles? Sobre el tema se han escrito tantas sentencias que no da tiempo a revisar esos juicios y debates.
¿Dónde se expresa mejor el arte? ¿En la pintura o en la música? ¿En la literatura? Pero cuál literatura ¿En la narrativa, tanto sea cuento o novela? ¿Es mejor la prosa que la poesía? ¿Pero qué es la poesía si no es prosa ni es música? ¿Puede una pintura ser poesía y al revés y viceversa? ¿Cuántas combinaciones posibles de expresión son necesarias para decir que se hace arte?
Pasarán los días con todas sus noches y estaremos debatiendo. Y cuando creemos que al amanecer tendremos la respuesta, resulta que el día nos deja nuevos  interrogantes, otros desafíos y volvemos a empezar. En el arte siempre estamos volviendo al comienzo. Porque la humanidad toda nunca dejó de indagarse sobre el mismo asunto de su origen.
Dicen que Faulkner afirmó que si Homero no se hubiera muerto, entonces los escritores no existiríamos. Porque para qué iba a haber más, si solo Homero había escrito en la naciente Grecia las claves que nos han distraído el pensamiento desde entonces. Dicen que Faulkner dijo que desde Homero en adelante,  los escritores solo escribimos sobre los mismos temas. Entonces agrego: pero caca uno con su propio ojo, con su propio pulso y con sus propios temblores.
Temblores sí. Porque todo lo que escribes en soledad (en un recinto, en medio de la gente, al aire libre, en un descampado, quieto o en movimiento) exigen valentía. Hace falta valor para expresarlo y redoblar la apuesta al exponerlo. Así es la música,  así es la poesía. Así es la escritura. Y así será, sin duda, en las  demás artes.
No importa cuales sean sus símbolos y lenguajes, cualquiera sea el paisaje y el momento. El instrumento es siempre:  el alma humana.
El papel,  el lápiz, la tinta, la cuerda, el diapasón, el parche, las cajas, la tecla, el cincel, la piedra, los colores,  son algunos de los artefactos a donde se adhiere la soledad para expresar lo que se debe expresar. Porque todo lo que se expresa es un deber, antes que un descargo.
Así ha cambiado y crecido la humanidad. Y así seguirá siendo mientras  haya quienes escriben y tengan la valentía de contarlo. Así seguirá siendo mientras haya  quien por cualquier medio intente expresarse.
Expresar no siempre es hacer arte. Pero cualquiera sea la expresión que pretenda ser arte, debe partir necesariamente de la  honestidad y coherencia consigo mismo, el compromiso con su tiempo  y el desafío al pensamiento. Todo lo demás, es eso: “de más”.
 ***


Imagen: “Sunset and acacia tree in the Masai Mara reserve” de Ignacio Palacios.



