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martes, 28 de febrero de 2023

PALPITAR SIN LATIDOS

Mírame y esquívame.
Ese es el paradigma de estos días
     (sin rumbos ni líneas ni puntos, eternizados de espera)
 
No te acerques y abrázame. 
     (espesa, dulce y cálida expectativa de pandemia)

En esos mandatos, exigentes los primeros y suplicantes los segundos, está la pulsión que me desboca, me deja vigilante, a veces tiritando, estrujándome las manos, apretando el grito que solo se detiene en la cadencia insistente de las párpados, que obran el milagro de verte y no verte.

Bésame, cuando cierro los ojos. 

No me abraces cuando los abro. 

En este borrador de liturgias equivocadas, el impulso es el centro de las emociones y el mandato que lo frena es la fragua, donde se funde el deseo que no cesa, quema, arde, pero no es. 

Nada es eterno. Salvo el amor contenido en esa orden austera y contundente. ¡Mírame!

Se refleja el instinto en tus ojos. Y en la mirada que te abraza, se me va la vida, pero no la esperanza, se me va el amor en clamor, a buscarte en otro tiempo. 

En tiempos de pestes y pandemia, todo es como un beso que no besa, como un palpitar sin latidos.

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Foto: Zachar Rise (@zacharrise) Modelo: Sonya Shehtman (@sonya_shehtman) 

lunes, 20 de febrero de 2023

AQUÍ DENTRO

               Aquí cerca…

y qué tan cerca.

En el tiempo y en el verbo

En la vida y en los días

Allá lejos y aquí cerca

Allá dónde y aquí cerca

Aquí dentro, muy dentro


Soliloquio. Diálogos contigo. Ausente.
Presencia cierta, profunda, verdadera. En el alma.
Versos que se escuchan por aquí, por allá. En algún otro lugar.
Versos que responden a lo que dicen

 

Si escuchas por ahí que te quiero, diles que no es cierto.

No les creas. No es verdad. Porque no es un solo “te quiero”.

No sé cuánto más. No sé hasta dónde y desde cuándo crece y crece.

Este amor que me obliga a contarlo por las calles. Hablando al universo.

Hablando. Contando. Cantando. Creciendo. Viviendo.

 

Eres la hembra más hermosa de toda la existencia.

Eres la mujer más entera y más auténtica que cualquiera se pueda imaginar.

En los silencios, este amor se vuelve sustento.

A veces pareciera que desvarío. Uno frases, párrafos y comento cosas que parecen inconexas. Pero no es cierto. Hay un relato interior dentro de la casa, en la vereda, en la calle, dentro de mí, en la hamaca, en la sábana en que me acuesto, en el vaso donde debiera beber y el beso que imagino mientas te bebo. Hay un discurso conmigo, una pequeña historia que me está acompañando. Y solo algunos párrafos se desbordan, salen de cauce, se me escapan y quedan expuestos. Pedazos de un relato profundo.  

En este tiempo de solo silencio, de voluntades aisladas, de verdades dispersas, de futuro en litigio, de realidades convertidas en preguntas, este amor penetrante me trasciende, perfora el espacio y se queda atrapado en la palabra.

En este tiempo difuso, quizás ausente, donde a veces se vive y no se vive, mientras espero y no espero, mientras busco y no busco,  este amor siempre regresa, renace, me abraza y se queda como una lumbre junto a mí. 

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Imagen de autor anónimo tomada de la red

viernes, 17 de febrero de 2023

CRECIENTE

A veces
La intensidad de lo posible
La fuerza de lo quimérico
El deseo de permanencia
La arrolladora tempestad de planes y proyectos

La ansiedad por lo inminente, la inmersión, la caladura, la travesía, el desguace de los tiempos vencidos, el ardor de las almas inquietas, el brillo de los cuerpos, el impulso.

La emoción por el tacto que se avecina, el contacto, el calor latente, la fusión, fundición, el deseo refractario, el crisol, fundante de amor y vida.

La integridad del cuerpo que resiste, se resiente, recompone y se desboca al unísono, el lastre dormido que conspira, la furia que se impone, la boca abierta, el final sereno.

La indolencia ante el peligro posible, real, imaginario, presente, ausente, denso y excitante, banal y profundo, propio y ajeno, adentro y afuera.
 
