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jueves, 18 de febrero de 2021

LOS ENTORNOS INVISIBLES

 

Gente diversa, similar y  parecida pero distinta. Muchas de ellas se buscan. Algunas con miedos, otras con decisión. Otras con la convicción de encontrar otro universo en esos desconocidos.

Hay gente que se siente protegida cuando se junta con otros que tienen tantos miedos como ellos. Hay quienes buscan afanosamente gente como ellos, que tenga los mismos miedos. Se sienten tan similares que experimentan una sensación protectora. Comparten dudas y temores. Especulan con volverse como las rocas al unir tantos miedos similares, tantos temores.

A esa unión de temores y necesidades, en esa simbiosis de amparo en el desamparo, a esos cuidados generosos para protegerse mutuamente, le suelen llamar amor. Dicen y se dicen “quererse”. Y tal vez sea justo que lo llamen de ese modo. Porque en el miedo, también se crean afectos genuinos.

Hay otra gente que también tiene sus miedos. Tal vez tantos como los otros. Quizá muchos más. Los lleva en alguna parte y no espera compartirlos. Los va largando por el camino. En sus diarios recorridos va largando miedos y adquiriendo otros nuevos. Son los que eligen la intemperie y la soledad de sus miedos, temores y prevenciones. Son los que eligen la orfandad ante sí mismo, ante la duda y no buscan protección en las respuestas.

Son gente igual o parecida a la otra gente que en la sutil diferencia de estilos, va armando vida de profundidades diversas. Porque los miedos, cuando permanecen en el tiempo – aún cuando se esté protegido por otros con los mismos miedos – dejan heridas. A veces para siempre, abiertas y sin solución.

Pero la orfandad ante sí mismo, solo deja cicatrices que va curando el agua de lluvia cuando se está a la intemperie y el sol de los días cálidos. Cuando el propio sudor de los desafíos van dejando sus huellas en el cuerpo.

Hay quienes viven esperando una segunda oportunidad. Otra más que les permita tomar la decisión que antes no tomaron. Pero la vida no da segundas oportunidades. Solo hay una. Y las que siguen se pueden parecer pero nunca serán iguales.

Porque no es la vida la que da las oportunidades.  Es la ambición personal, la confianza en uno mismo, la perseverancia en el ideal de crecer, de ser mejor. Eso es lo que nos impulsa a volver siempre al camino. La vida no nos da nada que no seamos capaces de construir, buscar, encontrar e imaginar.

¡Seamos audaces! Esa es la consigna y no resignemos nada de lo que se nos cruce por la cabeza.

Es preferible el dolor de una derrota momentánea, a la frustración y la angustia eterna de saber que nunca se intentó.

Es reconocible una persona en la derrota o el retroceso. Pero es completamente desfigurada su imagen y presencia cuando no se ha sido leal consigo mismo. Por más que se haya intentado proteger al calor de otros con sus mismos miedos, temores y vacilaciones.

En estos menesteres de entornos invisibles, la vida es implacable.















Foto de  Prabha Jayesh (en instagram @prabhajayesh )

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lunes, 1 de octubre de 2018

LOS IGNORANTES AL PODER. LOS DEMÁS A REFUGIARSE


Cuando un ignorante se hace con el poder para decidir sobre las vidas de los demás, se convierte en un indecente y un inmoral.
En esos casos ya no es un ignorante, es un ambicioso holgazán que ha tomado el camino de las ventajas solapadas  de las venias, genuflexión y prebendas de los dominantes. Se ha pegado como lapa a los poderosos. Su objetivo es subir los peldaños de un sistema corrupto a base de exprimir su vida hasta la decadencia personal.
Persigue el perfume penetrante del poder hasta saturar su respiración. Quiere ser un igual en el estrecho cielo de los que mandan y deciden. Se prepara cuidadosamente en los modos de conducirse y perversidades varias. Se convierte en un maestro del doble lenguaje. Su única virtud es no tener virtud.
Las democracias occidentales modernas, para nuestra desgracia y muy a pesar nuestro, están llenas de estos personajes. Controlan países, dirigen ejércitos, ocupan altos cargos en todo tipo de instituciones, pero nunca tienen el suficiente poder como para manejar los centros financieros. Ese lugar les está vedado, aunque ellos se contentan con ser los primeros en la puerta de los ocultos despachos.    
Esos ignorantes que ya no son ignorantes, manejan nuestro mundo de hoy. En la letra del tango “Cambalache”, Enrique Santos Discépolo escribe: “(… ) LOS IGNORANTES NOS HAN IGUALAO (…)”. Pero eso fue hace tiempo, en 1934. Ahora nos controlan.
Mire usted su país, mire dentro de él, revise la lista de los que mandan y dígase a sí mismo, cuántos personajes de este tipo tiene en la canasta.
Por lo demás, conviene decir que un ignorante no es el que no sabe o carece  de conocimientos en cualquier disciplina. Es el que no quiere aprender, porque eligió otro camino para pasar por este mundo haciendo daño. 
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Imagen: André Kertész. Place de la Concorde, París, 1928.