jueves, 18 de julio de 2019

ATRAVESADOS POR LA SENTENCIA


¿Cuándo empieza la vejez? ¿En qué momento una persona decide que es viejo? O mejor preguntemos así: ¿En qué momento una persona se descubre viejo y adopta para siempre el personaje de la vejez?
Tal vez no sea la persona misma quien decide esas cosas. Tal vez su entorno decide ponerle la etiqueta de “viejo”. No digo “la sociedad”. Porque es una categoría analítica que se usa para no descubrir al verdadero autor de las sanciones. “¡Es la sociedad!”, dice quien no tiene el valor de hacerse cargo de su propia sentencia, de sus propias definiciones.
Digo “entorno” y digo “etiqueta”, porque en el interior de esa biblioteca que tenemos dentro de nosotros, también usamos categoría. No son como las de Linneo, pero se le parecen. Las manías clasificatorias siempre tienen parentescos. Dicen que contribuyen al equilibrio emocional, nos ayudan a reconocer nuestro lugar en el mundo y no sé cuántas cosas más. Pero creo que se usan para mitigar  la falta de valor para moverse en escenarios mutantes, crecientes y transformadores. Pero al final todos, de una forma u otra, siempre echamos mano de alguna clasificación. Nuestra vanidad, por ejemplo, es adicta a las categorías. Y a nosotros nunca nos pone en el final.
Tengo la sospecha que a una persona  se le coloca el uniforme de viejo, cuando se pretende ocupar su lugar. Es un momento sin ceremonia, boatos ni abalorios. Pero hay complicidad entre las partes, para que la operación se lleve a cabo en silencio, sin alteraciones ni sospechas. En algún momento, no sé cuál, una persona admite sin resistencia el cartel de viejo. Y los repartidores de carteles que andan a su alrededor, inmediatamente lo apartan, lo colocan en esa nueva categoría y lo relevan al instante de cualquier rol o función que pueda tener.
El aislamiento forzado y la reclusión parcial a la que se somete a una persona, solo por llevar la etiqueta de viejo, se compensa con su inclusión en las categorías de bondad, generosidad, experiencia, entrega, desinterés y otras  cosas. El asunto, es mitigar el relevo en asuntos de autoridad intelectual y material, el paso al costado en las cuestiones personales y colectivas.
Ser viejo no convierte en buena a la persona ni la bondad es necesariamente complementaria de la vejez. Se puede ser lo opuesto también. Ninguna de estas afirmaciones es sustancial. Forman parte del  coloquio cotidiano de circunstancia, en el más inocente de los usos sociales.
Un viejo con autoridad, es siempre un viejo jodido. No es merecedor de esos galardones. En ese escenario, ser viejo no es un ascenso en la vida. El entorno les cuelga rápidamente la categoría de maldito. No hay piedad hasta que no abandone sus roles.
Ser viejo no es una edad. Es un estado de las cosas, en la lucha que tienen los humanos entre sí, para satisfacer su vanidad. Esa vanidad se traduce como satisfacción plena por el ejercicio del poder. El poder sobre los otros, sobre el entorno próximo y natural, compensa las  intrigas personales, las dudas  y la falta de definiciones. Alguna gente corriente  necesita viejos a su alrededor, porque es la única manera que tiene de saberse joven. Como si ambas cosas fueran consustanciales solo al tiempo biológico.
En el juego entre el que excluye y el que acepta ser excluido hay un vacío profundo sobre el sentido de la vida.
En los diccionarios, sobre todo en aquellos que remiten a las ideas afines a una  expresión, hay más de cien términos que remiten a “anciano” o “ancianidad”.  Cuando hay tantas formas tan diversas para nombrar algo o alguien, entonces es que no hay ni hubo consenso alguno, sobre cómo definir lo que se quiere definir. La lista de palabras indica que la vejez, se define según el punto de mira del que observa o tiene algún interés especial en la definición.
Porque a todo esto qué es la Vejez. ¿Es una edad  o un estado de ánimo? ¿Una región del tiempo humano o un espacio del pensamiento? ¿Un hábito social o un comportamiento personal ante los otros y consigo mismo? ¿Es  un abandono, una renuncia o una exclusión, una discriminación? ¿Es una decisión personal o un acuerdo colectivo de los que te quieren, pero que en realidad dicen que te quieren, porque en verdad no te quieren? ¿Es un nivel de las ideas o una decadencia del pensamiento?
Hay casos en los que a nadie se le ocurre anteponer la categoría social etaria antes de nombrarlo. Hay casos en los que la persona es por lo que hace, por lo que piensa, por lo que aporta. Las categorías de viejo, adulto mayor,  joven, adolescente, adulto, maduro y no sé cuántas más no son tenidas en cuenta. ¿Qué era el astrofísico y  cosmólogo Stephen William Hawking? Nunca nadie se preguntó si era joven o viejo. Murió con 76 años, pero para las sucesivas generaciones siempre tuvo la misma edad: la del pensamiento brillante. A Hawking nunca le pudieron colgar el cartel de viejo y apartarlo.
