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martes, 21 de marzo de 2023

TRISTEZA

Qué triste es vivir sin intentar decirte que te amo, sin buscarte, sin tener al menos algún indicio del momento en que pueda abrazarte y decirte que la vida está de fiesta cuando vos estás.

Qué triste es vivir sin intentar. Qué triste es quedarse en el laberinto seco, circular, anodino y casi muerto de pensar el día, cuando no estás, cuando no insisto en buscarte, cuando abandono la idea de abrazarte y perderme en soliloquios de no sé con quién ni por qué.

Qué triste es todo cuando abandono, no me quejo y miro resignado el día sin vos. 

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Foto: Claudio Dell’Osa.

jueves, 16 de marzo de 2023

CLAUDICACIONES

Estamos en guerra para olvidarnos
Estamos en combate con nosotros mismos
¡Ya no sé desde qué tiempo!
Las batallas para olvidarnos se han vuelto eternas
Porque a medida que nos alejamos
Más difícil se hace olvidarnos
Hemos inventado no sé cuántas estrategias
Hemos buscado cientos de excusas para no vernos
Pero yo siempre he sido el más débil
Aun sabiendo que todo final es inexorable
No resisto bien eso de caminar en sentido contrario
Entonces me doy vuelta y me detengo. Solo quiero mirarte.
Pero solo consigo renovar el combate
Para olvidarte. Sentir que debo empezar otra vez
En esta batalla constante por olvidarnos
Siento que vamos fracasando. Con mucho éxito
En este fracaso…
En esta guerra permanente conmigo mismo
Lo único cierto, auténtico y verdadero
Es mi expresión cuando te miro
Es la expresión “¡Cuánto te quiero!”
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Imagen tomada de la Red de autor desconocido.

lunes, 13 de marzo de 2023

DUDAS Y CERTEZAS

Te conozco. A veces no lo sé. 
No te reconozco. Y a veces te conozco demasiado bien.
No lo sé. ¿O sí lo sé?

Estas en mí no sé desde cuándo.

Hace tanto que voy tras tuyo, que sigo tus ondas, que te voy buscando, que te estoy escribiendo, que a veces pienso que te conozco, que nací el mismo día que me di cuenta que te llevo dentro. Porque cuando escribo si sé que te llevo dentro y también es una forma de saber que te estoy buscando.

Tal vez sea cierto esto que escribo y que llevo aquí dentro.

Tal vez sea cierto, igual que todo lo que está ahí fuera.
Tal vez sea tan fuerte como la palabra que está grabada, la que voy escribiendo, la que tengo dentro o la que está allá donde habitas, desde donde me cuentas historias, travesuras y lanzas propuestas.
Desde donde nos miramos con ojos de admiración. 

Te conozco. No te conozco. Te reconozco. No lo sé.

En todos los planos, todas las realidades, todos los instantes de cada día, vamos mutando la piel, los gestos, las emociones, los silencios. Pero no cambian las palabras y su significado, salvo mentira, insidia o despreocupación.
En cada momento puede haber una pequeña revolución. En cada espera hay una esperanza de revolución. En cada segundo hay una expectativa.
En todo momento somos distintos.
Nos reconocemos, nos perdemos, nos caemos, nos levantamos, nos amamos, nos odiamos, nos negamos, nos alabamos, nos juntamos, nos separamos, nos echamos y volvemos. 

Cada día es un punto. Quizá no valga nada. Pero quizá sea el agujero por donde podamos espiar el infinito, el hueco por donde todo se ve. Cada día es el lugar donde todo se puede ver. Es una abertura por donde nos espiamos el alma, nos llamamos, nos reclamamos y a veces nos encontramos. Cada día es una rendija que nos deja ver el alma desnuda. El día es un invento para verse a los ojos, besarse las emociones, apretar las ideas entre las manos, abrazarlas y cargarlas. Decididos. Cada día es un contrapunto.

