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jueves, 17 de octubre de 2019

QUÉ CULTURA ES ESA CULTURA


El sistema produce una cultura. Y nosotros estamos dentro de esa cultura. Hay quienes  piensan, sienten, que es la única posible. Asocian la idea de paz, felicidad y bienestar a esa cultura. Otros,  la  interrogan, la cuestionan, ponen  en duda sus valores, crean sistemas alternativos, se rebelan.   Pero qué cultura es esa cultura.
Mientras cada uno  disfruta o se rebela, el sistema sigue produciendo cultura. “Su Cultura”. Una cultura  que se origina en las usinas propias del poder y no en el corazón de la gente que la  vive,  sobre la que influye, la determina, la  condiciona y le  marca rumbos. Miles de medios informativos, de entretenimiento, sistemas de esparcimiento, la difunden como valores. Unos valores con apariencia de universales, establecidos, inamovibles, ancentrales y originales. Todo es aparente. Pero la generación de esa cultura y su divulgación,  deja la sensación de “Real”. Se repiten los mensajes, llamados y convocatorias hasta que la gente  cree que esa cultura es “Su Cultura”, la única cultura.
Esa cultura también es “Su Cultura” para quienes se  oponen, quienes cuestionan,  quienes la interrogan y se rebelan. Cientos de formas alternativas son usadas a diario para expresar el malestar, los reclamos y los ensayos de posibles, probables e improbables cambios. Hay expresiones de revoluciones profundas. Pero son solo expresiones que no cuajan en los hechos. Son expresiones que quedan como símbolos, íconos o mojones del momento en que se expresan. Son sellos de su tiempo. Son definiciones generacionales. Son huellas sociales de la diversidad. Son marcas de resistencia.
Muchas de esas propuestas, reclamos y ensayos terminan siendo tragados en el tiempo. El sistema cultural tiene su casillero de “Anonimato”. Algunas pocas ideas terminan incorporados al  corpus  de la cultura que produce el sistema. Así, se crea la aparente ilusión de que la cultura del sistema ha sido modificada. Entonces los oponentes del sistema sienten que  han logrado una victoria. Pequeña, pero victoria al fin. Y en cierto modo, se crea alguna empatía entre el sistema, “Su Cultura”  y la crítica.
Desde hace algunos siglos vivimos bajo el paradigma del  “Consumo” y la “Mercancía” como ícono central del pensamiento. Todo se vende, sobre todo las ideas. Quiero pensar que el acto de vender  surgió de  un pensamiento solidario por satisfacer la necesidad del otro. Pero no puedo desconocer que la venta generó una ganancia, que dejó en el vendedor una gran satisfacción. Podría tener otras cosas, que solo tenían lugar en la imaginación y el deseo. Las tres sensaciones (satisfacción, imaginación y deseo) suelen ser un narcótico sutil, que las mentes pequeñas traducen como avaricia. No importa si es emocional, sentimental o material. El asunto es que es avaricia. Deseo de poseer y acumular. Ambas cosas son obligatorias para los interesados en tener más de lo que necesitan o tener lo que no necesitan, pero lo tienen ellos y no los demás. El pensamiento así expresado, es casi la definición previa de un robo.  
En la vida cotidiana, todos sabemos que donde hay cosas que se venden, también hay cosas que se roban. La venta y el robo son consustanciales, se complementan y cuando existe una, obligatoriamente existe el otro. En ese mundo, las ideas y el pensamiento son las primeras víctimas, aunque no haya tiendas de ideas o escaparates de pensamientos ni vengan en colores,  clasificados por tallas. Las ideas son como las bacterias. Es el germen de otras cosas que veremos en el tiempo. Por eso se roban. Porque es una “bacteria” que lleva en  su interior alguna clave del futuro.  Y futuro es la gran quimera humana, al tiempo que genera desesperación por predecirlo, fabricarlo, moldearlo, determinarlo y hasta vivirlo antes que suceda. Todos se dirigen animados hacia algún futuro, pero en la desesperación por llegar o en la espera, obligan al futuro a hacerse presente. Y en ese momento lo asesinan. Así es como se produce el robo de ideas. A esas “bacterias” se las roba para matarles el gen de futuro que llevan dentro. Las ideas son “bacterias” extremadamente frágiles, fáciles de combinar o de contaminar. Por ese atributo,  el sistema que produce cultura, la prostituye y la convierte en una mercancía que se puede consumir. Esa idea (esa “bacteria”) ya no tiene el gen de futuro. Es una mercancía, es un fósil, que se puede consumir. Así se consuma el robo. Un robo que luego se vende.
La gente sencilla y corriente también produce cultura. En sus casas,  las calles,  los pueblos, las ciudades, en el campo y en los lugares más remotos de la geografía. Pero esa cultura no se ve. El conjunto del cuerpo cultural que la gente produce en forma anónima,  desinteresada y por la dinámica propia de la vida y sus necesidades primarias, nunca lo vemos. En  forma fragmentada aparece en el aparato ideológico de divulgación que tiene armado el sistema. Nuestra percepción sobre esa cultura es atomizada. No disponemos de medios materiales para verla. Carecemos de un criterio para valorarla. La cultura popular solo se mantiene en pequeñas comunidades, que tienen la firma convicción sobre sí mismo y sus valores. Es casi una condición de resistencia para no ser arrasados. Sus valores están siempre en pugna con la cultura del sistema y en no pocas ocasiones son vencidos.