Para establecer la edad de una persona se usa el tiempo cronológico. Así es en el uso cotidiano moderno y urbano. Pero no todo el universo humano es urbano y bastantes menos son los considerados “modernos”,  según la definición de la sociedad de consumo.  Otra cosa es la edad administrativa a la que todo humano está condenado y que deciden los registros del Estado.
Hace algún tiempo (creo que en agosto de 1985) conocí una pareja de campesinos cerca de La Iruela, en la Sierra de Cazorla (Jaén, Andalucía).  Al momento del encuentro ambos estaban atareados en la trilla con una yunta de mulas, en un rellano del camino, justo en una pendiente que termina en el fondo del valle anterior al pueblo. La escena contrastaba con la modernidad de los autos que circulaban por el camino, cargado de turistas por esa época del año.
 Ambos conocían perfectamente los años que tenían los animales desde el momento en que los compraron. Eran relativamente pocos, comparados con su edad. La cronología la marcaba cada cosecha. ¿Pero cuál era la edad de ellos? No me pudieron responder con precisión. No se pusieron de acuerdo sobre la edad de ella. Él decía que tenía 52 y ella decía que eran 56. La respuesta estuvo acompañada por una sonrisa, como pidiendo perdón y complicidad. Sus festejos era la celebración del día en que decidieron vivir juntos. La edad era algo indefinida. No era su preocupación. El interés de ambos estaba centrado en su capacidad para la vida diaria. No eran ni viejos ni jóvenes. Ellos eran su día, su trabajo y su proyección. Todo lo demás era una cuestión de “papeleos” que “les metían”, cada vez que iban al Ayuntamiento o vendían sus productos agrícolas.                                                                                                                                                             
Es posible que la edad no deba definirse por la sucesión cronológica o por los adjetivos de joven, adulto y viejo. Al fin y al cabo, ninguna de esas definiciones tiene  un peso sustantivo. Son arbitrarias y se aplican según el sentido que le quiera dar a la palabra el que las usa. Pero en  estos tiempos, en ese caldo de opiniones y decires  donde se cuecen a fuego lento las ideas, pensamientos,  premios y castigos de la sociedad, el calificativo de viejo, como  el de joven, tiene un sentido claro que nadie quiere confesar.
Viejo es aquel que es necesario reemplazar, desplazar o apartar de las decisiones centrales del grupo humano de referencia.  Si acuerda ser desplazado, entonces recibirá los mejores calificativos que – en este caso – serán usados como galardones. Si no hay acuerdo, entonces debe saber el sancionado que será calificado de la peor forma.
Del mismo modo, ser joven no es una edad real. Es solo una forma de mencionar a todos aquellos que no están en condiciones de asumir roles de poder, mando y control sobre los demás. Si el juzgado lo admite, entonces será premiado con toda una serie de gratificaciones y enseñanzas pertinentes para ejercer el poder algún día. Si no admite el rol, entonces el calificativo será despectivo y solo servirá para remarcar sus incapacidades bajo el rótulo de “falta de experiencia”, en una clara  intención descalificadora.
Ninguna de estas categorías tiene que ver con la vida. Solo se refieren a los roles personales que cada uno pretende ejercer. El que manda y ordena es el adulto. El que obedece es el joven y al que se aparta y ocasionalmente se cuida, es el viejo.
Pero la vida es otra cosa. Para las ideas no hay edad, para el pensamiento no hay etapa. En ambos casos,  el equipaje esencial es la convicción y la decisión de enfrentar el universo  complejo de la vida humana, con sus certezas y contradicciones. Todo lo que suceda en el camino de ese individuo, será una consecuencia de sus fortalezas y una contingencia de su entorno. En esos embates, el tiempo no se traduce en una  sucesión numérica. La edad, como en los campesinos de La Iruela, solo se mide por el interés y capacidad de nuevos desafíos cada día. Hacerlo no convierte en joven a nadie y no hacerlo tampoco lo convierte en viejo.
La renuncia absoluta a todo no convierte en viejo a nadie. Simplemente es un ser humano que ha claudicado, alguien que decidió renunciar a los desafíos, quedó huérfano de futuro. Y para esas pérdidas o renuncias o claudicaciones, no hay edad cronológica ni administrativa ni calificativos sociales. Solo que a unos se les nota más que a otros.
***


