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lunes, 6 de marzo de 2023

ANUDADOS EN LA SOLEDAD

En la soledad de este tiempo perdido no veo horizonte ni las puertas de la casa ni las ventanas ni el techo de la habitación ni los extremos de algún mueble. En la soledad de este tiempo no veo ni las miradas. Solo me anudo a la tuya. La única mirada de los únicos ojos.

En la soledad de este tiempo perdido solo te veo a vos encima de mí, cabalgándome desde el pecho, apretando de tanto en tanto mi diafragma para que siga tu ritmo y tu rumbo de amazona desbocada, que recorre estas horas desvencijadas como vencejo que reparte vuelo y primavera.

En mi soledad y en la de todos los hombres, siempre hay una mujer que anuncia los nuevos días. Pero ninguno será como el tuyo. Ninguno será tan armoniosamente inquieto como los movimientos de tu cuello y los gestos de tu cara, mientras cabalgas y diriges la mirada hacia un lado y otro, hacia arriba y hacia abajo, como quien reparte auroras.

En mi soledad de este tiempo vencido solo hay espacio para mirarte desde abajo, como quien enaltece lo desconocido, para tomarte de la cintura y levantarte tanto como pueda, sentir tu cuerpo poderoso, para luego dejarte caer sobre mí, con todo el peso de un futuro al que quiero abrazarme.

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Imagen de autor desconocido tomada de la Red

martes, 30 de agosto de 2022

SUEÑOS DE LARGO VUELO

La soledad  y la tristeza  juegan y juegan entre ellas, desde el mediodía y por la tarde hasta no se sabe qué horas de la noche. Mientras, amasan y amasan sueños como quien los rompe, pero no los rompen.   

Así hasta que logran dejarte dormida.

Entonces te suben al sueño que han estado amasando y también te amasan a ti para que no pienses en ellas. Te aprietan y sacuden como un bollo para llamarte, para que sientas tus propios latidos y encuentres tus manos dormidas.

En el sueño, se mueven imperceptibles en el silencio, para que empieces a escribirte a ti misma un mensaje que diga algo así:

Vuela relámpago de sal,
vuela torrente de luna desgajada,
vuela niña
y atropella esa mujer normal,
vuela niña
rompe la mujer rutinaria y pendenciera,
que no te sabe abrazar.
vuela niña
y sé infinita como la noche
vuela como un rayo de sol
pétalo de vida
¡vuela, vuela!
estrella del amanecer
¡déjate extrañar peregrina del silencio!
déjate amar brasita de alegría
vuela, vuela y vuela

La soledad y la tristeza amasaron toda la tarde, hasta bien entrada la noche, ese abismo de miradas cruzadas entre el interior oculto y la  realidad, ese limbo de incertidumbre que se observa a través de un tenue velo salino que se antepone a los ojos. La soledad y la tristeza te amasaron con los sueños perdidos y por venir, para que no te fueras con el abismo ni el abismo se quedara dentro de ti.

Imagen de autor desconocido, tomada de la Red. 

martes, 23 de marzo de 2021

ALTER EGO

Siempre que la realidad te deja tiritando. Cuando  uno percibe que está en emergencia o después de un tiempo convulso, uno tiende a buscar amparo en una mujer. Cobijo perfecto, cuenco emocional que todo lo abarca. Es mi caso. En otros será distinto.

En ese amparo se reclama el abrazo, se pide el consuelo, se necesita el contrapunto. Otra voz.

Lo percibo como algo natural. Porque cuando la vida se complica y el futuro entra en emergencia, entonces se siente la necesidad del otro, el alterno y complementario, el que se te parece pero no es igual.

Porque en esas circunstancias es preciso encontrar la palabra distinta, el afecto similar y el tacto que te reconcilie contigo mismo y los demás. El otro en estado de vigilia, dispuesto a entregarse para que no te pierdas en el abismo estático  de pensamientos sin continuidad. El otro como alternativa para salir del pensamiento circular  y la vida estaqueada en la contradicción.

Casi siempre, cuando se produce el cruce, se concluye en un abrazo. Como si te estuvieras agarrando a ti mismo. Pero en verdad estás agarrando al otro que tiene tus mismos reclamos.

Y si el abrazo es prolongado, como permanente en un tiempo impreciso de emoción, entonces es muy probable que la mutua solidaridad se reafirme con un beso  que – posiblemente – sea más largo que el abrazo.

Así es, en nuestra eterna necesidad del otro.




