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viernes, 10 de noviembre de 2017

TE NECESITO


¿Sabes una cosa?
Necesito que estés ahí.
Si no es así, entonces será como si el mundo se hubiera disuelto.

¿Sabes…? ¡Quiero que estés ahí! ¡Necesito que estés ahí!
Tengo que escribir. Debo escribir. Quiero escribir. Necesito escribir.

Si no estás, entonces todo será difícil. Los hombres, los hechos y las cosas aparecerán difusos. El universo se presentará denso, ominoso, tóxico, líquido. Sentiré que la luz ha sido estrangulada.

Si no estás, el día no será día. El amanecer languidecerá de espera. El sol no tendrá furia. No será amarillo. Tendrá un color óxido y rancio. Porque cuando tú no estás, el día se llena de nubes mensajeras, portadoras de adioses interminables. Y el horizonte se vuelve turbio.
Si no estás, las palabras no treparán por tus contornos, no harán cúspide en tu cuerpo.
¿Qué ocurrirá con los interrogantes? No jugarán en tu laberinto, no dormirán en tu espesura. Todo verbo necesita ese aire traslúcido que se desprende de tu mirada. De esa brisa que deja tu paso como bandada de vencejos y golondrinas. 

No me dejes sin aire, sin respiración.
No cierres las puertas del cielo con tu partida.
No apagues las ideas.
No abandones la metáfora, porque tú eres la metáfora, el sustantivo y el verso hecho mujer.

Si tú no estás, entonces no hay verbo que sostenga al mundo.
Entonces no habrá poeta y tampoco habrá poesía.

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© César Manuel Sarmiento
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San Telmo, 20 de septiembre de 2017


 Imagen de Antonio Mora

domingo, 10 de septiembre de 2017

BUSCAR EL POEMA, ENCONTRAR LA POESÍA

Un día me dijeron: “La poesía se inventó porque la vida no basta”. Me di cuenta que siempre había creído en ello sin saberlo. Porque a veces se cree sin saber. Se cree porque se cree. Se cree como una condición natural de la condición humana.

Pero te presentaste y cruzaste como una ráfaga todas las ideas, las  creencias, las condiciones naturales y no tan naturales. Te mezclaste, enredaste y terminaste invadiendo el sentimiento, el pensamiento y los impulsos más nobles y no tan nobles que un hombre pueda tener. Entonces comprendí que “La poesía se inventó porque no hay forma de nombrarte”.

Desde ese día, no hago más que: “escribirte, describirme, describirte, reescribirme, narrarnos, inventarme, descubrirte, sorprenderte, asombrarme, buscarte, desearte, encontrarte, amarte, amarnos, nacer, morir  y volver a nacer”.

Todo el tiempo estoy como un orfebre esculpiendo palabras, moldeando frases, impresiones y expresiones. Todo el día busco la poesía que pueda nombrarte. Es lo que hago. Es lo que haré. Y cuando no pueda nombrarte, entonces te escribiré y te describiré. Hasta que un día pueda encontrar la poesía que pueda nombrarte. 




© César Manuel Sarmiento
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San Telmo, 8 de septiembre de 2017.

Imagen de autor desconocido, tomada de Pinterest. Se agradece cualquier información para consignar la autoría.