 Fotografía de Max Jack  (IG @mx.jack - fotógrafo y cineaste con base en Berlín)


jueves, 6 de junio de 2019

LA VIDA ES SOLO UN ANÓNIMO DE LA HUMANIDAD


La vida es vida, solo por el esfuerzo generoso de unas fuerzas y entusiasmos que encerramos en la palabra biología. Pero nunca vemos esos esmerados fervores por crecer, cambiar, mutar, convertir, transformar, desechar, construir.
Todo ocurre y no tenemos registro. Porque no hay mirada para los hechos sutiles, silenciosos y anónimos.
La vida es vida a pesar nuestro. Por alguna causa que se explicará alguna vez, no perecemos en ese movimiento constante, persistente y caótico del que no tenemos registro. En el día común, no hay quien quiera registrar. Tampoco hay preguntas. Y cuando no hay respuestas, entonces hay silencio mendaz. Suponer que nada sucede, mientras algo se disuelve bajo nuestros pies.
La vida no tiene nombre. Solo una substancia extensa, bravía, indomable, inabarcable, infinita. La vida será todo lo que sepamos ver. Todo lo demás, también será vida. Pero nosotros no la conoceremos jamás. Sabemos de otros espacios, otros ritmos, otras líneas que conducen hasta quien sabe qué. Pero el  miedo es ciego. Y no nos deja ver. Pero la conciencia es perversa. Y de a ratos nos corre el telón. A veces abre una ventana. Luego la cierra. A veces abre otra. Luego la cierra. Pero el miedo es sordo. Y no nos deja escuchar.
La vida no tiene traducción. Nada se puede traducir. Nunca se puede traducir, algo que ahora mismo ha dejado de ser lo que hace un instante era. Y antes fue otra cosa. Y después será otra distinta, parecida u opuesta.
La vida es eso que los filósofos estudian, analizan, definen y vuelven a estudiar. Hay filósofos que han ido a la luna alguna vez. Y han regresado sin ninguna explicación. Otros agudizaron su ingenio en la observación de los bajo fondos. Solo encontraron restos de lo que alguna vez fue.
La vida es un conjunto de cosas que la ciencia atrapa en miles de fórmulas, explicaciones, refutaciones, pruebas y contra pruebas. Los matemáticos apenas logran armar una metáfora de la vida. No en la fórmula, sino en la acción. Porque una ecuación, genera otra y esta misma se transforma en otras. Luego un silencio crudo, hasta que deducen otras fórmulas. Y un inmenso plano se va cargando de símbolos. Químicos y físicos acuden en su ayuda. El inmenso plano es un laberinto de caminos largos que terminan bloqueados y otras veces en un abismo. Un vacío que otra ecuación dará noticias. Una enorme metáfora, mientras la vida sigue ahí, respirando vaya a saber qué, para luego vestirse de algo que no sabremos cómo será.
En los perfiles del pensamiento de un día común, la vida es solo un anónimo de la humanidad. Nadie sabe quién es ni por dónde anda ni cómo se presenta. La vida no tiene nombre. Solo una idea genérica bajo sospecha de creación. Por eso se supone que es mujer.
La vida es eso todavía indefinible. La vida es eso que los artistas quieren atrapar o sentarse mano a mano en algún lugar. Preguntar y responder. Los artistas son esos sin miedo que se pelean consigo mismo para ver. Ver más. Ver más allá, más acá. Ver. Siempre ver. Por eso la vida los premia o creo que los premia y  los recibe de vez en vez. Quizá los abrace alguna vez. Pero siempre los suelta y los deja en sus preguntas, en el eterno soliloquio. 
La vida es eso que muchos dicen conocer, pero solo unos pocos se animan a expresar, con la vana idea de acertar.
***


 Imagen de autor desconocido. Se agradece la información para consignarla . 

