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sábado, 13 de marzo de 2021

FELIZ CUMPLEAÑOS PARA MÍ.

 CADA ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO ES UNA OBLIGACIÓN VOLVER A FLORECER.

Tengo los años que tengo, más los que quise vivir, más los vividos de verdad, más todos los años que quiero vivir.

En esa hermosa aventura del tiempo siempre me acompañó mi entusiasmo, mi convicción, mi creencia absoluta en la quimera de un mundo mejor, mi ilusión por la felicidad, mí entereza en la contrariedad y la esperanza de que lo mejor del ser humano se imponerse.

En todos estos años he sido lo soy y no el que aparenta que soy ni el que dicen que soy.

Así será hasta el final de mí tiempo.

 

FLORES, UN BUEN VINO Y UN LIBRO.

(una “trilogía” para festejar lo vivido y lo años por venir)

A las 12:45 de un 31 de enero llegué a este mundo hace ya 66 años. Me dijeron que ni bien entré en este mundo, ya me dieron  el primer correctivo. Un chirlo en el culo para

que llorara. Eso que hacen todos los bebés cuando nacen, pero que yo prefería pasarme ese  trámite. Desde entonces, me he  llevado siempre en contrapunto con la sociedad y sus normas. No soy un contestatario al uso, pero soy un observador crítico y constante, que no abandona nunca.

No me gusta ser distinto, proclamar que soy diferente y mucho menos que se me note demasiado en los entornos por donde circulo. Será por ese viejo axioma periodístico, que dice que no debemos ser nunca el centro de la noticia ni ocupar el centro de la escena. Pero por mandato periodístico soy observador, interrogador, crítico si cabe y atento al discurrir de mi tiempo, su gente y sus circunstancias.

En otro tiempo, a la gente con mi edad ya se la apartaba y se le indicaba el camino de la espera. A que llegara el momento de partir de este mundo, con la promesa de ir a otro mejor si eras bueno. Por lo tanto, la única propuesta de vida era “pasarlo bien”, en esa terrible espera del adiós.

Pero tal circunstancia no es mi caso. Tampoco el de muchos otros como yo, que deciden que a los 60 ya es hora de pensar otra vida, pero en este mismo mundo terrenal. Lo del mundo celestial y el tan promocionado paraíso lo dejo para otros que les resulta placentera la imaginería. Lo mío es siempre terrenal, súper terrenal y lo único “celestial” es lo que deviene de la imaginación, que me presta sus fantasías y realidades, para que pueda escribir la poesía que creo que debo escribir. Y digo “debo” en lugar de “quiero”, porque siento que la poesía es una necesidad y quienes podemos hacerla, tenemos el deber de hacerlo.

A los 17 años, cuando decidí ser periodista me propuse imitar a mi ídolo de entonces, Ernest Hemingway. Quería ser corresponsal y escritor. Lo primero lo conseguí relativamente pronto. A los 24 años me fui a España como corresponsal de una de las 3 editoriales más grandes del país, Perfil. Pero no fui escritor en esos años, como sí lo había logrado Hemingway en París. Eso me llevaría mucho tiempo más. Y no terminé siendo escritor por el peso cultural y estético de París, Londres, Lisboa, Barcelona, Madrid o los caminos de España. Me hice escritor por una feliz historia pampeana. Alguien me llevó a la sombra generosa de un caldén. Y ahí empecé a escribir.

Hemingway se mató en 1961. Yo tenía apenas 6 años y sin noticias de su existencia. Cuando concluyó su vida, tenía 63 años, tres menos que yo ahora mismo. En ese momento ya era un escritor consagrado con Nóbel incluído. Claro, había empezado a escribir profesionalmente en 1918. Escribir, para “Papa Hem”, era la gran obsesión. No concebía la vida de otra manera. Aventura y escritura.

Yo he empezado mi andadura de escritor mucho tiempo después.  Diría que empiezo a ser escritor con la edad que Hemingway decidió terminar. Pero es así, porque para eso son tus ídolos. No obstante me alegro de haber podido lograr esos dos grandes objetivos que tomé prestados a mis 17 años. Él lo hizo todo junto (para eso es el ídolo), yo lo hago por partes.

Y acá estamos hoy  “Mi Entusiasmo” y Yo, con la satisfacción de haber sido un buen corresponsal, miembro fundador del Club Internacional de Prensa de España , vicepresidente de la Asociación de Corresponsales de España en un período y dos guerras (Malvinas y el Sáhara ) de cobertura informativa.

Todo lo que viene es el ancho mundo del escritor, el poeta. Y será pampeano en primer lugar, por agradecimiento a la causa que me llevó a escribir. Y luego será de todos aquellos a los que mi literatura les haya dejado algo. Todo lo que viene es una nueva vida. Y al final - cuando sea, cuando llegue - podré decir que he vivido dos vidas en el tiempo de una.   




Foto: El Jinete Imaginario / Sarmiento - cms

viernes, 31 de enero de 2020

¿CUÁNTOS AÑOS TENGO?