Hay tantas versiones de un mismo día, tanta ceguera como lucidez, tanta  ausencia como plenitud, tanto trasiego ignorado como instante fundacional. Ese es el punto en donde nos cruzamos. Esa es la intersección del impacto. Ese es el lugar, el comienzo. Es ahí donde siempre quiero estar. Esos son los momentos en que escribo. Porque hay una fuerza interior que me dice: “¡déjalo grabado!”. Cumplo la orden. Porque siempre tengo la sospecha que es el único camino que me llevará hasta donde estás, donde quiero estar, donde siempre quise estar y a veces sospecho que es donde nací. Mientras tanto, en el camino, escribo. Cada palabra es un signo más que me deja conocer, me permite reconocer. 

Te conozco. No te conozco. Te reconozco. No lo sé.

El día que deje de dudar, tal vez ya no escriba más. Quizá sea porque no me reconozca, porque no quiera conocerme. Ese día quizá, ya no sepa para qué sirven las preguntas ni me importen las respuestas. Sin duda, eso será porque te he dejado de querer o tal vez no sepa cómo hacerlo o me haya perdido para siempre.

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Imagen tomada de la Red de autor desconocido. 


jueves, 9 de marzo de 2023

CARTA AL INFINITO PERDIDO

Al fin y al cabo, esta es una historia triste solo enaltecida por la épica que sólo la poesía puede alcanzar. En algún momento deberé escribir sobre estos tiempos, ya despejado el panorama de la metáfora exquisita, que se ha instalado por estos días y se abraza con igual fuerza entre el pie que me sostiene, la garganta y el pecho que se expande y se contrae. 

Nada es tan real como lo que imaginas con fuerza de ilusión. Por eso he sido tan feliz. Por eso te he llevado siempre prendida sobre mí en algún lugar del cuerpo y ahora te guardo dentro, como el centro vital de mi existencia. Pero extrañarte no ha sido fácil ni sencillo ni llevadero. Solo las palabras han acudido a mi llamado y cada una de ellas era un pedacito de vos que se acercaba a la carrera. ¡Tanto hemos festejado en cada encuentro! ¡Tanto hemos hecho y no hemos sido! Creí llegar al infinito y nunca quise regresar.

Al fin y al cabo, esta es una historia triste aunque no lo reconozca. No lo haya hecho ni lo quiera hacer aún hoy. Pero así como los afectos y la ilusión de lo querido crecen y se alimentan de imaginación sostenida, certera y empeñosa, así también el amor es frágil por alguna hendija. Y aunque pueda quebrar torres, abrir murallas y superar todas las prohibiciones y bloqueos, finalmente termina agitado y jadeante en la distancia, arrinconado por un aguacero que no es lluvia, pero moja y es quejido.

Al fin y al cabo, la historia es triste porque hay desvelo pero no hay consuelo para el amor, cuando se presiente que no estarás y no estás. Entonces solo queda la peregrina y solitaria idea de encontrar, en el silencio de la llanura, ese amanecer que sea todo cielo y horizonte de caldén. Para construir otra vez un paisaje interior y dejar espacio para alguna fábula alegre y festiva, que también sea parábola y me explique cómo hacer. Para salir y ver. Para volver a ser sustancia real enamorada. Y abandonarme a tu lado.

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Imagen de autor desconocido tomada de la Red.

lunes, 6 de marzo de 2023

ANUDADOS EN LA SOLEDAD

En la soledad de este tiempo perdido no veo horizonte ni las puertas de la casa ni las ventanas ni el techo de la habitación ni los extremos de algún mueble. En la soledad de este tiempo no veo ni las miradas. Solo me anudo a la tuya. La única mirada de los únicos ojos.

En la soledad de este tiempo perdido solo te veo a vos encima de mí, cabalgándome desde el pecho, apretando de tanto en tanto mi diafragma para que siga tu ritmo y tu rumbo de amazona desbocada, que recorre estas horas desvencijadas como vencejo que reparte vuelo y primavera.