El “Uso” y el “Abuso” son atributos de la “Mercancía” y condición necesaria para el que produce bienes y necesita como el agua,   sostener la idea central del “Consumo” como causa que unifica los deseos, voluntades y posibilidades de la gente. Esos dos aspectos trabajan silenciosamente en el interior del sistema cultural. Van creciendo en la misma medida que crecen las personas. A  más edad, más “Uso” y “Abuso”. En el mundo gentil y vaporoso, a los dos conceptos se les cambia el nombre y se los menciona como “Necesidad”.  Todos sabemos que las tres palabras son cosas distintas. Pero el sistema las ha homologado como sinónimos. Una mentira. Se dirá que es inocente, solo con  la intención de acotar las expresiones. Otra mentira. Y si seguimos, hay un montón de términos que en el sistema cultural del sistema, han cambiado de significado.  
Así, construir el edificio de la cultura  ha sido más fácil, porque se  han usado atajos y se han confundido o tergiversado los valores que dice tener, fomentar o sustentar. Entonces “Ser” y “Tener” han terminado siendo sinónimos. Todos sabemos que no lo son. Cuando escribimos,  leemos o analizamos los hechos y la vida de los  otros, aplicamos las distinciones de los términos. Pero en la vida personal no. Porque si elegimos y admitimos  que los términos son sinónimos,  entonces nos ahorramos el debate personal, interior,  reflexivo sobre quienes somos. Y las dudas las resolvemos en las tiendas o en los mercados o en los bancos. Mientras tanto el “Uso” y el “Abuso” van creciendo con nosotros. Y como nos sienta bien lo de los sinónimos, entonces preferimos llamarlo “Necesidad”. Pero si se trata de otro, entonces no hay sinónimo que valga. Es un “Uso” y “Abuso” en toda regla. Es decir, la cultura que produce el  sistema nos ha regalado otra de sus premisas básicas: el doble lenguaje,   el doble razonamiento, el doble pensamiento, el doble rasero, el doble sistema de valores.
La dicotomía, la doble faz, la doble versión, son consustanciales a la cultura que produce el sistema. Esa cultura no puede presentarse en su integridad. Necesita del eufemismo porque no puede confesar la verdad sobre los valores que defiende. No puede decir que los valores, los sentimientos, las emociones y los compromisos sociales y raíces de pertenencia, son “Mercancías” puestas en circulación para que la gente consuma. El sistema funciona con sinonimias,  eufemismo y metáforas. No puede ser concreto.  No puede decir la verdad. Necesita mentir para sobrevivir. Pero tampoco puede decir que miente. Entonces usa términos como “metalenguaje” y “pos verdad”,  para no decir que miente.
El sistema cultural ha prostituido a la metáfora, uno de los principales argumentos de la poesía. La ha puesto en otra función. La ha disciplinado como una función comercial a través de la propaganda y publicidad. La ha despojado de su valor literario y disparador del pensamiento. Al mismo tiempo ha vulgarizado la poesía. Metáfora y Poesía son elementos cruciales para el crecimiento de la vida y el pensamiento. Es de lo mejor que ha producido la capacidad humana. Es  un producto diferencial entre  las especies. Pero se han cambiado los significados y con  ello se ha oscurecido y confundido la comprensión de los hechos.
Se llama “Sensaciones” a las respuestas mecánicas de la gente, ante las acciones de provocación  emocional que el sistema produce a diario, a través de  su aparato ideológico de comunicación y entretenimiento. Una mentira. Esas “Sensaciones” son reacciones involuntarias. Esas “Sensaciones” no tienen emoción ni sensibilidad. Son efectos  tras una inducción pervertida. Pero para  el  sistema cultural, cumple  la misma función que la “Metáfora” poética. Es la cuota necesaria de emotividad,  que permita esconder la mecánica sistemática de vida, cuya principal característica es ser anodina,  anónima, disciplinada y neutra. Lo que el sistema llama “Sensaciones”, son mentiras asignadas al comportamiento y la comprensión de la gente sobre tal o cual hecho o acontecimiento. El sistema cultural funciona como un sistema radial de hongos producidos por la humedad en una pared.