A veces
Los peligros son maltratados, envilecidos, sojuzgados, derrotados.
La intensidad de lo posible tiene más fuerza que la fuerza.
Lo que no debía ser, lo que no iba a suceder, existió.
 
A veces
La realidad es eso que reconoces como verdad.
 
A veces
La potencia de lo que surge desde el fondo de los fondos.
El impulso profundo nacido por el impacto de los amantes
Que se sostiene en el tiempo y en el espacio por el deseo inconmensurable
Tiene más eternidad, realidad y vida
Que todo lo creado.
Que todo el universo que hubiera estado antes allí.
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Imagen: máscara de autor desconocido, tomada de la Red. 

martes, 14 de febrero de 2023

AMAR DE AMARTE

Tengo ganas de abrazarte y abrazarme

Tengo ganas de construir y reconstruirme

Tengo ganas de cantar y de cantarte.

Tengo ganas de contarte una historia, mi historia.

Tengo ganas de contarte los lunares

Quiero tu espalda. Para soñar y soñarte.

Quiero tu vientre. Para ovillar, ovillarme, ovillarnos.

Quiero escucharte. Escucharnos.

Tengo ganas de agitarme. Que te agites. Agitarnos.

Quiero respirarte. Que me respires. Respirarnos.

Quiero olfatearte. Olerte. Quiero tragarte.

Quiero que me muerdas. Quiero comerte.

Quiero besar, besarte, besarnos.

Quiero amar del verbo “Amarte”. Amarnos.

Quiero tu sexo jugando con mis manos. Juguemos.

Quiero  jugar, conjugar, copular. ¡Conjúgame!

Quiero apretarte. ¡Apriétame!

Bésame.  ¡Víveme!  Mátame. Y  volvamos a vivir.

Quiero que me hables, me grites, me susurres.

Te quiero. De querer,  quererte, querernos.

Quiero tus sonidos, tu música, tu armonía.

Te entrego mi ritmo, mi cadencia, mi silencio.

Te regalo el repique de mis dedos en tu cuerpo.

Te doy un beso. Recibo un suspiro.

Te doy suspiros. Recibo besos.

Te beso. Me besas. Nos besamos.

Te amo tanto. Tal vez te ahogo.

Me amas. Y me muero contigo

Soy feliz. La vida no espera.

No quiero esperar, esperarte, esperarnos.

Soy feliz. Por vos. Por mí.

Nosotros. 

Soy feliz.  Por la vida. Tu vida. Mi vida.

Nosotros.

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Foto: Lukecraft (@luke_craft_photography) Modelo: Leesh (@leeshxion)

martes, 7 de febrero de 2023

UN ESCRITOR

Para ser un escritor

Hay que saber bajar a los infiernos.

Hay que saber subir a la vida

Hay que saber caminar en los lugares donde se vuela

Y volar en los lugares donde se camina. 


Ahí estaba la encrucijada para amarla. Esa era la clave de su poesía. Ese era el estado natural de las cosas. Ese era el verbo que debía conjugar si quería estar a su lado. Eso era todo lo que necesitaba saber. Para escribir, ser poeta y amarla al mismo tiempo.
 
En cinco breves líneas, ella me enseñó a describir el único camino posible si quiero conseguir lo que quiero.
 
Para escribir, ser poeta y amarla al mismo tiempo, debes ser altanero contigo todo el tiempo. No hay tregua en lo sencillo ni en la quimera. Hay un solo camino que se impone. Mantenerse despierto, con los ojos bien abiertos, el pensamiento tenso, los sentidos en alerta, la sensibilidad ajustada como un diapasón.
 
El tiempo entre el amanecer y la noche puede ser un instante o medirse como un siglo. Puede traducirse en alimento o en el peor de los desiertos. Puede ser albahaca, orégano y romero. Puede ser silicio, cal y carbonatos. Entre el día y la noche o viceversa, solo hay vida que se prende y que se apaga. Nada es puntual, todo es trascendente. Hasta el gesto más frugal, nos recrea en la memoria. La banalidad es lo único que no deja rastros, aunque queme en el instante. 
 
Un día no es solo un día. Si quieres escribir, ser poeta y amarla al mismo tiempo, entonces debes saberlo. No hay tiempo, no hay treguas, no hay fugas. Solo así, entonces, escribes.
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Foto: El Jinete Imaginario 

sábado, 13 de marzo de 2021

FELIZ CUMPLEAÑOS PARA MÍ.