Me gustaría que fueran 20 y mejor todavía que fueran 30. Pero tampoco me quejo si son 15 y me apena pensar que son menos de 10. Dicen que Galileo Galilei explicó en cierta ocasión, que la verdadera edad es la que tenemos por delante y no los años transcurridos desde el nacimiento. Esos ya los gastamos. En la historia o cualquier otra ciencia social, la edad no es más que una cronología. Pero en la condición humana, la edad es un espacio atemporal de recuperación del pasado y construcción del futuro.
Suponer la edad por lo que nos queda por vivir, genera las tensiones de lo desconocido. Pero no tiene nostalgia ni melancolía. No hay tristezas por lo que no se va a recuperar. Pensar la edad según la probabilidad de futuro,  solo es posible en términos de quimera. Pueden llamarlos deseos también o esperanzas y si prefieran, calzarse la edad como una utopía. Pensar la edad así, obliga precisamente a pensar y luego cargarse de estrategias para apuntalar esas ideas que se van juntando con los días.
En cada aniversario del nacimiento, siempre hay una vocación de refundación. Y se venera la edad pasada como algo necesario para pensarse, definirse, criticarse, recomponerse y desafiarse. Cada aniversario lo vivimos como un nacimiento. En la cronología de las horas de ese día, se acumulan propuestas, deseos y buenas intenciones. Se festeja la lluvia de pensamientos generosos. Y al final, el cuerpo queda  vestido con ese traje transparente llamado ilusiones y la convicción de que algo bueno sucederá. Cada aniversario es un acto de fe consigo mismo.  
La edad del documento es otra cosa. Los años vividos ya sé que no los tengo. No se han ido. Solo han pasado y cada uno de esos años está en algún lugar de la memoria y se turnan generosos para llamarme de vez en cuando y decirme que están ahí y tienen cosas que contarme. Porque los años pasado siempre tienen cosas nuevas que contar.  Mientras pensamos que ya no tenemos más conclusiones, ellos saltan de algún estante de la memoria, corren apresurados, se colocan frente a mí y me muestran una leyenda: “Hay más”.
Muchas veces dudo al atenderlos, desconfío o más bien me siento temeroso. Ya saben… Los recuerdos son esas armas de doble filo con las que te puedes cortar si no eres precavido y los usas con cuidado. Porque los recuerdos – en última instancia  - no son otra cosa más que un viaje al interior de uno mismo. Y no siempre o cualquier día estamos preparado para hacerlo. Pero en los aniversarios del nacimiento, uno siempre está más dispuesto a las osadías. Aceptar el reto de la memoria, es una de ellas. Pero como toda osadía, la decisión tiene esa carga de audacia, deseo, inconsciencia y cautela temerosa por lo que pueda suceder. Todo bien mezclado para que las sensaciones no se puedan diferenciar.
Cada aniversario de la apertura a la vida, los años pasados querrán decir sus cosas. Es natural. Pero en el vocerío de hoy, mientras los años dejan, sobre la mesa donde escribo, cientos de historias, solo quiero decir algo: “Estoy feliz de cumplir años”. Porque es importante saber cuál es mi sentencia, la que he elegido para este día, entonces empezar así, el recorrido sobre esos años pasados y las conclusiones que dejan sobre la mesa.
Estoy feliz de haber llegado hasta aquí, haber hecho el recorrido que hice, de no haber renegado nunca de mis ideales, de tener el entusiasmo intacto como el primer día y que las derrotas no me hayan sumido en la melancolía.
Soy hombre de quimeras, pero no me gusta ni quiero perderme en ellas. No soy persona que se deje llevar a las nubes por las ilusiones. Mi decisión siempre es estar afirmado, bien sostenido en el suelo que piso, a donde pertenezco, y preparado para dar el salto.
Hago esfuerzos por mantener intacta la confianza en mi persona. Aunque no siempre lo logro. Solo eso. Trato de reconciliarme en todo momento con mis pares. No me refiero a los que piensan igual que yo. Me refiero a las personas con las que disiento, pero llevamos el mismo objetivo como horizonte.
Imaginé y puse mi esfuerzo por construir un mundo mejor del que tenemos. Pero no soy necio y puedo reconocer que, en el que vivimos, tiene infinidad de progresos respecto del pasado. No creo en el nihilismo que todo lo achata. Es falso que nuestro mundo es peor que el de hace 50 años o un siglo. Nuestro mundo hoy nos parece insuficiente y limitado, sencillamente porque hemos crecido y no nos conformamos con lo conseguido. Pienso en el conjunto de la vida como un hecho social. Pienso en el hombre en su constante afán de superación. Cuatro imbéciles con ambiciones de poder (aun ejerciéndolo) no son nada, comparado con el irrefrenable camino de la humanidad hacia un mundo más simple, más generoso, más solidario, más sustentable y amigable con la condición humana.
En todas esas luchas del progreso humano he tratado de estar. También estuvo en muchas de las derrotas. Pero cualquiera que sea el balance, quiero decir que me siento feliz de haber estado, de haber participado.
Ahora, con algo de distancia sobre los acontecimientos importantes de mi vida, solo pienso en una cosa. El sol mañana aparecerá despacio en el horizonte del río y me hará la misma pregunta: ¿Cuáles son tus desafíos de hoy?
En nombre de los amores que tengo y para corresponder al alma inquieta que llevo dentro, estoy obligado a responder: “HOY ESTARÉ UN POCO MÁS ALLÁ DE LAS ESPERANZAS”.
Será así, mientras “Mi Entusiasmo” esté dispuesto a ser de la partida.
... 


Foto: sarmiento.cms /el jinete imaginario