En este esquema perverso de reversión de ideas, palabras,  frases y razonamientos no es sencillo ser rebelde. No es fácil cuestionar la cultura del sistema y sostener, al mismo tiempo, un esquema de pensamiento que no esté afectado de doble discurso, de doble faz.  La coherencia y la honestidad intelectual no son atributos naturales del ser humano. No vienen en el ADN. Ambas cosas son una construcción personal y colectiva. Pero si el paradigma colectivo es el opuesto, entonces esa construcción se vuelve más difícil y – con frecuencia – oscila en reflujos de avances y retrocesos hasta alcanzar algún punto de solidez, desde donde se puede continuar. Algunos lo consiguen y siguen adelante, otros lo consiguen y plantan bandera definitiva y muchos otros abandonan.
Parecer rebelde es relativamente sencillo. Se trata  de usar un lenguaje opuesto y mantener usos y costumbres que desentonen del uniforme social establecido por el sistema cultural. Se trata de hacer o producir cosas que contradigan el sentido común, pero que no lo cuestionen en su tronco y raíz. Ya se sabe que toda afirmación necesita de una refutación para volver a afirmarse. Todavía no está claro si parecer rebelde es  una bendición, que ha recibido el sistema para garantizar su sobrevida,  o  un invento del propio sistema, como anticuerpo necesario para matar la verdadera crítica.
Es posible que un rebelde aparente haya tenido en su comienzo, una auténtica convicción de interpelar al sistema y de proponer un cambio de paradigma. Pero la tarea no es fácil ni bien empieza la andadura, por eso no es condenable el abandono. Lo patético y nocivo es convertirse en una caricatura irónica de la persona con convicciones, que interpela a la sociedad y su cultura desde el pensamiento y la honestidad. No es  posible interpelar a la sociedad y revertir su sistema cultural si se mantiene el paradigma de que “todo se vende”, “todo es asequible a través del consumo”, incluso la protesta. Si los paradigmas personales  siguen siendo el “Uso” y el “Abuso” de bienes materiales y emocionales, además del consumo y la venta de ideas, pensamientos y valores, entonces la crítica y los reclamos se hacen con las mismas armas que el sistema, entonces la tarea es estéril.  Cuando los actos, pensamiento y valores de  conducta son los mismos de esa cultura mediada entre  el poder, los medios de  comunicación y la sociedad, entonces  la crítica es vacía.
Nada cambiará, si en  lo personal seguimos siendo tributarios de la   cultura del sistema. Las acciones y la construcción de futuro no se definen por el  discurso o por el traje de escena, sino por el  sentido que se le imprima a los pequeños actos  de la vida cotidiana. El futuro se construye en cada minuto, en cada detalle. Y el resultado es la sumatoria de todos esos instantes. No puede haber un futuro diferente a lo que  han sido nuestros actos presentes. La coherencia temporal de las  ideas, es condición  necesaria e ineludible.
No  basta el traje ni el oficio. Porque escribir, pintar, cantar, enseñar, investigar, esculpir, aprender, hacer música, ser austero, observador de  las cosas simples y elementales de  la  vida diaria,  aplicarse en ellas,  aplicarlas al uso cotidiano, no son  cosas de  esta cultura. Eso es de siempre. En todo caso esta cultura y el sistema que la produce, se valen de esas artes, habilidades y comportamientos, para traicionar a través de esas técnicas, la  esencia de los valores elementales de  la condición humana.   Pero todas esas técnicas, artes y oficios son una herramientas invalorables en la construcción de  futuro. Son instrumentos que esperan ser usados para construir futuro. Una construcción que en perspectiva tenga al progreso, la solidaridad, la naturaleza, la conjunción y la vida como elementos claves complementarios,  necesarios y obligatorios.   
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Imagen: Grand Central Terminal. New York City. 1941