Esta gran foto está tomada de la Red. Agradezco cualquier información para consignarla. 

miércoles, 1 de abril de 2020

SOLO NOS MANTIENE LA PROEZA DE ENCONTRAR UN NUEVO FUEGO


Nuestra realidad hoy, no la determinan los gobiernos ni el poder económico ni las ideologías ni las burocracias de las instituciones, aunque pensemos que algo de eso está ocurriendo. Nuestra realidad hoy la impone y conduce la incertidumbre.
No somos nosotros los que fabricamos nuestra realidad en interacción con el entorno social y natural. Hacemos un esfuerzo supremo por crear una realidad y ser coherentes y consecuentes con ella. Y aunque pensemos que lo conseguimos, solo hemos logrado ser disciplinados en el silencio y el aislamiento. Nuestra realidad es el vacío.
Se nos ha dicho que llamarnos a la quietud y el aislamiento es la solución a la emergencia y el único camino que nos llevará al futuro. ¿Cuál futuro? Para eso todavía no hay respuesta. Porque quienes planificaron y dirigieron nuestro futuro, en la aceleración sin sentido de una revolución tecnológica sin valores ni condición ética, no saben hoy qué harán ellos mismos consigo mismo.
El poder de siempre se ha quedado desnudo. Ha mostrado sus grietas, sus inseguridades y no da señales de poner sobre la humanidad una receta magistral, determinante y absoluta – como ha sido su costumbre – para  que la sociedad entera se encolumne y camine convencida hacia una normalidad. ¿Cuál normalidad? ¿La misma que nos ha llevado a este vacío? No lo saben. No por desidia en pensarlo ni por estrategias ocultas de reafirmación de su propio poder. No es por eso, es porque no saben qué sucederá con ellos mismos.
Se nos ha dicho y nosotros repetimos disciplinadamente que estamos en guerra. Pero no se nos ha dicho contra quién. Y los que intentaron descubrirlo se encontraron con el vacío. Una guerra – tal como las hemos conocido – necesita un enemigo. Ese enemigo puede ser un Estado, una sociedad en particular, un grupo tribal, una asociación de malos como en los comic, pero en todos estos casos hay un factor humano. Y cuando hay factor humano, entonces hay violencia. Una violencia que aumenta hasta que un día reaparece el factor sensible, empático, solidario, lo mejor de la condición humana y entonces se acaba la guerra.
Pero en esto que vivimos hoy, que definen desde el poder como “guerra”, nunca hemos visto al enemigo, jamás tuvimos noticias de un ejército, abandonamos el campo, la ciudad y todos los sitios posibles para una batalla. Y nos aislamos. La orden es que no haya ejército, que no nos juntemos, no nos toquemos, no nos abracemos, no hagamos nada de lo que siempre hacíamos. En esta “guerra” no hay soldados que se abracen antes del combate y celebren la victoria o se consuelen tras la derrota. La estrategia es el silencio y el vacío. El dolor se conoce a la distancia y solo por noticias. Lo único que presentimos como real es la muerte.
En el silencio y el vacío del espacio, ante la absoluta falta de ideas y la  incertidumbre hecha realidad, se ha impuesto un paradigma. “Cuidarse a sí mismo y cuidar al otro es no verlo, no tocarlo, mantenerlo a distancia”. Se aplica la frase y el mensaje de “porque te quiero, te quiero lejos”. Un contrasentido para nuestra historia y memoria emotiva. Porque el mensaje, está reñido con lo que sabemos y conocemos de la condición humana.
Si supiéramos que el paradigma futuro será ese y no otro, entonces tomaríamos conciencia de la tragedia. Y a la incertidumbre actual le agregaríamos más incertidumbre, desazón, desamparo y soledad. El silencio y el vacío de hoy no sería una emergencia. Y esa es nuestra duda hoy.
Paradójicamente nuestra esperanza no es una certeza ni una quimera, es esa duda. Es tan potente la amenaza biológica, la emergencia social, científica y tecnológica y la ausencia de ideas, planes y estrategias,  que nos aferramos a la duda.
En esta supuesta  “guerra” sin armas es tan omnipresente la muerte inevitable, la muerte sin condiciones, la muerte sin lucha, la muerte como fatalidad que no sabemos cuándo nos tocará, que elegimos la duda como bandera para que no se nos apague lo último que nos queda: la capacidad de supervivencia.
Instalados en la duda, hacemos planes. Volvemos al pasado. En medio del silencio y el vacío buscamos afanosamente en el pasado, lo mejor de nosotros mismos, los mejores tiempos, la anécdota precisa, la historia concreta. No lo hacemos por nostalgia sino porque en la duda buscamos armas, ideas, elementos que nos permitan pensar en un futuro.
Planificamos cosas y enviamos mensajes de afectos, proponemos planes y esperamos desesperadamente las respuestas. Porque no hay guerra ni virus ni emergencia biológica planetaria que mate la condición básica del ser humano: su dependencia del otro. Lo grupal y compartido está en la esencia de la especie, como en casi todas. La naturaleza nos hizo así, aunque la irracionalidad aplicada en nombre de la razón, nos haya querido convencer de lo contrario.
En el silencio y el vacío, al que fuimos confinados en estos días de emergencia, nos hemos instalado en la duda para pensarnos como individuo, para imaginarnos como grupo y poder sostener una idea de futuro. Cada uno con sus armas y recursos está empeñado en esa tarea ahora mismo, aunque no se diga ni se note. Nadie confiesa sus miedos y mucho menos sus dudas.
En este aislamiento de ausencia absoluta, sin contornos reales e  imaginarios, solo acompañados por “lo que fue” e ignorantes de “lo que vendrá”, poco a poco - en la soledad de cada cual - vamos entendiendo el significado de la palabra Nada.
Aun así, seguimos frotando con las manos trozos de madera seca, raspando piedra contra piedra cada vez con más énfasis y rapidez, esperando que aparezca el rayo original, esperando que de tanto esmero, esfuerzo y persistencia, vuelva a salir el fuego, para mirarlo con asombro otra vez. Y al final, abrazarnos por la proeza.
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Aguafuerte, Aislamiento,  Cuarentena, Covid19, Soledad, Reflexión, Condición Humana, Vacío, Nada, Futuro, Pasado,