 CADA ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO ES UNA OBLIGACIÓN VOLVER A FLORECER.

Tengo los años que tengo, más los que quise vivir, más los vividos de verdad, más todos los años que quiero vivir.

En esa hermosa aventura del tiempo siempre me acompañó mi entusiasmo, mi convicción, mi creencia absoluta en la quimera de un mundo mejor, mi ilusión por la felicidad, mí entereza en la contrariedad y la esperanza de que lo mejor del ser humano se imponerse.

En todos estos años he sido lo soy y no el que aparenta que soy ni el que dicen que soy.

Así será hasta el final de mí tiempo.

 

FLORES, UN BUEN VINO Y UN LIBRO.

(una “trilogía” para festejar lo vivido y lo años por venir)

A las 12:45 de un 31 de enero llegué a este mundo hace ya 66 años. Me dijeron que ni bien entré en este mundo, ya me dieron  el primer correctivo. Un chirlo en el culo para

que llorara. Eso que hacen todos los bebés cuando nacen, pero que yo prefería pasarme ese  trámite. Desde entonces, me he  llevado siempre en contrapunto con la sociedad y sus normas. No soy un contestatario al uso, pero soy un observador crítico y constante, que no abandona nunca.

No me gusta ser distinto, proclamar que soy diferente y mucho menos que se me note demasiado en los entornos por donde circulo. Será por ese viejo axioma periodístico, que dice que no debemos ser nunca el centro de la noticia ni ocupar el centro de la escena. Pero por mandato periodístico soy observador, interrogador, crítico si cabe y atento al discurrir de mi tiempo, su gente y sus circunstancias.

En otro tiempo, a la gente con mi edad ya se la apartaba y se le indicaba el camino de la espera. A que llegara el momento de partir de este mundo, con la promesa de ir a otro mejor si eras bueno. Por lo tanto, la única propuesta de vida era “pasarlo bien”, en esa terrible espera del adiós.

Pero tal circunstancia no es mi caso. Tampoco el de muchos otros como yo, que deciden que a los 60 ya es hora de pensar otra vida, pero en este mismo mundo terrenal. Lo del mundo celestial y el tan promocionado paraíso lo dejo para otros que les resulta placentera la imaginería. Lo mío es siempre terrenal, súper terrenal y lo único “celestial” es lo que deviene de la imaginación, que me presta sus fantasías y realidades, para que pueda escribir la poesía que creo que debo escribir. Y digo “debo” en lugar de “quiero”, porque siento que la poesía es una necesidad y quienes podemos hacerla, tenemos el deber de hacerlo.

A los 17 años, cuando decidí ser periodista me propuse imitar a mi ídolo de entonces, Ernest Hemingway. Quería ser corresponsal y escritor. Lo primero lo conseguí relativamente pronto. A los 24 años me fui a España como corresponsal de una de las 3 editoriales más grandes del país, Perfil. Pero no fui escritor en esos años, como sí lo había logrado Hemingway en París. Eso me llevaría mucho tiempo más. Y no terminé siendo escritor por el peso cultural y estético de París, Londres, Lisboa, Barcelona, Madrid o los caminos de España. Me hice escritor por una feliz historia pampeana. Alguien me llevó a la sombra generosa de un caldén. Y ahí empecé a escribir.

Hemingway se mató en 1961. Yo tenía apenas 6 años y sin noticias de su existencia. Cuando concluyó su vida, tenía 63 años, tres menos que yo ahora mismo. En ese momento ya era un escritor consagrado con Nóbel incluído. Claro, había empezado a escribir profesionalmente en 1918. Escribir, para “Papa Hem”, era la gran obsesión. No concebía la vida de otra manera. Aventura y escritura.

Yo he empezado mi andadura de escritor mucho tiempo después.  Diría que empiezo a ser escritor con la edad que Hemingway decidió terminar. Pero es así, porque para eso son tus ídolos. No obstante me alegro de haber podido lograr esos dos grandes objetivos que tomé prestados a mis 17 años. Él lo hizo todo junto (para eso es el ídolo), yo lo hago por partes.

Y acá estamos hoy  “Mi Entusiasmo” y Yo, con la satisfacción de haber sido un buen corresponsal, miembro fundador del Club Internacional de Prensa de España , vicepresidente de la Asociación de Corresponsales de España en un período y dos guerras (Malvinas y el Sáhara ) de cobertura informativa.