viernes, 3 de mayo de 2019

LA CULTURA ES COMO LA NATURALEZA


La cultura de los pueblos, de cualquier sociedad, es como la naturaleza. Todo el tiempo se está revelando, sublevando, contestando al esfuerzo de las instituciones por sistematizarla, ordenarla, organizarla.

Igual que la naturaleza, que cada tanto hace sentir su furia y destruye lo que los hombres entienden como progreso inexorable; en el mismo sentido, la cultura se reproduce en los bordes de esos límites impuestos por el afán de institucionalizar en nombre de algo o alguien.
Me refiero por cultura a esas creaciones anónimas, colectivas, fundidas en la fragua de la complementación y solidaridad creativa, sin ánimo de autorías y con la sola idea de comunicar cambios, crecimientos y preguntas. Eso extraño, analizable y casi indefinible que llamamos Cultura,  es la única forma que los humanos tienen para sobrevivir, garantizar su existencia como especie y reproducirse más allá de los límites biológicos.
La cultura, como la naturaleza, es inasequible, imposible de dirigir aunque se la intoxique cada tanto y se confunda a los pueblos y sociedades sobre sus verdaderos valores culturales.
La cultura y la naturaleza son entidades vivas en constante transformación. Gracias a ello la especie humana todavía existe en este planeta. No es el sistema el que nos ha garantizado la existencia. Es la cultura en constante evolución y la naturaleza que nunca se deja dominar.
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 Ilustración futurista de Tishk Barzanji