viernes, 24 de mayo de 2019

UNA ABRAZO PARA SALVARSE


Un abrazo. Si lo ven, si anda suelto por ahí, si te lo ofrecen, no es para desechar. Cuando se presenta un abrazo, no hay que mirar para otro lado.  Me refiero a un abrazo, no a un agarrón o un zamarreo desconocido. Es preciso aclararlo, porque en la confusión general, es posible que se haya perdido la idea de que abrazo es complementario de afecto. Quizá ambas palabras debieran ir siempre juntas o una signifique casi lo mismo que la otra o una no se comprenda sin la otra.
Abrazo es un sustantivo,  que viene de “abrazar”, que en las definiciones eruditas significa “ceñir con los brazos”, “Estrechar entre los brazos en señal de cariño. Pero por extensión, también significa “Rodear, comprender, incluir, admitir, recibir”. Abrazo significa muchas cosas más. La acción está condicionada por esas tres palabras incluidas en su definición que dice “señal de cariño”. Aquí es donde se descubre el parentesco con “Afecto”. Un adjetivo  que  tiene que ver con  las cosas de la sensibilidad. Y que en algún diccionario aparece como “Cualquiera de las pasiones o sentimientos del ánimo y más particularmente del amor o cariño”.
Todo eso está metido en un abrazo según la gramática. Imaginen todo lo que pueden poner las personas, quizá ustedes mismos, en el momento de un abrazo. Porque en esto de los abrazos, sentimientos y las manifestaciones de cariño, también hay algo de solidaridad en las angustias. En cada abrazo siempre hay complicidad y esperanza. Complicidad en la alegría y esperanza de que la tristeza no sea como el infinito.
Alegrías, tristezas, solidaridad, esperanza, cariño, afectos, abrazos, complicidades, comprender, recibir, admitir, incluir, son todas palabras que en la Argentina de hoy  tienen una valor incalculable. Tal vez lo tengan en todos los tiempos y en cualquier lugar. Pero en la Argentina de hoy, son vitales, son condición necesaria para sobrevivir. Cuando no hay dinero ni lo habrá,  la vida se fabrica con otras cosas. Y si hubiera dinero pero nada de lo que se incluye en los abrazos, entonces se fabrica futuro que muy poco tiene que ver con la vida.
Pero en los tiempos que corren las urgencias son otras. Nadie se sienta a  filosofar. En estos tiempos de revoluciones ficticias, todo huele a decadencia y marginalidad. Hombres y mujeres que cruzan la urbanidad  acelerados con sus prisas y las crisis pendiendo sobre sus cabezas. En estos casos, todos toman los caminos de la ansiedad y se cae en la tentación de estar  pendiente de los mercados. Y en el peor de los casos, de las apretadas síntesis económicas en los telediarios, que  hacen algunos que no saben nada pero opinan. En otros casos más complicados, el problema es la lista de empleos o las listas cortas de empleos ofrecidos o que no haya ninguna lista.
La angustia por las limitaciones del dinero no se salva en las páginas económicas. La protección de los ahorros no se asegura con más datos y cifras de información económica. Es importante todo eso, es cierto. Pero en los tiempos de crisis, lo único necesario es una cabeza abierta, que mira hace adelante con los ojos bien abiertos, sabiendo que el futuro no le ofrece nada,  y que todo lo que haya de cierto en este triste y gris escenario de nuestros días, proviene de otro lado. Ese otro lado, es el que está más cerca y seguramente no vemos.
Lo más triste de las crisis sociales (que terminan convertidas en personales) quizá sea apartarse de lo esencial, tratando de salvar el pellejo. Lo más triste es olvidarse de los abrazos y los afectos de los amigos, de la pequeña familia si la hubiera,  de los amores. Y lo peor de todo es olvidarse de la mujer que quieres o el hombre que amas,  en medio del vendaval que va cayendo.  Ese es el otro lado del problema. Ese es el único lugar desde donde podemos mirar la vida con otros ojos.
En las crisis, lo mejor es mirar a los costados y luego hacia adentro. Repasar el escenario. Buscar a los que te quieren y avanzar. Después, casi seguro que todos los datos que se han juntado servirán para algo. Antes no.  Y si no encontraras a nadie en esa observación, entonces hay que plantarse en el punto de partida. Pensar en uno mismo y saber que se está queriendo, que se está abrazando, y que no hay ningún sentimiento o razón que tenga más potencia que esa convicción.
Todo lo demás, es suicidarse lentamente sin reparar en el frío que va dejando la batalla.



