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jueves, 9 de febrero de 2023

EN EL PURO CIELO

Un día me miró.
El suelo se sacudió y presentí.
Sentí que el mundo se despedía de mí.
Quizá también yo… No sé.
Lo abandonaba para siempre o se despedía de mí.
 
Lentamente
Eso que llamamos mundo
Se esfumó debajo de mis pies.
No quedó rastros de él.
Lo vi partir como un globo
Y alejarse despacio en un vuelo suave, como si flotara.
Como un arca que se despide en silencio.
 
Ese día, en el dorso interior del aquel instante
El aire se percibía tenso. El espacio y mi cuerpo fueron 
Desde la curiosa exaltación hasta el miedo a lo desconocido.
Todo estaba en suspensión en el viento suave de voces
Que dejaban una bienvenida, una celebración y apenas algo más. 
 
Me quedé 
Absorto
Mirando cómo me miró. Como solo ella mira.
Porque en su mirada hay… No sé lo que hay.
Tal vez el infinito, tal vez el aquí dentro.
Solo sé que esa mirada convierte lo banal en otra cosa.
Le da vida y sentido. Todo trasciende.
Lo efímero y fugaz se vuelve sólido y eterno.
 
En ese mundo de oníricas percepciones
Hubo una sola realidad que impactó y todo se detuvo.
Fue el punto donde se cruzaron las miradas.
Todo lo que sentí fue aventurero y profundo.
 
Desde entonces estoy o quizá no estoy
Instalado, suspendido, en una galaxia o en el puro cielo.
 
Ese lugar que siempre creí que nunca iba a alcanzar.
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Imagen de autor desconocido, tomada de la Red

viernes, 1 de octubre de 2021

Y NO SABES QUÉ PASÓ

A veces la belleza es una hecatombe.

Se presenta abruptamente, de golpe,

sin permisos, sin licencias.

Es un impacto tan severo, tan arrollador,

que destruye todo por completo.

Nuestras vidas quedan como un líquido disperso.    

 

Tras el golpe inesperado, se nos impone pensar.

Nos obliga a la construcción y a desechar.

Construir. No reconstruir.

Volver al camino. Recuperar el comienzo.

Descubrir y colocar desde los nombres,

hasta buscar las virtudes, los sueños, las ideas

y decidir de qué lado de la vida

queremos estar,

cuál nos pertenece, cuál merecemos.

 

Tras la conmoción, la vida se presenta como el primer día.

Si fuéramos capaces de verla así,

de hacer el esfuerzo por verla así,

entonces habríamos recuperado el reloj del origen absoluto.

 

A veces la belleza

es ese paraíso avasallante que nunca imaginamos,

es ese lugar tremendo que impone la destrucción.

Para volver a crear.

Para volver a creer.

Para volver a crecer.

 

A veces la belleza ni siquiera es bella.

A veces la belleza

es el estruendo incontrolable,

es el instante vacío

que nos desafía, nos obliga

a un nuevo pensamiento,

otra imaginación,

otro camino, otra vida

que tal vez,

contenga algo de belleza.

 

Estas guerras de la dignidad,

que se dan en el interior mismo de uno mismo,

suelen ser un hecho azaroso.

Ocurren alguna vez,

cuando te cruzas con alguien y no sabes por qué.

Solo reconoces el primer embate de las miradas

y luego no sabes qué pasó. 

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Poema del libro Te Besaré A Quemarropa (agosto, 2021)