jueves, 18 de octubre de 2018

LA ESTACA CULTURAL


Me gusta hablar de la cultura en sentido antropológico. Pero detesto los debates en los medios que tengan a la cultura como objeto. Me gustan las tertulias desinhibidas entre amigos, donde la cultura pueda ser parte de la charla, pero detesto las tertulias programadas que tengan a la cultura como punto excluyente.
No se habla de cultura. Parece que se habla de cultura, cuando en realidad se habla de estereotipos y clichés, que sirven como estacas para marcar los estamentos sociales y sus comportamientos morales dentro de una sociedad. No se habla de cultura. Se expone erudición y enciclopedismo. Ambas cosas permiten a los participantes mantener breves combates dialécticos, que concluirán cuando una de las partes reconozca que la otra sabe más. Es así como en determinados círculos, surgen campeones de la tertulia cultural enciclopédica.
En demasiados casos se utiliza a la obra de arte como cuña, para diferenciar los niveles socioculturales de las personas. A mayor conocimiento, más alto es el lugar que se ocupa. Pareciera que cierto tipo de reuniones culturales estuvieran organizadas ex profeso. Porque no es la cultura lo que se persigue clarificar o recortar del conjunto de la realidad social para su análisis y mejor comprensión. Aunque son  abundantes en conceptos y exposiciones, no es lo cultural y su mayor o menor conocimiento lo que se persigue en esos debates. Solo se pretende marcar y destacar el lugar en la escala social que ocupa tal o cual persona.
El arte y sus manifestaciones se han desnaturalizado en su deriva moralizante, que indica el mayor o menor grado de evolución en la escala social. Se trata de una argucia de quienes ejercen poder dentro de esa sociedad. La diferencia la marca la evolución, el pensamiento, el conocimiento, y no el dinero o la propiedad material.  Pero también hay quienes hacen méritos para formar parte de ese círculo. Son los eruditos, solventes auxiliares de la propiedad. Son esos personajes que, si no tienen solvencia ni pueden conseguirla en lo que les queda de vida, entonces preparan su erudición enciclopédica para acceder al “Olimpo” del selecto grupo de privilegios.
En suma… Es una estrategia para marcar diferencias, estigmatizar al otro y verse a sí mismo como superior, en un escalón donde la palabra “Arriba” significa “Superior” en la evolución humana. En suma… Es una estrategia de la mezquindad. Es un abalorio social que utilizan los que nunca podrán comprender la profundidad del alma humana. Ahí donde se fabrica la cultura.
 San Telmo, 13 de enero de 2018.


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Imagen de autor desconocido tomada de Pinterest

viernes, 24 de agosto de 2018

*/ LA REALIDAD Y LA OTRA REALIDAD


Lo único que deberíamos saber de la realidad es que queremos otra realidad, que estamos dispuestos a verla, leerla y comprenderla, pero sobre todo a modificarla.
Lo único que debería gustarnos de la realidad es que podemos cambiarla, que siempre está ahí esperando que le metamos mano, que no la dejemos quieta, que no le permitamos respirar en paz.
Al fin y al cabo, lo mejor que puede tener la realidad es su acción para sorprendernos, mantenernos atentos y dispuestos a combatir con ella o abrazarnos un instante.
Si no fuera así, entonces no sería realidad, al menos nuestra realidad. Solo sería un instante cronológico, de sucesos muertos que solo se mencionan en la estadística histórica de unas vidas que no fueron vidas o no fueron vividas o no quisieron ser vividas.

San Telmo, 13 de enero de 2018.  

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Foto ©sarmiento-cms

lunes, 3 de julio de 2017

SER PADRE

A propósito de las celebraciones.

Los padres nunca pueden definirse a sí mismo por más que lo intenten. Porque definirse no es enumerar una sucesión de aciertos y equivocaciones. Eso es otra cosa. Ser Madre es distinto porque el nexo biológico simplifica muchas cosas, aunque a veces no sea suficiente y, en ocasiones, esconda muchos interrogantes. La condición de Padre es otra cosa. El hecho biológico se da por sentado, como una verdad revelada que no se discute, aunque se pueda dudar. Los hijos no tienen más remedio que admitir lo que la familia y los documentos de la burocracia del Estado dicen. Solo en la edad adulta, esos hijos tienen la posibilidad de interpelarse. Mientras tanto, eso de “Ser Padre” se define por el vínculo afectivo cotidiano, por la relación con la madre, por el ejercicio de autoridad, por las características de la protección que cada niña o niño perciben.

