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miércoles, 27 de marzo de 2019

ESTRATEGIA PARA LLEGAR A NADA


No hacer, postergar todo hasta la próxima luna, dejar en la niebla del invierno las mejores ideas hasta el próximo verano, es algo así como una estrategia para alargar la vida.
Vanamente creemos que la vida son esas pequeñas quimeras que fabricamos, en medio del fragor diario, para que no nos duelan sus consecuencias.
Vanamente creemos que postergar su realización, con la promesa de enriquecerlos mañana,  alargará nuestras vidas.
Vanamente creemos que la muerte recula ante ilusiones. Ilusiones que postergamos para mantenerlas vivas, porque sabemos que se disuelven en euforia en el camino de realización.
Vanamente  nos dibujamos días generosos en proyectos. Ideas, propuestas y entusiasmos que edificamos como murallas para que el vulgar sentido común no nos asfixie.
Vanamente damos vueltas y crecemos en esa alegría que nos dejan  las ilusiones y en el empuje que nos dan nuestras quimeras.
Mientras la vida, eso que el ritmo cotidiano llama vida y normalidad, tritura esperanzas y venturas. 
Mientras,  seguimos y seguimos.  Aunque no lleguemos a ningún lado
Mientras, giramos y giramos. Sin poner el freno en la ilusión,  que termina en desilusión
Tal vez  un día se rompa la cadena, se rompa la monotonía de proyectar y proyectar.
Tal vez  un día saltemos la barrera de la ilusión. Tomemos la decisión.
Tal vez un día, todas esas horas contrahechas, merezcan llamarse día. 


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Imagen: “A silhouette of a passer by in Malé”, FRANCESCO_ZIZOLA/NOOR. 2009.

jueves, 14 de febrero de 2019

LA GENTE NO CUMPLE AÑOS


La gente no cumple años. La gente cumple deseos,  entusiasmos, promesas y esperanzas de venturas. También cumple nostalgias por las promesas perdidas, por el fracaso que no quiere recordar pero lleva grabado en el cuerpo.
La gente no cumple años. La gente solo tiene un momento solemne para recordar (recordarse y recordarles a los próximos)  todo lo que quiso ser y todo lo que está dispuesto a ser.  Es una ceremonia solemne en la que no está permitido el recuerdo de los fracasos. Solo está habilitada la vía de las promesas en la autopista de la felicidad.
Todos cumplimos años. Pero no festejamos los años. Festejamos los años que vendrán. Y está bien. Toda persona de bien, solo se detiene en cuestiones de futuro. Porque es limpio, despejado y a disposición de las quimeras. El pasado es solo el arrabio de lo conseguido y lo que no fue.
La gente  no debería cumplir años. La gente solo debería cumplir deseos o promesas o quimeras o   rebeliones contra la desgracias del “Sin-Futuro”.
La única vida que tenemos está hecha solo de futuro y entusiasmo. Tal vez podamos ponerle algo de talento a ese entusiasmo, pero esa es otra historia. Lo cierto es que nuestra vida no está hecha de pasado. El pasado es solo una crónica de los deseos y quimeras que tuvimos alguna vez.
 La  única vida que tenemos está hecha de futuro. Y  es necesario que – al menos una vez al año – decidamos  hacer esas ceremonia necesaria, que nos convence que tenemos toda la fuerza  posible para llegar a ese futuro.
Un futuro que puede estar en la cima de algo  o solo hasta el próximo aniversario de los deseos. Pero eso ya es otra historia. 


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César Manuel Sarmiento - Imagen ©sarmiento-cms