viernes, 29 de marzo de 2019

PAISAJE URBANO


Los ausentes, son los únicos presentes.
Los presentes, son los ausentes.
Han sido absorbidos por las horas y los días agitados.
Cotidianidad implacable.

Los presentes están ensimismados.
Ciegos de causas. Atragantados de subsistencia
Entregados a la dinámica chirriante de las cosas del mercado.
¿Tiempos modernos? ¡Horas ausentes, soslayadas!
Negaciones arbitrarias de todos los tiempos.

Los presentes han partido de sí mismo.
Están refugiados en la rutina de proteger el presente
Esforzados y agitados en el camino para llegar no se sabe dónde.
El futuro. ¿Qué futuro? Nadie sabe cómo es.  No saben si será.
Los próximos tiempos no son propios. Son anónimos y colectivos.
Solo los pueden vislumbrar de  noche y entre sueños.
¿Horas deshilachadas? ¡Espacios agujereados!

Los ausentes son los únicos presentes que nos quedan.
Los ausentes son los que nos acompañan
A diario con la memoria de recuerdos, las historias de crecer para llegar crecidos.
Relatos que nos dieron los nombres. Dejaron palabras por aquí y  por allá.
Frases al oído para entregarnos dignidad y moldear nuestra identidad.

Los ausentes son los únicos que nos acompañan en esta realidad anónima y pueril.
Los ausentes. Amigos, compañeros de otros tiempos.
Otra realidad. Otra sociedad.

Los presentes son solo ficciones de la realidad,
Solo para pensar que estamos juntos, aunque sea de a ratos.
Para especular con alegrías que no sabemos si son tales,
Pero nos gusta el relato con  entusiasmo.
Imaginación sazonada  con  expectativa y una  pizca de ilusión.
Siempre presente la posibilidad de vernos alguna vez o quizá solo una.
O tal vez nunca.

Los presentes que cruzamos a diario son solo la fantasía
Una fantasía que nos ayuda a creer que no estamos solos.

Es verdad. No estamos solos.
Nos acompañan los ausentes y su bagaje inconmensurable de memoria
Somos nosotros y nuestra historia. Los que quisimos y se fueron obligados
Los que nunca se quisieron ir, solo  por estar al lado nuestro.

Esa es la razón por la que no estamos solos.



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Imagen: “Brumas en Parque Lezama”. César Manuel Sarmiento. 2018.

jueves, 28 de diciembre de 2017

UN TIEMPO DE VIDA





En la soledad del otro se reconoció la propia. Se cruzaron en un momento extremo. No sabían que estaban tan solos ni que la soledad del otro era el reflejo de la propia. En esa ignorancia se  conocieron. Fabricaron una relación desmesurada, de intercambios profundos, de solidaridades compartidas…
Cada uno reconoció y compartió la  soledad en el otro, al mismo tiempo que no podía pensar ni imaginar su propia soledad.
Sus vidas tuvieron un derrotero sinuoso, con curvas graves, abismales, y rectas agudas que parecían dirigirse al infinito, hasta que algo quebraba esa dirección, esa carrera, esa velocidad, para volver otra vez a los meandros. Cada uno de ellos fue un pequeño espacio de calor inmenso, como una cueva, como un recodo para recogerse, encontrarse, mirarse frente a frente, de orilla a orilla, y lanzarse al centro de  ese río caudaloso, que va formando el deseo por no estar solo, por encontrar al otro, por reencontrarse consigo mismo.
En cada recodo hubo un nacimiento. Y a cada nacimiento le siguió una partida. Otra vez la recta infinita, veloz. La audacia esperanzadora hacia adelante, a veces. El silencio desdichado como letanía, otras.  Cada uno de estos pasos, ejecutados en períodos variables, fue moldeando el alma de cada uno… Hasta convertirlas en diferentes. Ahora con densidad extrema y solidez en el camino, Lo cierto es que se convirtieron en diferentes por distantes, en diferentes por ausencias, en diferentes por diferentes, sin saber por qué se volvieron distantes.
Lo cierto es que cada uno reconoció y recorrió la soledad del otro. La abrazó, la amasó, la acarició, la acunó y la hizo cantar hasta que dejara de ser soledad. Cada uno llenó su vida y la del otro de un amor profundo, intenso, extenso, inconmensurable, para recorrer un tiempo de vida que nunca imagino.
Fueron capaces de crear ese amor. Mucho más y tal vez más.



© César Manuel Sarmiento
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San Telmo, 29 de noviembre de 2017.




Imagen: obra de autor desconocido. Se agradece información.