Todo lo que viene es el ancho mundo del escritor, el poeta. Y será pampeano en primer lugar, por agradecimiento a la causa que me llevó a escribir. Y luego será de todos aquellos a los que mi literatura les haya dejado algo. Todo lo que viene es una nueva vida. Y al final - cuando sea, cuando llegue - podré decir que he vivido dos vidas en el tiempo de una.   




Foto: El Jinete Imaginario / Sarmiento - cms

miércoles, 6 de noviembre de 2019

EQUILIBRIOS DESEQUILIBRADOS


Generación tras generación se fue acumulando la idea de  equilibrio. Luego se fueron sumando capas y  capas de ese “Sentido Común”   cargado de instrucciones sobre el orden, el crecimiento y la abundancia. Y más tarde se  naturalizó la idea de que el crecimiento se mide por la acumulación.  Algo así como una abundancia a la enésima potencia. Pero en ese raro sentido común de andar por casa, todo es posible. 
Por el método de reducir explicaciones y  aclaraciones innecesarias, los practicantes de ese “Sentido Común” llegaron a esta conclusión: “Si hay abundancia, entonces hay crecimiento. Si se dan los dos supuestos,  entonces hubo y  hay orden. A todo eso, se la llama equilibrio”.
Así se estableció un pensamiento reducido que, sin ninguna vergüenza, se denomina lógica elemental, En el devenir, se pudo elaborar un método para tener una primera imagen rápida de una persona. Mientras más cosas haya en una habitación, mejor será la economía del habitante. Y mientras más cosas ordenadas, según el criterio racional de orden, mayor será su educación y su cultura. Todo un  ejemplo de vida ordenada, cuando a la rutina cotidiana se le llama vida. Pero no dice nada del pensamiento de ese personaje ordenado.
Pero los equilibrios, a veces pueden desembocar en desequilibrios. Hemos crecido tomando como valor absoluta, que el sentido de pertenencia es igual  que el sentimiento de adherencia. No se puede pertenecer si no se adhiere. Toda oposición – aún aquella que no discute ni contrapone, sino que solo interroga – es condición necesaria para la exclusión. Quien no adhiere, entonces no pertenece. Y si no pertenece, entonces queda fuera, al margen o distante. Al poco tiempo, se le cuelga el cartel de excluido. En esa  grey, los que adhieren con devoción irracional, suelen llegar a dirigente entre los que pertenecen.
No indague, no cuestione, no se interrogue, no reflexione. Siga la flecha, no tuerza ni fuerce el orden. Llegará un día que la abundancia entrará por la puerta  y se podrá sentir satisfecho, por haber sido una persona que ha crecido en este mundo.  Esa es la  idea de equilibrio. El equilibrio solo se alcanza si se practica el sentido negativo de la acción de vivir. Olvídese de los Sí. Mientras respete los No, entonces llegará a la meta. No importa la meta. Los que pertenecen al mundo que usted pertenece, se encargarán de hacerle saber que “ha llegado a la meta”.
¿Por qué el sentido común deriva en meandros del pensamiento y circunloquios,  hasta situarnos en un laberinto sin salida? ¿Por qué a ese camino sinuoso se le llama equilibrio? ¿Por qué a esos laberintos que nadie entiende, se les llama “equilibrio”? ¿Quién le puse un corsé al sentido común?
En la austeridad hay equilibrio. Y en la pobreza, el desorden aparente, es el equilibrio que impone el caos. Un resultado forzado que termina  siendo armonioso. Porque el pobre quiere dejar de ser pobre y el caos pugna por encontrar un nuevo orden. Ambos se complementan y tiran para el mismo  lado. No se han  pedido señas de identidad. Solo acordar que  van en la misma dirección. Forzar la realidad e imponer otro orden.
Todos los caos – no importa la magnitud – se sustentan en una armonía que no vemos a simple vista. En esa armonía la que fabrica otra realidad y un nuevo sentido de equilibrio. La tierra surgió de un caos estelar. La vida surgió de  un caos biológico, de incidentes químicos entre elementos que nunca se reconciliaron, solo crearon otra cosa. Porque al fin y al cabo,  la vida no es un equilibrio sino un caos en armonía con quien la vive o la lleva puesta.  
Nuestra historia  revela que hay laberintos equilibrados y ordenados que  provocan extremos caóticos. A esas barrancas sin fondo visible, van a parar todos los que fueron excluidos del “Sentido Común” del equilibrio. Ese que se  construye en base a la acumulación y el orden racional de los objetos. Ese sentido universal de la negación, que todo lo seca, todos lo aprieta, lo asfixia, hasta  estrangularlo.
Los excluidos son los que abandonan y se abandonan, dice la sentencia. El verbo abandonar aquí, solo tiene referencia en el verbo acumular. Quién no acumula, se abandona. Y de aquí, hay un solo paso para afirmar que quien no acumula es pobre. Y quien es pobre es porque se abandona. Por lo tanto es el único culpable de la exclusión.
Pero al abandono no lo producen la pobreza ni la austeridad. Lo produce la derrota emocional y la quiebra del pensamiento racional, que no encuentran nada hacia adelante ni alrededor. El verbo excluir y la palabra excluido, llevan incorporado la clausura del horizonte. Al menos el factor emocional que permite ver el horizonte.
Hay equilibrios que solo producen desequilibrios entusiastas y desequilibrados fanatizados. Los desequilibra el fanatismo por el equilibrio. Tal vez el único equilibrio que debiéramos considerar es el del “Sentido”. Podríamos ahorrarnos eso de “Común”.
Dejemos que los sentidos con los que está dotado un ser humano, actúen en consecuencias. Perciban, interpreten, escuchen, traduzcan, informen, toquen, huelan, se carguen de dudas y vuelvan a poner en funcionamiento sus mecanismos. Casi con toda seguridad,  de todo eso resultará algo que se llama pensamiento. No se puede garantizar que sea equilibrado. Pero sí será armonioso entre el que lo piensa,  su entorno y un poco más acá. Y tal vez tenga algo más que ver con ese más allá que se llama horizonte o futuro o porvenir o lo que sea que el tiempo diga que tiene que suceder.
Dejemos que el mensaje y el mensajero, sea el Hombre y no las Normas.
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Imagen tomada de la Red. Se agradece información para consignarla. 