En mi soledad y en la de todos los hombres, siempre hay una mujer que anuncia los nuevos días. Pero ninguno será como el tuyo. Ninguno será tan armoniosamente inquieto como los movimientos de tu cuello y los gestos de tu cara, mientras cabalgas y diriges la mirada hacia un lado y otro, hacia arriba y hacia abajo, como quien reparte auroras.

En mi soledad de este tiempo vencido solo hay espacio para mirarte desde abajo, como quien enaltece lo desconocido, para tomarte de la cintura y levantarte tanto como pueda, sentir tu cuerpo poderoso, para luego dejarte caer sobre mí, con todo el peso de un futuro al que quiero abrazarme.

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Imagen de autor desconocido tomada de la Red

martes, 28 de febrero de 2023

PALPITAR SIN LATIDOS

Mírame y esquívame.
Ese es el paradigma de estos días
     (sin rumbos ni líneas ni puntos, eternizados de espera)
 
No te acerques y abrázame. 
     (espesa, dulce y cálida expectativa de pandemia)

En esos mandatos, exigentes los primeros y suplicantes los segundos, está la pulsión que me desboca, me deja vigilante, a veces tiritando, estrujándome las manos, apretando el grito que solo se detiene en la cadencia insistente de las párpados, que obran el milagro de verte y no verte.

Bésame, cuando cierro los ojos. 

No me abraces cuando los abro. 

En este borrador de liturgias equivocadas, el impulso es el centro de las emociones y el mandato que lo frena es la fragua, donde se funde el deseo que no cesa, quema, arde, pero no es. 

Nada es eterno. Salvo el amor contenido en esa orden austera y contundente. ¡Mírame!

Se refleja el instinto en tus ojos. Y en la mirada que te abraza, se me va la vida, pero no la esperanza, se me va el amor en clamor, a buscarte en otro tiempo. 

En tiempos de pestes y pandemia, todo es como un beso que no besa, como un palpitar sin latidos.

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Foto: Zachar Rise (@zacharrise) Modelo: Sonya Shehtman (@sonya_shehtman) 

lunes, 27 de febrero de 2023

EN LA EMERGENCIA


Vuelve donde solías, toma tus cosas.
Asegúrate que la cueva mantiene el desorden de siempre.
No te detengas. Pasa de largo estancos y almacenes.
Salta las barreras banales del mundo corriente,
llenas de instrucciones, recomendaciones, sugerencias y obligaciones.
 
Vuelve donde solías. Sigue el camino de entonces.
Busca en los recodos algún mensaje, un trozo de señal, alguna pista.
Recupera. No te distraigas. Recupera lo que fuiste soltando.
Cosas que fuiste dejando cuando la llamabas a gritos o en silencio.
Cuando escribir algo, era darle forma al deseo.
Seguro que algo encontrarás.
Por más desesperadas que sean las horas y las corridas en la ciudad.
Por más que los atropellos destruyan todo al pasar.
Seguro que algo encontrarás.
 
Vuelve donde solías y recógete.
Hay inminencia de muerte por las calles.
Se respira tragedia y desesperación.
Se siente el jadear en la respiración de unas gentes
que temen perderlo todo, sin reparar que ellos mismos se perdieron hace tiempo.
 
Vuelve donde solías y no te detengas.
Pero antes asegúrate de cargar en la mochila,
algunas palabras sin las cuales no puedes sobrevivir.
Carga también
lo que ha quedado de los mensajes del camino,
lo que has encontrado, recuperado y recogido.
 
Carga hasta los silencios y no olvides las miradas.
No te olvides del recuerdo cuando ríe.
No te olvides de ella aunque no ría.
No te olvides de ti cuando te mira.
No te olvides de ti cuando la miras.
No te olvides de escribir. Y suma algunos verbos más.
No te olvides de sus fotos para colgar en la ventana.
 
