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sábado, 20 de febrero de 2021

QUE NO TE ROBEN LAS ILUSIONES

 

Que nada ni nadie, suceso o acontecimiento personal o colectivo, te llene de desilusión. Es el peor virus de la condición humana.

Rearma tus defensas. Recupera  el entusiasmo. Revisa el objetivo. Despeja el camino  de pensamientos anodinos. Libérate de las ausencias, de los que no están o no quieren estar, de los necios, de los que se evaden, de los que abandonan, o viven en la queja y el lamento.

Vuelve. Lucha. Sigue.  Y nunca des nada por perdido. Ni siquiera lo que te han dicho que has perdido.


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jueves, 18 de febrero de 2021

LOS ENTORNOS INVISIBLES

 

Gente diversa, similar y  parecida pero distinta. Muchas de ellas se buscan. Algunas con miedos, otras con decisión. Otras con la convicción de encontrar otro universo en esos desconocidos.

Hay gente que se siente protegida cuando se junta con otros que tienen tantos miedos como ellos. Hay quienes buscan afanosamente gente como ellos, que tenga los mismos miedos. Se sienten tan similares que experimentan una sensación protectora. Comparten dudas y temores. Especulan con volverse como las rocas al unir tantos miedos similares, tantos temores.

A esa unión de temores y necesidades, en esa simbiosis de amparo en el desamparo, a esos cuidados generosos para protegerse mutuamente, le suelen llamar amor. Dicen y se dicen “quererse”. Y tal vez sea justo que lo llamen de ese modo. Porque en el miedo, también se crean afectos genuinos.

Hay otra gente que también tiene sus miedos. Tal vez tantos como los otros. Quizá muchos más. Los lleva en alguna parte y no espera compartirlos. Los va largando por el camino. En sus diarios recorridos va largando miedos y adquiriendo otros nuevos. Son los que eligen la intemperie y la soledad de sus miedos, temores y prevenciones. Son los que eligen la orfandad ante sí mismo, ante la duda y no buscan protección en las respuestas.

Son gente igual o parecida a la otra gente que en la sutil diferencia de estilos, va armando vida de profundidades diversas. Porque los miedos, cuando permanecen en el tiempo – aún cuando se esté protegido por otros con los mismos miedos – dejan heridas. A veces para siempre, abiertas y sin solución.

Pero la orfandad ante sí mismo, solo deja cicatrices que va curando el agua de lluvia cuando se está a la intemperie y el sol de los días cálidos. Cuando el propio sudor de los desafíos van dejando sus huellas en el cuerpo.

Hay quienes viven esperando una segunda oportunidad. Otra más que les permita tomar la decisión que antes no tomaron. Pero la vida no da segundas oportunidades. Solo hay una. Y las que siguen se pueden parecer pero nunca serán iguales.

Porque no es la vida la que da las oportunidades.  Es la ambición personal, la confianza en uno mismo, la perseverancia en el ideal de crecer, de ser mejor. Eso es lo que nos impulsa a volver siempre al camino. La vida no nos da nada que no seamos capaces de construir, buscar, encontrar e imaginar.

¡Seamos audaces! Esa es la consigna y no resignemos nada de lo que se nos cruce por la cabeza.

Es preferible el dolor de una derrota momentánea, a la frustración y la angustia eterna de saber que nunca se intentó.

Es reconocible una persona en la derrota o el retroceso. Pero es completamente desfigurada su imagen y presencia cuando no se ha sido leal consigo mismo. Por más que se haya intentado proteger al calor de otros con sus mismos miedos, temores y vacilaciones.

En estos menesteres de entornos invisibles, la vida es implacable.















Foto de  Prabha Jayesh (en instagram @prabhajayesh )

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lunes, 5 de agosto de 2019

EXPRESARTE Y HACER ARTE


Hay formas de expresarse y formas de hacer arte. A veces se parecen y a veces son iguales, no se diferencian, son lo mismo.  Hay gente que se expresa y cree que hace arte. Y hay gente que hace arte aunque no pretenda.  Nunca se enterará  que lo hace. No registra sus actos como expresiones. Actúa por impulso natural, desinhibido, sin intenciones expuestas o declaradas. Hay pretenciosos que ni siquiera se expresan, pero aseguran con bombos y platillos que hacen arte.
Yo no sé si hago arte o no. Solo sé que me expreso, que me quiero expresar y que trato de usar varios métodos, sistemas y canales para hacerlo. Tal vez en algunos casos haga arte o tal vez lo haga siempre o no lo haga nunca. Solo sé que de tanto insistir, espero terminar  haciendo arte.
¿Cuáles son los caminos del arte? ¿Cuántos son? ¿Uno… Dos… Cincuenta o miles? Sobre el tema se han escrito tantas sentencias que no da tiempo a revisar esos juicios y debates.
¿Dónde se expresa mejor el arte? ¿En la pintura o en la música? ¿En la literatura? Pero cuál literatura ¿En la narrativa, tanto sea cuento o novela? ¿Es mejor la prosa que la poesía? ¿Pero qué es la poesía si no es prosa ni es música? ¿Puede una pintura ser poesía y al revés y viceversa? ¿Cuántas combinaciones posibles de expresión son necesarias para decir que se hace arte?
Pasarán los días con todas sus noches y estaremos debatiendo. Y cuando creemos que al amanecer tendremos la respuesta, resulta que el día nos deja nuevos  interrogantes, otros desafíos y volvemos a empezar. En el arte siempre estamos volviendo al comienzo. Porque la humanidad toda nunca dejó de indagarse sobre el mismo asunto de su origen.
Dicen que Faulkner afirmó que si Homero no se hubiera muerto, entonces los escritores no existiríamos. Porque para qué iba a haber más, si solo Homero había escrito en la naciente Grecia las claves que nos han distraído el pensamiento desde entonces. Dicen que Faulkner dijo que desde Homero en adelante,  los escritores solo escribimos sobre los mismos temas. Entonces agrego: pero caca uno con su propio ojo, con su propio pulso y con sus propios temblores.
Temblores sí. Porque todo lo que escribes en soledad (en un recinto, en medio de la gente, al aire libre, en un descampado, quieto o en movimiento) exigen valentía. Hace falta valor para expresarlo y redoblar la apuesta al exponerlo. Así es la música,  así es la poesía. Así es la escritura. Y así será, sin duda, en las  demás artes.
No importa cuales sean sus símbolos y lenguajes, cualquiera sea el paisaje y el momento. El instrumento es siempre:  el alma humana.
El papel,  el lápiz, la tinta, la cuerda, el diapasón, el parche, las cajas, la tecla, el cincel, la piedra, los colores,  son algunos de los artefactos a donde se adhiere la soledad para expresar lo que se debe expresar. Porque todo lo que se expresa es un deber, antes que un descargo.
Así ha cambiado y crecido la humanidad. Y así seguirá siendo mientras  haya quienes escriben y tengan la valentía de contarlo. Así seguirá siendo mientras haya  quien por cualquier medio intente expresarse.
Expresar no siempre es hacer arte. Pero cualquiera sea la expresión que pretenda ser arte, debe partir necesariamente de la  honestidad y coherencia consigo mismo, el compromiso con su tiempo  y el desafío al pensamiento. Todo lo demás, es eso: “de más”.
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Imagen: “Sunset and acacia tree in the Masai Mara reserve” de Ignacio Palacios.