lunes, 25 de septiembre de 2017

DESAYUNO




¿Cómo será el día?  - Me pregunté al despertarme.
Tendrá sonrisa de Natalia – Respondí.  
Y desde ese momento me muevo entre las horas con cierta alegría interior, que solo se deja ver, de tanto en tanto, en alguna expresión festiva que aparece entre mis ojos y mi boca.
Digo para celebrar:
¡Buen día mujer inmensa! Alegre será el día.
Bienvenida sea la vida que solo tú puedes construir.

Por la tarde, recogeré el arrabio de los fuegos del día.
Al llegar la noche, al calor de tu cuerpo, dormiré inquieto.
Me desplazaré en el sueño.  Te recorreré.  
Me hundiré en tus ovillos. Reclamaré un lugar en el laberinto
Me pegaré a tu cuerpo, abrazaré tus cimas,
Me esconderé en tus sombras y te robaré la boca.
Te la devolveré a la salida del sol.                              
¡Y al amanecer…! Estaré atento, tendré vigilia.
¿Cómo será el día? Me preguntaré al despertarme.
Y será… Otra vez…
Como tu sonrisa.






© César Manuel Sarmiento
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San Telmo, 15 de septiembre de 2017

Imagen: César Manuel Sarmiento



domingo, 24 de septiembre de 2017

ESTAR EN NINGUNA PARTE



Y si no nos dijéramos nada. Si nos colocáramos de espalda y dejáramos la mirada perdida en ninguna parte. Si nos fuéramos el uno del otro a distancias desconocidas. Si nos fuéramos… Si finalmente decidiéramos no ser nada, no reconocer al otro, no vernos ni oírnos ni sentirnos de ninguna forma. Si finalmente decidiéramos que nuestra existencia es una falacia producto de la imaginación. Si acordáramos que imaginar es una aventura que nos ha llevado a estos abismos. Si no pensáramos el uno en el otro. Si no pensáramos… 

¿Cómo serían nuestros días? ¿Cómo sería la vida sin saber nada de ti, de tu existencia? ¿Cómo sería el mundo cuando se observa desde la nada, mirando a ninguna parte? ¿Cómo sería yo en ese laberinto sin surcos, calles, paredes, tabiques, muros ni recovecos? ¿Cómo es un laberinto sin ti? ¿Dónde están los descansos, los espacios de batallas, los lugares de preguntas, las habitaciones de respuestas, las sillas inquisidoras, las literas de penitencia, las mesas reflexivas, las sábanas de pensamientos fuertes y sentimientos extremos? ¿Dónde están los cuerpos? ¿Dónde está tu cuerpo?

La imaginación, que no tiene límites, te impone los límites cuando te aproximas a la locura, a los abismos ciegos sin sentido, a los caminos truncos con agujeros de angustia. La imaginación es la que me llama. Me despierta entonces. Y me dice que la vida sin ti no tiene sentido, es un enorme vacío que no conoce existencia. La vida así es un territorio falso que alberga nada. La vida así es ninguna parte, ningún lugar, ninguna vida. 

Buscarte, aunque más no sea en la memoria, es lo que le da sentido a todo lo conocido, a todo lo existente, a todo lo futuro. Hacer de ti un ovillo cálido de mensajes pasados, de promesas furtivas, de compromisos agudos, me devuelve la vida. Mientras espero, ese momento, en que recuperemos la mirada que dejamos olvidada en ese lugar, que ambos conocemos como “estar en ninguna parte”.




© César Manuel Sarmiento
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San Telmo, 20 de septiembre de 2017

Imagen: César Manuel Sarmiento



domingo, 10 de septiembre de 2017

BREVES REBELIONES

A veces me canso de ti. Solo a veces. A veces quisiera que fuera todo más vulgar, más intrascendente, sin música ni olores ni colores. A veces te detesto y a veces quiero creer que no me importas. A veces te coloco en la distancia precisa como para verte muy lejos, apenas una figura diminuta en medio de la llanura limpia, anodina, sin nada que la interrumpa, salvo esa figura pequeña en la que te he convertido. A veces me canso tanto de ti y hasta me canso de mí. Me harto de mí. Y es esa bruma ominosa la que también me provoca miedo. Me altera reconocer que estoy pensando a oscuras. Me inquietan las vacilaciones que me inducen a verte así. Me sobresalta el sentimiento anodino, la claudicación ante el fervor y la ausencia de tesón para ir a buscarte.

Cuando me canso de ti y te envío lejos, a ese punto extremo del horizonte de la llanura, también me voy al punto extremo de mis temores. Pido descanso. Me agota esa persistencia amorosa, desafiante, aventurera y venturosa. Quiero detener, silenciar, arrinconar, lo que provoca tu presencia. Quiero reparar mi armadura. Quiero protegerme de esa mirada que hace vibrar hasta las torres más firmas, más altas. En esos momentos, no quiero que me sonrías, no quiero que te acerques cuando recompongo mis ropas.

Quiero decirte que me estoy cosiendo el alma, pero no quiero decírtelo. No quiero decirte que te amo. ¡Estoy cansado de decirte que te amo! Quiero mirarte desde lejos. ¡Quiero que estés lejos, bien lejos! Pero no lo consigo.  Aunque me canse de ti, aunque pida no verte, aunque te silencie y no te mire, no puedo desprenderme de ti. Tal vez no me desprenda nunca de ti, de tu espíritu desafiante, y solo me quede el recurso de revelarme de vez en cuando.

Vanos esfuerzos. Inútiles y extensas batallas que retumban dentro de mí. En ese costado donde duele y no soporta que estés en alguna parte que no sea aquí.  



© César Manuel Sarmiento
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San Telmo, 2 de junio de 2017.

Imagen: César Manuel Sarmiento


BUSCAR EL POEMA, ENCONTRAR LA POESÍA

Un día me dijeron: “La poesía se inventó porque la vida no basta”. Me di cuenta que siempre había creído en ello sin saberlo. Porque a veces se cree sin saber. Se cree porque se cree. Se cree como una condición natural de la condición humana.

Pero te presentaste y cruzaste como una ráfaga todas las ideas, las  creencias, las condiciones naturales y no tan naturales. Te mezclaste, enredaste y terminaste invadiendo el sentimiento, el pensamiento y los impulsos más nobles y no tan nobles que un hombre pueda tener. Entonces comprendí que “La poesía se inventó porque no hay forma de nombrarte”.

Desde ese día, no hago más que: “escribirte, describirme, describirte, reescribirme, narrarnos, inventarme, descubrirte, sorprenderte, asombrarme, buscarte, desearte, encontrarte, amarte, amarnos, nacer, morir  y volver a nacer”.

Todo el tiempo estoy como un orfebre esculpiendo palabras, moldeando frases, impresiones y expresiones. Todo el día busco la poesía que pueda nombrarte. Es lo que hago. Es lo que haré. Y cuando no pueda nombrarte, entonces te escribiré y te describiré. Hasta que un día pueda encontrar la poesía que pueda nombrarte. 




© César Manuel Sarmiento
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San Telmo, 8 de septiembre de 2017.

Imagen de autor desconocido, tomada de Pinterest. Se agradece cualquier información para consignar la autoría.