Carga la mochila con ruidos si hace falta.
Algunas ropas y dos botellas de vino para algún anochecer.
Un trozo grande de amor y una bolsa de besos para desayunar.
¡Échale valor! Al hierro de la incertidumbre míralo fundir.
 
Abrázate al impulso que te lleva.
Consigue ternura para el amanecer.
La vas a necesitar. Tendrás que dársela,
si se presente una mañana para decir:
¡Abrázame! Yo también quiero estar aquí.
 
Ahí sabrás que no estás sobreviviendo
Y te han llamado a vivir.
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Foto: tomada de la Red atribuida al fotógrafo Lok Hong (@lok_hong)

viernes, 17 de febrero de 2023

CRECIENTE

A veces
La intensidad de lo posible
La fuerza de lo quimérico
El deseo de permanencia
La arrolladora tempestad de planes y proyectos

La ansiedad por lo inminente, la inmersión, la caladura, la travesía, el desguace de los tiempos vencidos, el ardor de las almas inquietas, el brillo de los cuerpos, el impulso.

La emoción por el tacto que se avecina, el contacto, el calor latente, la fusión, fundición, el deseo refractario, el crisol, fundante de amor y vida.

La integridad del cuerpo que resiste, se resiente, recompone y se desboca al unísono, el lastre dormido que conspira, la furia que se impone, la boca abierta, el final sereno.

La indolencia ante el peligro posible, real, imaginario, presente, ausente, denso y excitante, banal y profundo, propio y ajeno, adentro y afuera.
 
A veces
Los peligros son maltratados, envilecidos, sojuzgados, derrotados.
La intensidad de lo posible tiene más fuerza que la fuerza.
Lo que no debía ser, lo que no iba a suceder, existió.
 
A veces
La realidad es eso que reconoces como verdad.
 
A veces
La potencia de lo que surge desde el fondo de los fondos.
El impulso profundo nacido por el impacto de los amantes
Que se sostiene en el tiempo y en el espacio por el deseo inconmensurable
Tiene más eternidad, realidad y vida
Que todo lo creado.
Que todo el universo que hubiera estado antes allí.
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Imagen: máscara de autor desconocido, tomada de la Red. 

martes, 7 de febrero de 2023

UN ESCRITOR

Para ser un escritor

Hay que saber bajar a los infiernos.

Hay que saber subir a la vida

Hay que saber caminar en los lugares donde se vuela

Y volar en los lugares donde se camina. 


Ahí estaba la encrucijada para amarla. Esa era la clave de su poesía. Ese era el estado natural de las cosas. Ese era el verbo que debía conjugar si quería estar a su lado. Eso era todo lo que necesitaba saber. Para escribir, ser poeta y amarla al mismo tiempo.
 
En cinco breves líneas, ella me enseñó a describir el único camino posible si quiero conseguir lo que quiero.
 
Para escribir, ser poeta y amarla al mismo tiempo, debes ser altanero contigo todo el tiempo. No hay tregua en lo sencillo ni en la quimera. Hay un solo camino que se impone. Mantenerse despierto, con los ojos bien abiertos, el pensamiento tenso, los sentidos en alerta, la sensibilidad ajustada como un diapasón.
 
El tiempo entre el amanecer y la noche puede ser un instante o medirse como un siglo. Puede traducirse en alimento o en el peor de los desiertos. Puede ser albahaca, orégano y romero. Puede ser silicio, cal y carbonatos. Entre el día y la noche o viceversa, solo hay vida que se prende y que se apaga. Nada es puntual, todo es trascendente. Hasta el gesto más frugal, nos recrea en la memoria. La banalidad es lo único que no deja rastros, aunque queme en el instante. 
 
