Mi gran aventura esta mañana, es intentar averiguar qué dibuja tu mirada desde el brillo tenue de tus ojos. Quiero estar atento y observar las líneas de ternura que salen de tus pupilas.
Se mueven silenciosas, atraviesan las sombras de los árboles del
patio, descansan en el alféizar, trepan al dintel, recorren las penumbras de la
casa, se recuestan un instante sobre las sábanas revueltas de una noche
agitada, vuelan sobre las sombras de las horas pasadas, se mecen apenas un momento
en el aire limpio y despejado que entra por la ventana, se asoman a ver el día,
luego giran a mi alrededor y me dejan tenso hasta que finalmente me acaricias.
Y no me explicas nada. No hay nada que explicar. Nada nos decimos.
Solo mirarnos y nos quedamos largo tiempo suspendidos en el aire.
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