Imagen de autor desconocido tomada de la Red. Agradezco información para consignarla. 

martes, 14 de mayo de 2019

EL MENSAJE INTERIOR


Una cosa es una habitación con tres o cuatro cosas y otra cosa es una habitación decorada con cuatro o cinco cosas.
En una hay pensamiento en la otra hay abandono.
En una hay vida perspectiva y en la otra hay vida abandonada.
Lo que sentenciamos como pobre, puede que esté lleno de riqueza. En algún lugar de la austeridad, siempre hay alguna  clave que nos da una pista para ver más allá de lo que se presenta de golpe ante nosotros.
Cada cosa y el lugar que ocupa es un mensaje, es una clave, es una propuesta de comunicación que se nos ofrece. Porque en esto de decir, contar, llamar hacia nosotros, advertir lo que se quiere, es una de las obsesiones naturales de los humanos. Y apelamos a todas las estrategias, aunque no sepamos bien por qué y cuándo lo hacemos. Pero lo hacemos. 
Los hechos no son fortuitos. Solo el pensamiento perezoso atribuye al azar la secuencia de las cosas. En una  pequeña o gran habitación  hay más discursos que  los que se pueden oír. Solo hay que ver, saber ver, estar dispuesto a ver. Pero por encima de todo, hay que estar dispuesto a comprender, hacer el esfuerzo de comprender, intentarlo de todas las formas. Y si no se comprende, entonces guardar la pregunta.
Porque en una habitación,  hay más leyenda, más vida pasada y más mensajes de futuro que todos los discursos y razonamientos que se puedan escuchar.
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La imagen es del artista polaco Jacek Yerka

lunes, 8 de abril de 2019

LA VEJEZ, EL AMOR Y LA QUIMERA


La vejez se  presenta, te recoge y te consuela cuando has perdido las esperanzas, renunciado a las quimeras y ya no sabes cómo enamorarte.
Tiempo de recuerdos, de páginas escritas y en blanco, de horas que no puedes, no sabes calificar.
La vejez se presenta para llevarte a la distancia en cualquier dirección. Sus horas son viajes de paisajes diáfanos, escenarios confusos, diálogos truncos, imágenes que no  siempre tienen continuidad, historias a medias.
La vejez se presenta y la memoria se convierte en un viaje a ninguna parte. Es solo un viaje. 
Entonces recordarás – quizá como un destello – que el amor fue el constructor de ti mismo.
El amor a ti mismo, hacia otros, hacia el entorno, hacia tu tiempo. Es el único abstracto al que abrazamos como si fuera real. Nuestra vida es una carrera acelerada por el afecto. Propio y ajeno. Y en algún momento, descubrimos que el mejor de todos es el compartido.
Cuando la vejez se presenta – si la recibes con dignidad – quizá te cuente que has crecido por el lado bueno de la luna. Ahí donde has ido a recogerte, luego del castigo abrasador de soles no buscados. Porque el sol bueno es el que viene de frente, al que miras en el horizonte.
Cuando la vejez se presenta, descubres que has llegado hasta ahí, sin estrategia, por una  utopía que no has alcanzado a descubrir del todo.  
Porque el amor, el afecto, la ternura, y todas sus variantes desequilibrantes, es lo que  te ha permitido equilibrarte en tu voraz obsesión racional por ser feliz.
El amor bajo cualquier condición, es siempre una quimera. 
Una quimera que te coloca lejos de toda renuncia, toda claudicación.
Incluso cuando la  vejez se presenta.


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Imagen tomada de la Red Pinterest y editada.


martes, 6 de noviembre de 2018

POR QUÉ


La pregunta más breve, más aguda, más precisa, más certera, más profunda  que casi nunca tiene respuesta.

Por qué
El enigma de todos los enigmas, la curiosidad permanente, el reclamo preciso, la causa justa de la pregunta, el interés genuino.

Por qué
El fundamento, el impulso, la aceleración y el freno de todos los avances y retrocesos de la humanidad y sus circunstancias.

Por qué
Dos palabras que recortan el inicio, la indagación,  la identidad, la búsqueda consciente, inconsciente, de todos los miedos, todas las certezas, todos los caminos.

Por qué
El futuro no tiene pasado y el pasado no tiene futuro. O al revés.

Por qué
La mujer, el hombre, toda la humanidad
Por qué la vida.

