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miércoles, 24 de abril de 2019

¡QUE VIVAN LAS PÁGINAS EN BLANCO!


Reflexión del día después
Ayer fue el Día Internacional de Libro. Y mañana se inaugura la Feria del Libro de Buenos Aires. En los días previos y en los que seguirán hemos visto, oído y leído cientos de menciones y alabanzas al libro, la literatura, la lectura y los escritores.
Pero en el “Día Después” quiero rendir mi humilde homenaje a “LA PÁGINA EN BLANCO”. Esa insolente, permanentemente desafiante, canalla en sus transparentes condiciones, a veces noble, a veces traicionera, que se deja arrugar y planchar otra vez, le encanta que la borroneen, la manchen, la ensucien, la revuelquen en las mesas de los bares, en escritorios de todo tipo – aun en los mugrosos – que no se asfixia nunca, que siempre pide más y mientras más la cargas más satisfecha se siente.
Si no fuera por ella ningún escritor existiría en este mundo, si no fuera por ella ningún humano hubiera tenido verdadero sentido de lo que es el abismo: el de los otros y el de sí mismo. Si no fuera por ella no habría lectores y yo no podría estar escribiendo lo que estoy escribiendo, por el puro gusto de mancharla. Para que deje de ser “Blanca” de una puñetera vez. 



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Imágen: Arte surrealista. Grigoriou Panagiotis

jueves, 21 de marzo de 2019

OCURRENCIAS… PEDAZOS DE POEMAS


Todos los días borroneando. Escribiendo cosas por acá  y por allá, en la casa, en el escritorio, en el autobús, en la calle, en el mercado, en el café o cualquier otro lugar. Cuántas veces hubo que detener la marcha en una esquina, solo para anotar lo que se acaba de ocurrir. Anotar para que no se pierdan las palabras, para que no se mezclen las frases en la memoria, para que el verbo se quede quieto, ahí donde el pensamiento lo ha puesto. Y si no se puede anotar, entonces ya se sabe: repitiendo y repitiendo mentalmente las frases o versos hasta que se grabe. Como un loco, pero caminando con cara de cuerdo.  
Al  final, quizá no sean más que un par de frases que solo prometen que habrá más. Pero la frase tiene cuerpo y entidad, entonces  podría ser un poema de verdad. O tal vez no. O tal vez sí. Y en eso transcurren los días sucesivos y sus viajes. En el  tiempo, se van acumulando una gran cantidad de ocurrencias o de "pedazos de poemas". Ese es el mejor nombre que pueden tener estas frases. Quizá por eso,  nunca desaparecen.
Eso es lo que son esos textos breves, esas frases, esas palabras que parecen que no dicen mucho, que se presentan como metáforas de buena sonoridad o frases que impactan. Todos esos trozos de poemas o relatos, en realidad son porciones de realidad,  de pensamientos, ocurrencias,  urgencias por declarar algo, precipitaciones e incontinencias que se sirven como tazas de café. Son raciones de “Entusiasmo por Contar”, “Trozos de Vida” que se ven, que se muestran, pero que en verdad, son la punta de algo con mucha profundidad. Pueden imaginar el resto, con absoluta libertad. Pero  es  importante que sepan cómo empieza este juego de imaginar. Antes hubo que escribir y antes de antes hubo algo que encendió una chispa que dio lugar a una frase, que se extendió en otras frases  y después en otras frases. Armando una enredadera de historias o un bosque de árboles complejos cargados de palabras seductoras, atractivas, impactantes. En todo ese proceso hay vida, mucha vida. Y hay algunos dispuestos a contarla  porque hay muchos otros dispuestos a escuchar.
©César Manuel Sarmiento            
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Imagen: Obra de Quint Buchholz

viernes, 24 de agosto de 2018

*/ SALIR UNA DE ESAS NOCHES


NO HAY NADA MEJOR QUE SALIR UNA DE ESAS NOCHES  de apenas niebla, de casi llovizna, de casi frío y humedad. Porque si no hay humedad (y mucha) entonces no sería Buenos Aires, no habría adoquines lustrosos y brillantes ante el menor reflejo. En noches así, sobre todo a  mediados de semana, no hay nada mejor que salir a campear la serenidad de la noche, casi vacía, de apenas gente. Salir a caminar por este Buenos Aires de calle apenas solitarias, casi con alguien que no va contigo y que solo se cruza, que no te registra ni se da cuenta que lo has visto. Salir a caminar por esas calles apenas iluminadas por el reflejo amarillento de faroles agónicos, esos de hace tiempo, casi viejo, apenas de pie. Salir a caminar y escribir al principio de memoria, luego con las manos, deteniéndose de a ratos para que la grafía no se convierta en intraducible. Salir a caminar y escribir y mirar. Y caminar y recordar. Y pensar y caminar. Ver y mirar. Volver a  pensar. Volver a escribir. Y sentir la noche que lleva su curso. Y dejarse llevar por ella.

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Imagen tomada de Pinterest