martes, 2 de abril de 2019

REALIDADES EN DISPUTA


En momentos de crisis, en esos períodos en los que creo que estoy perdido o que está  todo perdido a pesar de mi voluntad, entonces he corrido a refugiarme en el arte.
Pero no es cierto o es una verdad a medias. Solo busco expresar el momento de angustia. También intento buscar una explicación. Encontrar razones por un camino distinto del razonamiento discursivo. A veces, por el  método inefable, se llega a una conclusión coherente, convincente. 
Lo más probable, es que esas respuestas inefables tengan mejor conjunción con ese caos, en el que se desarrollan los días. No hay armonía, pero hay sosiego. Tengo la sensación de descubrir la verdadera cara del enemigo exterior y su confluencia en el interior. Ese enemigo que casi nunca sabemos dónde está y si lo encontramos no  se puede definir.
En los momentos de crisis, cuando no veo el camino o lo que veo se presenta  clausurado, entonces corro lo más rápido que puedo a encontrarme conmigo mismo. Son esas horas, en los que recuerdo (como un golpe brusco de memoria) dónde guardo las  armas emocionales y de pensamiento que me definen como humano. Todo eso que el caos urbano, social y cotidiano ha estado  robándome  en silencio, hasta convertirme en un anónimo. Ausente para los otros y  de mí  mismo.
No es al arte a donde voy. Es a mí mismo a quien estoy buscando. Es hacia ahí donde estoy corriendo – casi desesperado – para no abandonarme. Pero en esa carrera, también busco y encuentro los resultados que otros  han dejado de sus propias búsquedas y corridas. Porque en esos escenarios, a veces sublimes, a veces de luchas sin piedad, es donde se cuece eso que llamamos arte. Así como la vida es consecuencia del agua, el arte necesita vida. Pero el arte es necesariamente también, una consecuencia del fuego.
En ese camino de pensar y pensarme, mirar y mirarme, también recojo todo aquello que han dejado los que me han antecedido en este ejercicio y  batalla temporal. Pero no es el arte a dónde he llegado. Solo he buscado en él respuestas inefables que expliquen los absurdos sociales que arrinconan a diario a las personas.
Otros elijen otros  caminos para sobrevivir. En mi caso, recupero mi condición en ese  mundo incongruente, cargado de mensajes y leyendas de vida. Es donde se aprende la historia de la condición humana. Es donde aprendí a vivir. Es lo  que me ha dejado respirar todo este tiempo. Y el que vendrá.  