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Imagen:  Ciudad de Nueva York, Museo Metropolitano ,1975 - Josef Koudelka



viernes, 2 de noviembre de 2018

LABERINTO


LABERINTO
A veces nos perdemos en nuestro laberinto.
Y otras veces vamos a perdernos en el laberinto de otro. 
La cuestión es que siempre salimos o llegamos presurosos en busca de la alegría.
Nos fabricamos un mundo de colores para mitigar el esfuerzo de escaleras, curvas y pendientes.
Así hasta perdernos en el laberinto de ese valor extraño llamado felicidad
Hoy es un día gris con filetes brillantes, acerados, en algún lugar de nuestro entusiasmo.
Está nublado y la llovizna de tanto en tanto, pone el tono melancólico aunque no triste.
El color del día es hondo y abovedado. Es luminosamente gris
Muchos hombres y mujeres han salido apresurados en busca de no se sabe qué, con la excusa de ir a trabajar, cumplir obligaciones de burocracia o satisfacer sentimientos banales.
Solo algunos han salido dispuestos a enfrentar el día. Porque para vivir, hay que estar decidido a doblegar al día, en su absurda obsesión por torcer las voluntades.
Los días urbanos no son igual a otros días. Lo natural aquí  son las normas, las reglas, la burocracia y la descendente moral que justifica su caída en nombre de la convivencia.
Pero en algún lugar de estos laberintos mundanos, humanos, urbanos,  hay almas inquietas, viajeras, festivas, inquisidoras del mal, curiosas de los afectos,  valientes en  las preguntas, dispuestas a las respuestas, deliciosas en la ternura, rebeldes por naturaleza, igual que la vida misma, antes que fuera burocráticamente urbana.
Hoy salgo apresurado igual que vos, ella y todos los anónimos con los que comparto mi realidad natural o virtual o paralela o retorcida.
Salgo apresurado a enfrentar el día  sin saber en qué laberinto voy a terminar. Tal vez sea el mío. Quisiera que fuera en el de ella.  Al final del día, solo quiero estar en su laberinto y perderme con ella.
Eso sí  es la vida. Natural, festiva, auténtica y generosa.

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Imagen de autor desconocido. Se agradece la información

miércoles, 5 de septiembre de 2018

AQUÍ SOLO SE DEVALÚA LA VIDA Y EL PENSAMIENTO


En Argentina lo que se devalúa es el pensamiento, las ideas,  el respeto por el otro, la solidaridad, el patriotismo, el sentido de  grupo, el valor de la ciudadanía, las leyes, la constitución, el acuerdo básico de convivencia, la educación, el trabajo, el salario, la investigación, la cultura. En la Argentina de hoy, lo único que se devalúa de verdad es la vida y el pensamiento. Se trituran los esfuerzos que motorizan la esperanza y al futuro se le da una muerte canalla, por sorpresa y en la espalda.

El texto no pretende ser un  alegato, un canto desesperado, una denuncia desde la rabia. El texto es solo la descripción pormenorizada de los efectos que tienen en la sociedad, los desvaríos conscientes e inconscientes de los Señores del Poder.  Y los Señores del Poder no son una entelequia en la mecánica del razonamiento. Los Señores del Poder  son los dueños económicos de Argentina. Ellos y su personal administrativo. Ellos y su ejército de alcahuetes. Los Señores del Poder son los dueños y administradores únicos de la moral imperante y admitida como válida, como única.

La vida cotidiana de un argentino medio, promedio, normal y corriente, parece que se desarrolla dentro de un Archivo Histórico Nacional. Vive, muere,  revive, muere y vuelve a vivir los mismos sucesos y procesos desde el origen de los orígenes. Un argentino de hoy vive en el mismo escenario social, económico y político que sus padres, sus abuelos y bisabuelos. En las calles de las grandes urbes (Buenos Aires por ejemplo) se mantiene el ritmo agitado de lo cotidiano. Pero mentalmente la velocidad es de vértigo. Las decisiones políticas y económicas que condicionan su vida,  lo dejan en estado de shock.