Un día no es solo un día. Si quieres escribir, ser poeta y amarla al mismo tiempo, entonces debes saberlo. No hay tiempo, no hay treguas, no hay fugas. Solo así, entonces, escribes.
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Foto: El Jinete Imaginario 

viernes, 12 de marzo de 2021

LOS OJOS QUE INTERPELAN

Escribir poesía no presupone hablar difícil. La poesía no está obligada a ser hermética ni quien la escribe a ser incomprensible. Pero tampoco puede ser didáctica y explícita hasta el hartazgo.

Porque quien lee poesía debe saber que no es una acción pasiva. Porque si quien lee no aporta imaginación, entonces de nada servirá que lea poesía.

La poesía es como esos ojos que interpelan. En algún momento sientes que te proponen, otras que te inducen, otras que te provocan, otras que te interrogan. 

Y algunas veces sentirás que hay una respuesta para una pregunta que no te has formulado. 

Entonces - si te animas - empieza esa búsqueda interior para saber dónde y cuál es esa pregunta. 

Ninguna afirmación es en vano, pueril, inocentes, desinteresada, casual o intrascendente. Una afirmación puede ser muchas cosas, pero esas no.  Con la poesía ocurre algo parecido. Solo que al pensamiento que expresa, luego hay que agregarle el adicional que interpela y propone. 

Escribir poesía lleva implícito un compromiso con las ideas y los laberintos sensibles. La emoción nunca es una circunstancia, sino siempre una consecuencia. Y aquí es donde interviene el lector de poesía. Sin esas emociones, nunca habrá poesía. Entendida la palabra en su máxima amplitud de comprensión y definición. 





















Foto tomada de la Red. Se agradece información sobre el autor para consignarlo.

 


sábado, 4 de abril de 2020

A NOSOTROS NOS QUEDA LA MÚSICA


Estos cassettes solo se escuchan de vez en cuando. Solo están para recordarme que la felicidad siempre es posible y que alguna vez existió.
Junto a otros pocos, tienen un lugar de primera línea en la biblioteca de la sala. Los compré en una casa de música cerca de la Puerta del Sol, al día siguiente de ir a un recital que dio en un teatro de Tirso de Molina, junto a Pablo Milanés y Silvio Rodríguez. Eran tiempos de “Entre Amigos”, ese magnífico álbum que en el Madrid de “La Movida” escuchábamos por todos lados.
Eran los meses previos al triunfo del partido socialista, el primero en la transición tras el regreso de la democracia. Eran tiempos en que los recitales de Ana Belén y Víctor Manuel, Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos, Paxti Andión, Lluis Llach y Paco Ibañez, sin olvidar a Camarón, Tomatito y Paco de Lucía, llenaban estadios y andábamos las semanas previas  tarareando canciones, para que el recital no nos encontrara huérfanos de entusiasmo y sin poder acompañarlos en el fraseo. Andábamos, como dice la canción de Kiko Veneno, “Volando voy, volando vengo”…. “enamorados de la vida que a veces duele”
Eran los tiempos en que pensábamos que íbamos a tener la España que habíamos imaginado desde mucho tiempo. Tanto los españoles, por haber nacido y criado allí, como por los invitados a la democracia, como yo o mi amiga Laura, criados en la Argentina lejana, pero que habíamos crecido leyendo de esas esperanzas de los españolitos de a pie.
Pero nosotros éramos distintos a todos porque vivíamos en Vallecas, el barrio del insumiso que hoy se va. En cierto modo, igual que toda la gente del Puente de Vallecas, sentíamos que nos pertenecía o que él escribía y cantaba lo que queríamos decir, los que de esa zona de Madrid.
Fueron años de profunda reflexión y mucha más acción. Fuimos una generación precoz, moldeada al fuego de las prohibiciones. Nos agarramos a los artistas (músicos, poetas, actores, pintores y escritores varios) como quien se toma a un salvavidas en un océano, que nos había sido adverso desde el nacimiento. Fueron tiempos en los que los juglares ocuparon el lugar de los líderes y los héroes. Fueron tiempos en los que  vivíamos convencidos de que el arte se instalaría definitivamente. Y ellos fueron los encargados de expresarlo.
Crecimos esperando cada día una nueva poesía que nos interpretara y nos ayudara a explicarnos, comprendernos y – si se podía o se daba – también amarnos. Sin que nadie les diera el cargo, fueron los responsables de cuidarnos el alma, para que no se nos rompiera más de la que ya estaba rota. Crecimos con ellos y ellos crecieron con nosotros. Los pusimos arriba solo para poder alentarlos desde abajo con vítores y aplausos. Porque los artistas también tienen un alma que necesita que la mimen. Ellos lo hacían con la nuestra y nosotros con la de ellos.
Fueron tiempos en las que los artistas vivían entre nosotros y no había mediadores de discográficas que nos dirigiera la forma de hablarles. Fueron tiempos en los que te podías cruzar con ellos en alguna calle, como nos ha pasado con Aute, en la Plaza de Puerto Rubio o las terrazas de la calle Peña Gorbea, para  los que vivíamos por allí cerca. Bajábamos desde El Portazgo por la Avenida de la Albufera.

