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martes, 21 de marzo de 2023

TRISTEZA

Qué triste es vivir sin intentar decirte que te amo, sin buscarte, sin tener al menos algún indicio del momento en que pueda abrazarte y decirte que la vida está de fiesta cuando vos estás.

Qué triste es vivir sin intentar. Qué triste es quedarse en el laberinto seco, circular, anodino y casi muerto de pensar el día, cuando no estás, cuando no insisto en buscarte, cuando abandono la idea de abrazarte y perderme en soliloquios de no sé con quién ni por qué.

Qué triste es todo cuando abandono, no me quejo y miro resignado el día sin vos. 

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Foto: Claudio Dell’Osa.

viernes, 2 de noviembre de 2018

LABERINTO


LABERINTO
A veces nos perdemos en nuestro laberinto.
Y otras veces vamos a perdernos en el laberinto de otro. 
La cuestión es que siempre salimos o llegamos presurosos en busca de la alegría.
Nos fabricamos un mundo de colores para mitigar el esfuerzo de escaleras, curvas y pendientes.
Así hasta perdernos en el laberinto de ese valor extraño llamado felicidad
Hoy es un día gris con filetes brillantes, acerados, en algún lugar de nuestro entusiasmo.
Está nublado y la llovizna de tanto en tanto, pone el tono melancólico aunque no triste.
El color del día es hondo y abovedado. Es luminosamente gris
Muchos hombres y mujeres han salido apresurados en busca de no se sabe qué, con la excusa de ir a trabajar, cumplir obligaciones de burocracia o satisfacer sentimientos banales.
Solo algunos han salido dispuestos a enfrentar el día. Porque para vivir, hay que estar decidido a doblegar al día, en su absurda obsesión por torcer las voluntades.
Los días urbanos no son igual a otros días. Lo natural aquí  son las normas, las reglas, la burocracia y la descendente moral que justifica su caída en nombre de la convivencia.
Pero en algún lugar de estos laberintos mundanos, humanos, urbanos,  hay almas inquietas, viajeras, festivas, inquisidoras del mal, curiosas de los afectos,  valientes en  las preguntas, dispuestas a las respuestas, deliciosas en la ternura, rebeldes por naturaleza, igual que la vida misma, antes que fuera burocráticamente urbana.
Hoy salgo apresurado igual que vos, ella y todos los anónimos con los que comparto mi realidad natural o virtual o paralela o retorcida.
Salgo apresurado a enfrentar el día  sin saber en qué laberinto voy a terminar. Tal vez sea el mío. Quisiera que fuera en el de ella.  Al final del día, solo quiero estar en su laberinto y perderme con ella.
Eso sí  es la vida. Natural, festiva, auténtica y generosa.

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Imagen de autor desconocido. Se agradece la información