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Foto de autor desconocido. Se  agradece la información para consignar. 

miércoles, 19 de septiembre de 2018

¡YO SOY!


La clave del poder la puedo resumir así
 ¡¡YO S OY!!
Dos palabras y el énfasis suficiente como para que te escuches. Si hace falta, entonces grítalo hasta que los pulmones parezcan un diapasón.
Si puedes creértelo, entonces habrás abandonado el anonimato al que te han condenado todos los que tienen poder. Habrás roto ese caparazón que se fue formando alrededor o encima tuyo. Porque quisiste, porque no quisiste y te lo fueron imponiendo con  frases y gestos generosos de un amor de cartón piedra. Por  la educación que recibiste, por transferencia de anonimato general en una sociedad que entiende que aplicar el Sentido Común es igual a la obediencia.
Por la razón que sea, no estás obligado y obligada a seguir asintiendo los mandatos del poder. Esas órdenes indoloras que grupos y personas se transmiten a diario bajo el argumento del amor infinito.
Ya puedes sacudirte todo eso. Descubrirás que no estás muerto o muerta, que has sobrevivido a todo eso. Pero es preciso que interiormente te repitas una y otra vez:
¡¡YO SOY!!
(papeles de diego bugallo)


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Imagen de autor desconocido tomada de Pinterest

viernes, 24 de agosto de 2018

*/ LA ETERNIDAD DEL AMOR


Por qué le pedimos ETERNIDAD al amor. Porqué siempre estamos pidiendo que el amor sea eterno.
Al fin y al cabo, todo lo eterno es solo memoria. Y el amor eterno me sugiere que no es tanto amor, más bien es melancolía; tal vez una letanía.
El amor no debería ser eterno. El amor debería ser cada día un amor, otro amor, un nuevo amor, una nueva creación del amor.
Así todos los días serían diferentes, un amor diferente, un nuevo día, un nuevo desafío, otros inconvenientes, otro sentimiento, otro pensamiento, otra manera de ser.
Un nuevo invento.
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Imagen de autor desconocido.  

viernes, 13 de abril de 2018

NO ABANDONES


Los afectos no se abandonan. Lo que quieres nunca se abandona. Porque no es cierto que te abandonan.
Es posible que tengas un golpe brusco y no los encuentres donde solías. Es posible que se alejen, que se disuelvan, que no se vean como en otros tiempos. Pero siempre estarán ahí, contigo, en la memoria y por dónde vayas. 
Cuando eso ocurra, será complicado. Te confundirás. Pensarás que la vida está quebrada, el alma deshilachada y el horizonte disuelto en tus propias manos. Verás quemado el aliento. Verás el día pero no lo verás. Quedarás expuesto. Pero sabrás que la soledad no es un estado de ánimo. La soledad es una actitud, una contingencia o una elección. Eso depende de ti. El encuentro con uno mismo no siempre es fácil. Es una clave que no todos se animan a seguir.
Pero el pensamiento fluye aunque intentes frenarlo. La vida sigue el ritmo de tus latidos. Todo será complicado. Te confundirás. Pensarás que tienes la vida herida, quebrada. Pero no es cierto. Los afectos están ahí. La memoria del sentimiento te lo recordará siempre. Y te obligará. A ser leal con la historia. A no devaluar lo vivido. A enaltecer el amor. A quererte. Y llevar para siempre esos afectos como bandera. Cada momento, cada camino, cada encuentro y todos los desencuentros son tu libro personal. Ahí está tu identidad. Nunca la podrás cambiar. Solo puedes escribir relatos nuevos, poemas nuevos. No hay otra opción.  
Recoge tu historia, abrázala y levántala. No la abandones. Será tu alimento. Porque todo cambia menos lo vivido, lo aprendido, lo enseñado, lo recibido, lo entregado. Porque todo cambia menos el amor que has tenido y que tienes en alguna parte de ti mismo. A ese amor no lo abandones. Porque él no te abandonará nunca. 
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© César Manuel Sarmiento
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San Telmo, 14 de septiembre de 2017