Eran los años en los que Sabina era Joaquín. Y se movía como un pez, por la calle de Toledo entre Plaza Mayor y la Plaza de la Cebada con escapadas a Tirso de Molina y a Sol. Eran los tiempos en que se juntaba con los macarras de Viceversa para hacer rock y blues. Eran los tiempos de reuniones y conciertos intimistas, acústicos, entre la protesta y el humor con Javier Krahe y Alberto Perez en el sótano de La Mandrágora, en la calle de la Cava Baja,donde también cantaba Aute algunas veces. Noches largas y días interminables.  

Eran los tiempos en que Joaquín tocaba rock en los pueblos de Madrid con Viceversa, cargando los trastos en el maletero y el techo del taxi de Manolo que vivía allí, entre ellos mismos, en la Plaza de la Cebada. Eran los tiempos de “Pongamos que hablo de Madrid”. Eran los tiempos de juglaría por las calles y en televisión. 
¡Era tan lindo ese Madrid o aquella Barcelona! ¡Eran tan lindos Bilbao y Portugalete cuando sonaba Paxti Andión! ¡Era tan linda Granada cuando había recital de Carlos Cano! ¡Era tan bonito llegar a la bahía de Cádiz porque sabías que Camarón estaba cantando en San Fernando! La felicidad quizá tenga muchas versiones. Y a lo largo de nuestra vida jamás conoceremos a todas, pero con ellos nosotros conocimos y vivimos una de esas formas de la felicidad.
El insumiso Aute, para nosotros, o Luis Eduardo Aute Gutiérrez, para el Estado, se ha ido hoy 4 de abril. Y supongo que no le debe agradar para nada,  que hoy elevemos tristezas y desazón. Supongo que el letrista del amor en las cosas simples, el juglar de Vallecas, el poeta de las cosas profundas, preferiría que nosotros cantáramos por él. Para recordarnos a nosotros mismos, que la felicidad es posible y que alguna vez la  conocimos.
El rebelde que compuso “La Belleza”, se va a los 76 años gritando las mismas cosas que discutía con empeño en las mesas de los bares o desde el  escenario “Y así sucede, que entre la fe y la felonía, la herencia y la herejía, la jaula y la jauría, entre morir o matar... Prefiero amor, amar, prefiero amar, prefiero amar”, como dice en la canción Prefiero amar. 
Compañero, amigo, artista, poeta, juglar, te llevaremos en el corazón lo que nos reste del camino. Y si hoy hay llanto, no solo es por ti, sino también por nosotros.
Si son verdad los versos de Machado, “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar”, entonces tú has hecho el tuyo y a nosotros nos queda por seguir. Y en ese seguir, a nosotros nos queda la música.
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Foto: sarmiento-cms / el jinete imaginario