Obra de autor desconocido


jueves, 5 de marzo de 2020

SOLO SE TRATA DE COINCIDIR


No sólo hay que saber decir sino mejor en qué momento decir. De nada sirve un pensamiento brillante en el centro del sol ardiendo, cuando una simple chispa en la oscuridad, indicará el rumbo posible para encontrar lo que se busca, que tal vez sea el mismo sol, que ha calcinado la idea brillante.
La quimera de todo escritor, es encontrar el momento justo en que su escritura tenga el impacto con la que fue pensada. Ningún escritor en serio, escribe para adormecer el pensamiento y la sensibilidad de sus congéneres. Tampoco busca empatía, su ego no se lo permite. Lo que persigue es el impacto en el otro. Y que ese impacto sea visible, que él mismo lo pueda comprobar. Solo así disfrutará de la segunda parte de esa satisfacción general que es la escritura. Escribir y el posterior impacto son clave, para todo el que se dedique a escribir en serio.
Pero las cosas no siempre coinciden. A veces el impacto se produce un siglo después de la existencia del escritor. A veces el azar es generoso con la banalidad y le otorga al escritor el beneficio del impacto, aunque sea momentáneo o que dure un poco más. Tal vez el mismo espacio de tiempo mientras vive. Y luego todo se disipe y se diluya sin resistencia en la niebla de los pensamientos confusos o en las ideas injustamente condenadas al olvido.
Esto de escribir no siempre se da al gusto de todos. Ni de los que leen o esperan leer lo que quisieran escribir, ni de los que escriben y esperan encontrar a los lectores que a ellos mismos les gustaría ser.
Por eso a veces hay sorpresa en las reacciones de los otros. Tanto si hay apatía como si hay complicidad. Y no digo lo que sucede si hay coincidencia emocional, porque eso ya es el paraíso para quien ha  escrito lo que haya escrito.
No siempre hay coincidencias… Pero lo que se busca afanosamente es alguna  coincidencia,  complicidad o simbiosis total entre el que escribe y el que lee. Porque en ambos ejercicios siempre hay algún tipo de complicidad.
Los que escribimos, en realidad nos estamos leyendo, estamos poniendo en grafía lo que estamos leyendo de nuestro pensamiento, que siempre es mucho más amplio y profundo de lo que atinamos a leer imaginariamente en nuestra mente, en esas fracciones de segundos a veces discontinuas, a veces seguidas y alteradas por la urgencia de querer recordar lo que estamos leyendo de nosotros mismos.
Los que leemos, en realidad nos estamos mimetizando con lo narrado y hasta asumimos el rol de los personajes que protagonizan el relato. Leemos hablando internamente, le asignamos tonalidad, colorido y hasta le damos coloratura a las voces de los personajes, los  intuimos, completamos la apariencia del personaje, más allá de la descripción que haya puesto el escritor.  Y  cuando no  hay personajes y el texto discurre en clave  poética, sin definir al personaje, es muy probable que  nos sumemos a la aventura de ser nosotros mismos los que vivimos eso que se cuenta. Cuántas veces al finalizar un poema pensamos que algo de eso nos pasó a nosotros o nos gustaría que nos pase o encontramos la clave de lo que nos está sucediendo.
Al final, en esto de escribir y de leer, se trata de coincidir. Toda la teoría termina resumiéndose en ese verbo proveniente del latín formado por el verbo “incidiré”  - que significa “ocurrir”, “caer en”  - y el prefijo “co”.  Algo así como que nos ocurren las mismas cosas o caemos o estamos en el mismo estado y lugar.
Pero que en nuestro idioma, la palabra da lugar para referirnos a varias ideas afines. Porque coincidir  también es “concordar” o “estar en conformidad”.  Pero en literatura creo que las acepciones que mejor se prestan son las de “acoplarse o encajar con el otro”. Porque como digo, en esto de escribir y leer tiene que haber siempre una complicidad entre las partes.  Pero coincidir también puede ser usado como “Convenir o estar de acuerdo”. 
Por lo tanto creo que en este proceso de escribir y leer un mismo texto, hay siempre una decisión de Convenir y Acoplarse uno con otro, para que el tiempo, el momento, la circunstancia y la impronta de las ideas y sus personajes, se den en diferentes tiempos pero con igual sentido e intensidad como fueron escritas y necesitan ser leídas.
***


miércoles, 26 de julio de 2017

TRANSFIGURACIONES

Como me gustaría que mi país tuviera tu figura, mi territorio fuera tu cuerpo y tener tu cara tan intensamente cerca que pudiera entenderme con ella en una simbiosis permanente.
Como me gustaría estar en ese lugar que ocupa tu belleza, que me parece tan próxima, aunque siempre a salvo de mis claudicaciones.
Como quiero pertenecer a ese mundo que tú representas, que agita mi pensamiento, altera mis sentimientos y eriza mis sensibilidades.
Quiero estar en esa exaltación a la vida que se produce cada vez que apareces.
Quiero quedarme para siempre en ese espacio de cierta ternura, constantes desafíos, disputas agudas y a veces violentos entusiasmos.
Quiero estar en tu belleza para vivirla y estar vivo.
No quiero someterla, sojuzgarla, apretarla, doblegarla, injuriarla, desmembrarla. La quiero toda entera a ella y a ti que la representas y la tienes guardada dentro del alma.



© César Manuel Sarmiento
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San Telmo, 29 de diciembre de 2016



Imagen de autora o autor desconocido, tomada de es.pinterest.com, guardada por Mina Jafari. Se agradece cualquier información para incluirla.