El suelo se sacudió y presentí.
Sentí que el mundo se despedía de mí.
Quizá también yo… No sé.
Lo abandonaba para siempre o se despedía de mí.
Eso que llamamos mundo
Se esfumó debajo de mis pies.
No quedó rastros de él.
Lo vi partir como un globo
Y alejarse despacio en un vuelo suave, como si flotara.
Como un arca que se despide en silencio.
El aire se percibía tenso. El espacio y mi cuerpo fueron
Desde la curiosa exaltación hasta el miedo a lo desconocido.
Todo estaba en suspensión en el viento suave de voces
Que dejaban una bienvenida, una celebración y apenas algo más.
Absorto
Mirando cómo me miró. Como solo ella mira.
Porque en su mirada hay… No sé lo que hay.
Tal vez el infinito, tal vez el aquí dentro.
Solo sé que esa mirada convierte lo banal en otra cosa.
Le da vida y sentido. Todo trasciende.
Lo efímero y fugaz se vuelve sólido y eterno.
Hubo una sola realidad que impactó y todo se detuvo.
Fue el punto donde se cruzaron las miradas.
Todo lo que sentí fue aventurero y profundo.
Instalado, suspendido, en una galaxia o en el puro cielo.
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