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martes, 28 de febrero de 2023

PALPITAR SIN LATIDOS

Mírame y esquívame.
Ese es el paradigma de estos días
     (sin rumbos ni líneas ni puntos, eternizados de espera)
 
No te acerques y abrázame. 
     (espesa, dulce y cálida expectativa de pandemia)

En esos mandatos, exigentes los primeros y suplicantes los segundos, está la pulsión que me desboca, me deja vigilante, a veces tiritando, estrujándome las manos, apretando el grito que solo se detiene en la cadencia insistente de las párpados, que obran el milagro de verte y no verte.

Bésame, cuando cierro los ojos. 

No me abraces cuando los abro. 

En este borrador de liturgias equivocadas, el impulso es el centro de las emociones y el mandato que lo frena es la fragua, donde se funde el deseo que no cesa, quema, arde, pero no es. 

Nada es eterno. Salvo el amor contenido en esa orden austera y contundente. ¡Mírame!

Se refleja el instinto en tus ojos. Y en la mirada que te abraza, se me va la vida, pero no la esperanza, se me va el amor en clamor, a buscarte en otro tiempo. 

En tiempos de pestes y pandemia, todo es como un beso que no besa, como un palpitar sin latidos.

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Foto: Zachar Rise (@zacharrise) Modelo: Sonya Shehtman (@sonya_shehtman) 

viernes, 3 de febrero de 2023

ESE MAR

Eterno comienzo.
Retiro, retroceso y de nuevo empezar. Así cada día.    

El mar llega hasta la orilla con la parsimonia de un elefante y sacude la  playa con la fuerza de un rinoceronte.

El mar y su perseverante constancia de sacudirlo todo, de revolverse a sí mismo, de retorcer sus propias entrañas y lanzarse sobre la orilla hasta aplastarla sin piedad.

La ola apenas es el extremo impulso de ese cuerpo mastodóntico. Es igual que un par de manos con los dedos abiertos en su máxima amplitud. Es un puño que lentamente se desprende, extiende sus falanges y atrapa todo lo que puede sobre la orilla y un poco más allá.

En su regreso, tras la avalancha de energía envolvente, vuelve a sus entrañas con la dulzura de una caricia que va repartiendo sobre la playa.

Mientras escribo, la siento sigilosa a mi costado. Percibo su tierna solidaridad. Silenciosa siempre con simples y breves estallidos de vez en vez. Ella es como ese mar.  

Es una ola que cuando rompe en la orilla, avanza y retrocede, sacude y se lleva todo, limpia y despeja la playa, golpea y humedece la arena seca. Vuelve hacia adentro. Se recoge, crece y regresa en una cresta. Se pelea con el viento, reparte rocío en el ambiente y anuncia su poderosa presencia. Nunca sabes qué dejará cuando vuelva en retroceso y se pierda otra vez en la profundidad, solo para tomar fuerza y volver otra vez.

Todas las horas que escribo, ella es como ese mar que todo lo puede. En cada avalancha de palabras, ella es esa ola que revuelve, ordena y les da otra identidad. Mis historias duran el tiempo que se tome esa ola en estallar. Parecen que tienen final pero es solo un descanso para volver a empezar. Ella es esa ola y ese mar. Y lo que escribo son eslabones de algo que siempre vuelve distinto, diferente, a empezar.

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Imagen: Dokar Medina Camaño (@dokar_mc_fotografo). Modelo: Luz (@luz_arte_vivo)

lunes, 1 de noviembre de 2021

¡SONRÍE!

Déjame un beso de luz.

¡SONRÍE!

extiende esa boca hasta el infinito

lánzame colores y te devolveré amores

muéstrame horizontes en las palmas de tus manos

y seré peregrino de tus amores.

Déjame un beso, abre tu boca

tomaré tu aliento y haré canciones

sencillas, sutiles, engarzadas en tu cuerpo.

Déjame tu mirada. Tómame la mano

y andaré por esas líneas que indican tus ojos,

seré equilibrista, seré caminante, seré

en tu cuerpo de primavera

lo que tu fuerza y esencia de mujer

diga

qué debo ser.

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Imagen de autor desconocido, tomada de la Red.

miércoles, 14 de marzo de 2018

PLAN DE OPERACIONES


No sumemos desesperación
Sino magia
No sumemos angustias
Sino inventos
No sumemos tragedia
Sino impulso
No convoquemos derrotas
Tengamos la vida como bandera
¡Despleguémosla!
Y dejémosla flamear. 



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© César Manuel Sarmiento
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San Telmo, 02 de octubre de 2017