No se recupera del primer golpe, que ya tiene frente a sí el segundo. Y antes que pueda sacudirse el dolor de los dos primeros, ya tiene en la nuca el tercero. Y el cuarto al abdomen. Y el quinto a la nariz. El argentino medio, corriente y normal de hoy, tiene el pensamiento herido, tal vez sangrando. Tiene el pensamiento desmayado por los golpes. El argentino de hoy no puede pensar. Porque los Señores del Poder lo han aplastado con normas y medidas sociales y económicas. Le han impuesto el miedo y la incertidumbre a las horas de su día. Han dejado su futuro entre paréntesis. Le han advertido que debe tener esperanza, está obligado a tener esperanza. Pero lo han remarcado que  no puede ser su esperanza, la de su familia, su grupo de pertenencia.  No puede ser la esperanza  que se cuece en el amor o la esperanza de sus hijos. Está obligado a tener esperanza en el éxito de los Señores del Poder. Esos que miran por el bien de todos, empezando por sí mismos. Esos que cuidan la moral y los valores de todos, empezando por imponer la propia a rajatabla y sin chistar.

El argentino de hoy lleva meses escuchando las noticias que antes – en otras décadas, en otro tiempo, con otros Señores del Poder – escucharon sus padres. Y antes ya habían escuchado sus abuelos y bisabuelos. Se les habla de trabajo digno, al tiempo que reciben  noticias de despidos. Se les habla de hacer esfuerzos económicos, al tiempo que se les van vaciando los bolsillos. Se les habla de nuevos rumbos y un nuevo país, al tiempo que las relaciones sociales y laborales retroceden en siglos. Se les habla y promete de todo, al tiempo que se van quedando sin nada.

Todas esas generaciones desde 1890 hasta hoy, han escuchado el mismo reclamo y el mismo pronóstico: “si somos capaces de unirnos, trabajar duro y con la mirada puesta en nuestro objetivo, en 20 años tendremos un nuevo país, una nueva sociedad”.  Los más longevos tienen el privilegio de escuchar el mensaje varias veces en su vida personal y laboral. Es el caso de mi padre, que empezó a trabajar a los 14 años y murió a los 92. Todos ellos,  todas esas generaciones, vivieron siempre en la promesa y el esfuerzo, jamás en los hechos y en la realización.

Los Señores del Poder nunca tuvieron más proyecto que un Discurso. Jamás se `propusieron construir nada. Prueba de ellos es que Argentina  entra en una profunda crisis cada 15 o 20 años. Es algo así como licuar, absorber o diluir el esfuerzo colectivo de una generación. A esos procesos agudos se los llama Crisis Económica  y tiene en la Devaluación  de la Moneda su expresión. Algo así como la fiebre que denota una infección en alguna parte del cuerpo. Tras siglo y medio de búsqueda, no se encuentra la infección ni sus causas. Todo indica que las verdaderas razones de la enfermedad son los Buscadores de las Causas, personajes afectados de un mal endémico del sistema: Son adictos a la acumulación del esfuerzo colectivo en beneficio propio.

En este perfeccionado sistema creado, ordenado, administrado y controlado por los Señores del Poder, las noticias (aún los chimentos o sobre todo) son parte fundamental del engranaje. Vuelan los informes sobre devaluación del peso, la gente recibe a diario decenas de consejos útiles para afrontar la crisis, recomendaciones diversas para proteger inversiones,  sugerencias para apuntalar el futuro, toneladas de breves inquietudes sobre qué hacer para no alterar la vida. Todo confluye en agudizar el panorama de crisis, al tiempo que se van desmantelando las principales estructuras de la sociedad. Esas estructuras que construyó la misma sociedad con  su esfuerzo, para beneficio de todos. Esas estructuras que garantizan que las personas puedan trabajar, estudiar, resolver sus problemas de salud, instruirse, investigar, pensar, planificar un futuro propio y tener esperanza. Pero no cualquier esperanza, sino la suya propia, la que fue capaz de imaginar y se siente capaz de construir. Porque ser  artífice del propio futuro, forma parte de tener esperanza.

Mientras a la sociedad se la mantiene ocupada con las noticias de Crisis y Cómo Salir de la Crisis, en realidad se la está llevando como un zombi a la peor de las crisis que una sociedad pueda tener. Esas crisis en donde sus miembros dejan de pensar, dejan de estudiar, se curan como pueden, se alimentan con lo que tienen a mano, no planifican más allá de siete días y el mejor futuro que pueden imaginar es el de tener fuerzas para seguir creyendo que algún día, tendrán futuro.

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Imagen de autor desconocido, tomada de Pinterest. Se atribuye a André Kertész, pero tengo mis dudas.