Hay muchas formas de “Ser Padre”. Tantas como hijos haya. “Ser Padre” es más una cuestión cultural que biológica. Al fin y al cabo, los hijos no estuvieron en el momento en que el Padre hacía su aporte biológico. Por lo tanto, no están en condiciones de afirmarlo. Pueden creerlo, pero no pueden afirmarlo. A partir de aquí, la relación entre el Padre y el Hijo o Hija ya no es cuestión de un mandato de la especie, sino una construcción en la que ambos son arquitectos. Y es solo entre ellos que se da la simbiosis que determinará la relación y definirá el concepto. Por eso, dentro de una misma familia, hay tantos padres como hijos tenga el grupo. La relación es personal con cada uno de ellos.

Cuando se es Padre, el día que empiezas a “Ser Padre”, nadie te entrega un tutorial con las indicaciones generales. Ni siquiera tienes a mano algún documento del tipo “Preguntas frecuentes”. 

El día que empiezas a “Ser Padre” tienes dos caminos. Uno es el de colocarte el traje de responsabilidad, que también trae los galones de autoridad y está decorado con los atributos de “guardián de la moral”. Desde los tiempos de la Biblia hasta hoy, a los padres debutantes se les dirá que los tiempos lisonjeros se acabaron para siempre, que el futuro es de sacrificio, y que su función principal y cuasi excluyente es la de ser “proveedor del pan y del fuego”. Pero al poco tiempo de ejercer el nuevo cargo, también aparecerá el otro camino. Es posible que tenga un cartel al comienzo que diga: “A partir de aquí, el futuro será lo que sepas construir. Tanto para ti como para tu hijo. Tienes toda la libertad para elegir el destino que quieras. No importan tanto los resultados, solo se tendrá en cuenta la decisión, el tesón y la fortaleza para andar por este camino”. Seguramente el cartel pude producir miedo, temor y hasta espanto. Pero eso siempre sucede ante la opción de libertad. Para este camino no es necesario ningún traje o uniforme. El ropaje y su contenido, solo depende de lo que un Padre pueda construir a partir de su imaginación y creatividad.

Estas disyuntivas se repiten con cada hijo o hija nueva. Aunque se piense que la experiencia expía las dudas, esto no es cierto. Porque cada vez que se vuelve a “Ser Padre”, el hombre se plantea las mismas preguntas. Y sus respuestas ya tienen el bagaje de su propia experiencia, debe considerar sus equivocaciones, debe someterse a su propio examen material, moral y afectivo. Cada hijo es diferente, porque con cada uno las preguntas son distintas y las respuestas son de una complejidad diversa, no exenta de soliloquios interminables.

Cada Hijo o Hija es un desafío nuevo. Ese desafío perfilará los bordes de ese Padre y su contenido. Ese Padre será distinto al otro, aunque la biología indique que esos hijos, genéticamente, vienen de la misma Madre. Para cada Hijo o Hija hay un Padre y para cada Padre hay una descendencia distinta aunque parecida o emparentada. Por eso, no es sencillo – tal vez imposible – definir qué es “Ser Padre. No existe una fórmula. No existirá. Y hasta el fin de los días, “Ser Padre” será un ejercicio de imaginación y creatividad que se debe ejecutar todos los días.

Quienes quieran “Ser Padres” están conminados al desafío. En caso contrario, pueden tomar por el atajo de la autoridad, someterse a la condición de proveedores del “pan y el fuego”. Esta es una ventaja que exime de debates, desafíos, interrogantes y aventuras emocionales y materiales. Se parece a simple vista con la idea precisa de “Ser Padre”. Pero no tiene nada que ver con “Ser Padre”.

Piensa, imagina, construye. A partir del instinto, fabrica con lo mejor de tu alma, tu formación y tus valores todo lo que desearías para vos y tus hijos. Mientras este ejercicio se ejecute diariamente, entonces es posible aproximarse a una definición de “Ser Padre”.

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Imagen: escultura en bronce de George Lundeen.