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jueves, 13 de abril de 2023

AUNQUE NO ESTÉS

Tu sombra es más fuerte y más profunda que todas las distancias. Alma generosa de amplio vuelo y sueños largos. Presencia firme en las auroras. Frondoso amor de atardecer incierto. Sombra peregrina. Fulgor de los silencios. En tus grises formas, con bordes de plata en el contraluz, se protege el sentimiento, para ser más intenso que todas las distancias. Tu sombra no es la noche ni contrapunto de luz. Es la vida, como animal agazapado, resistiendo, a punto de abordaje. Tu sombra es tu presencia ahí donde parece que todo se ha perdido.

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Imagen de autor desconocido, tomada de la Red.

miércoles, 24 de agosto de 2022

EL DÍA, LA ALEGRÍA Y YO

Cuando declinas la mirada,
cuando inclinas la cabeza en dirección a ninguna parte,
cuando cierras los ojos,
entonces ya sé que el día
entra lentamente en la noche.
Y yo con él. Y yo contigo.

El día, la alegría y yo
vamos a guarecernos entonces,
en las penumbras de tus brazos extensos como alas,
en las sombras sobre tu cuerpo.
Góndolas oscuras. Vasija de vida.
Ahí todavía suenan, como un eco,
el antiguo crepitar del día
y tus amores laboriosos.
Fulgor, audacia y ternura.
Cruzan la luz
hasta la quietud acogedora del silencio. 

Así, el día, la alegría y yo, adormecidos, 
nos acercamos a tu pequeño fuego interior
y nos cubrimos de calor en un manto de cabellos.
Sueño dulce y sereno que acompaña a las estrellas,
disputa con las nubes y festeja con la luna.

Así, hasta las próximas horas.
Cuando vuelvas a abrir los ojos.
Para acariciar el día
y abras la puerta de la fertilidad.


Imagen de autor desconocido, tomada de la Red.

miércoles, 10 de agosto de 2022

SE APAGA EL DÍA

Se va la tarde
en un otoño de ocres, brillos y contraluz.
Se va el día en amarillos sigilosos.
Y yo que te llevo en la punta de la boca.
Y tú que me vuelas entre los ojos.
El atardecer es un hilo tenso, extendido, sin recorrido preciso, que se ovilla en el cielo y se desovilla entre mis manos cuando escribo: “en sus cabellos está la danza y sólo ahí baila la esperanza”.

Se va el aliento
entreverado con la brisa, suavemente mecido,
igual que las ramas de los árboles en ese camino
donde solemos agitarnos con un beso.
Se va el suspiro detrás de tu sonrisa.
Belleza feliz, luna desplegada, noche de pupilas frescas y festivas.

Se va el día
mientras celebro
el universo que contiene tu mirada.
Se van las horas.
Y te siento en todas partes.
Y te abrazo y no te abrazo.
Tú tan viento y yo tan árbol.
Yo tan verso y tu tan verbo.
Y algo nuestro volando en el camino, sin nombre y sin tiempo, que hemos llamado:
palabra – presencia  – amor – existencia”.
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Foto César Manuel Sarmiento (@eljineteimaginario)


viernes, 5 de noviembre de 2021

LUCERO EN MI PENUMBRA

Si algo le faltaba a la tarde, era el lucero que pedía la noche para ser noche. Para ser horas que se alumbran en penumbras. Para ser tiempo febril en el brillo de la mirada. Para ser audacia agazapada en la boca. Para ser latido en el pecho, en el beso y el abrazo.

La noche llegará, sin duda, lucero mensajero. No sé. Quizá no importe. Solo sé que estás aquí. Has venido para que la noche sea noche, para que deje todo lo que tengo, entregue las defensas de palabras y me deje llevar.

Si algo me faltaba en este día, era que aparecieras y me llevaras. Me tomaras en silencio, sin palabras, solo me llevaras. Y me abandonarás entrada la noche, en las líneas cálidas de tu cuerpo.

Si algo me faltaba para sacudir la torpe y obtusa monotonía, era sentir el viento fresco del otoño, recorriendo la espalda, para dejarme desnudo, erizado y conmovido.

Si algo estaba necesitando, era ir desenvolviendo pensamientos, dejarlos repartidos por la casa, ahí donde mejor se acomodaran. Más tarde, cuando las horas fueran propicias, quizá se unieran otra vez para contarme otra realidad. Cada tanto, se rebelan contra mí. Mucho más cuando apareces tú.

A tu lado, las noches han sido siempre vibrantes, aunque estemos sin movernos y en silencio. En esos momentos, el único ritmo que tenemos es el del corazón que se expresa por las manos. En cada pestañeo, burbujas de luz nos iluminan de a poquito cada vez.

La noche ahora es más noche y el lucero brilla con más intensidad. En mi penumbra, ella es el lucero. Es una luciérnaga que habita dentro de mí o creo que está dentro de mí. No lo sé. Solo sé que cada noche entrega tanta luz, que la profunda oscuridad se vuelve claridad.

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Poema publicado en Te Besaré A Quemarropa (agosto 2021)

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Imagen: foto de Sandra Cattaneo Adorno